La 39ª edición del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid volverá a llenar nuestra Comunidad con propuestas nacionales e internacionales de teatro, danza y performance, bajo el lema “el cuerpo como signo central de la existencia”. Presenta, además de las obras españolas, montajes procedentes de Bélgica, Grecia, Argentina, Italia, Líbano, Chile, Francia y Reino Unido. Hablamos con Alberto Conejero, su director artístico.

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-¿Por qué has elegido “el cuerpo” como centro o motor sobre el que gira la programación de este año?
Porque la pandemia nos ha hecho recordar todo lo que puede un cuerpo: la elocuencia de su presencia o de su ausencia, su fragilidad y su potencia. Venimos de meses en los que, forzosamente, hemos tenido que renunciar a rituales de reunión, como la experiencia escénica, que
son un reservorio de la humanidad. Por eso hemos puesto el cuerpo en el centro de esta edición del Festival de Otoño.

 

-¿Cuáles son los principales criterios que has seguido este año para elegir la programación de este Festival de Otoño con muchas menos restricciones que el del año pasado?
El Festival de Otoño es una celebración de la diversidad de lenguajes escénicos. Sitúa en el centro de la programación la creación que en otros teatros ocupa un lugar marginal o incluso excéntrico en sus temporadas. Es un festival volcado en la creación híbrida, en el teatro físico o de objetos, sin renunciar a la potencia de la palabra en escena, pero sin concederle ninguna primacía. Es un Festival abierto al mundo.

-Si tuvieras que definir este Festival de Otoño con cinco sustantivos, ¿cuáles serían?
Serían celebración, cuerpo, espíritu, tiempo y esperanza.

-También has comentado que “dentro de la programación hay una línea clara en torno a la herencia y el tiempo…” ¿Qué piezas se centran en esta línea?
La pandemia nos ha recordado que somos la suma de presencias y desapariciones. El tiempo es un incendio voraz y vamos salvando lo que podemos a su paso. Y lo que salvamos o dejamos arder, nos define como colectivo. Muchos creadores han vuelto su mirada a la herencia para tratar de imaginar un legado: «Transverse Orientation» de Dimitris Papaioannou, la exploración del flamenco de Angélica Liddell en «Terebrante», la refección contemporánea de dos mitos griegos en «Antígona en Molenbeek + Tiresias» de Guy Cassiers, el teatro documento de la argentina Lorena Vega en «Imprenteros» o la exploración del universo de Dante por Teatro delle Albe.

 

-Y hay montajes que hablan de las amenazas de nuestra era como los totalitarismos, la precariedad laboral, la crisis climática…

Como «Bros» de Romeo Castellucci, «Fairfly» de La Calórica, «Tú amarás» de Bonobo, «¿Cómo hemos llegado hasta aquí?» de Andrea Jiménez y «Jinete último reino Frag 1″ de María Salgado y Fran Cabeza de Vaca. Son piezas que abordan esos peligros.

-¿De qué forma animarías a los jóvenes de toda la Comunidad de Madrid para que se acerquen a los Teatros a ver alguno/s de los montajes que hay programados?
Cuando el teatro acontece como tal, entrega algo que no se encuentra en ningún otro lado. Parece una afirmación sencilla, incluso simple, pero esconde una vivencia radical. El Festival de Otoño es una celebración de esa singularidad. ¡Ojalá que la vivan y luego tomen sus decisiones!.

-¿En qué va a consistir la muestra del festival BE Festival que se presenta en el Teatro de la Abadía?
Es una selección de tres piezas (de Claudia Catarzi, Hannah de Meyer y Lescas / Voutsas) que dan cuenta del espíritu de los diez primeros años de este festival. Una celebración de sus logros cumplidos y de los que están por llegar.

-¿Qué destacarías de las dos obras familiares que hay este año en la programación?
Dos maravillas que nos llegan de Francia y el Líbano de dos colectivos: AÏE, AÏE, AÏE (con la obra «Mi cierva y mi conejo») y Kharaba («Geología de una fábula»), respectivamente. Las dos son obras para todo tipo de espectadores. Son dos joyas del teatro de objetos que fascinarán a los más jóvenes y a los que ya no lo somos tanto… Piezas de un teatro visual y vivísimo.

-¿Cómo definirías la actividad “Pictura Fulgens”?
Es un encuentro de cuerpo, poesía y pintura. Seis poetas jóvenes que detonan un poema al calor de un cuadro. Es contagio por contacto, de quiebra de la historicidad. Este año es el segundo Pictura y lo celebramos en el Museo Thyssen Bornemisza con seis enormes poetas: Berta García Faet, Mario Obrero, Juan Gallego Benot, Cristian Alcaraz, Raquel Vázquez y Carla Nyman.
Del 11 al 28 de noviembre. Más información en 39º Festival de Otoño | Comunidad de Madrid