Es una de las integrantes (junto a Ramón Paso e Inés Kerzán) de la compañía Paso Azorín Teatro. Como actriz representará este mes de Febrero muchos personajes muy diferentes en cuatro montajes muy distintos. Sobre ellos hablamos con la polifacética actriz. 

-Preséntanos a los distintos personajes que interpretas en cada función: ¿Cómo es cada uno?

Cecily Cardew (de “La importancia de llamarse Ernesto”) es una chica autosuficiente, tanto que, para vivir su historia de amor, no necesita ni al chico: ella ha decidido, punto por punto, cómo es su relación incluso antes de conocerle. Susana, (de “El móvil”) dentro del grupo de amigas sobre el cual se desarrolla la función, ha adoptado un poco el rol de madre. Es la que siempre sabe lo que hay que hacer y lo que hay que decir, pero falla mucho en el “cómo” se dice. Linda Christie (de “Sueños de un seductor”) es una romántica por naturaleza, con cierta adicción a los tranquilizantes, lo cual la convierte a veces en una bomba de relojería a punto de estallar. Es una mujer de la que es muy difícil no enamorarse. Y en “La ramera de Babilonia” interpreto muchos personajes. Desde una de las chicas que forma parte del hilo principal, sin pelos en la lengua y con la verdad por delante, a Lilith, la primera mujer de Adán, o a “Chusa”, la hija de Dios.

– ¿Qué relación mantiene cada uno con el resto de los personajes?

Cecily está enamorada de uno de los “Ernestos” y es la pupila del “otro Ernesto” (cuando uno ve o lee la obra, se entiende). Es un personaje que contribuye muchísimo al enredo de la función. Susana forma parte del grupo de las cuatro amigas de ”El móvil”, y es, quizá, la más madura y la que más sabe ayudar a las demás. Linda está enamorada de su marido (Dick), pero termina sintiéndose atraída por el mejor amigo de su marido (Allan). Y en “La ramera de Babilonia” depende de cada escena porque son muchos personajes.

 

– ¿Cómo consigues “no volverte loca” interpretando a tantos personajes tan distintos el uno del otro cada semana?

Gracias a unos textos donde los personajes están maravillosamente definidos, y a un proceso de ensayos donde, con la ayuda de Ramón Paso (el director), se crean personajes con mucha entidad. La colaboración director-actor para mí es imprescindible, porque si no, no podría llegar al resultado que se necesita. También es cierto que, en nuestro caso, donde muchas veces tenemos dos funciones de dos montajes diferentes con apenas media hora de separación, juega muchísimo la capacidad de concentración y, sobre todo, el ceñirse al montaje.

 

 

– ¿Qué crees que diferencia a vuestra compañía PasoAzorín Teatro de otras?

Que somos muy, muy trabajadores. No paramos de trabajar pase lo que pase. Fuimos una de las primeras compañías en España que volvió a los escenarios después del confinamiento, en julio, y a pesar de todas las dificultades que ha habido durante estos últimos meses, que son muchas, no ha habido una semana en la que no hayamos tenido funciones. Ahora mismo, por ejemplo, tenemos cuatro funciones programadas al mismo tiempo, con gran parte del equipo repitiendo en las cuatro (Inés Kerzan, Ángela Peirat y yo en escena, y parte del equipo artístico fuera de escena), no sé cuántas compañías más hacen eso.

 

– Resúmeles a los espectadores lo que narran y de qué temas principales hablan vuestras cuatro funciones…

“La importancia de llamarse Ernesto” es una comedia de enredo brillante, llena de dobles sentidos y juegos de palabras, que habla sobre la hipocresía de la sociedad y las falsas apariencias. “El móvil” es la historia de cuatro amigas (y una hermana boba) que tienen que poner a prueba su amistad por culpa de una infidelidad y unas bragas doradas de un concierto de los Hombres G. “La ramera de Babilonia” es un “cabaret religioso” que aborda cómo la Iglesia, a lo largo de la Historia, ha relegado a la mujer a un segundo plano, siempre por debajo del hombre. Con mucho cachondeo y con mucha verdad, que suele ser lo que más molesta. Y “Sueños de un seductor” creo que es la comedia romántica por excelencia. Un chico quiere encontrar pareja. La mujer de su mejor amigo le consigue varias citas, pero ninguna funciona. Y en el proceso, ambos se enamoran. Además, habla sobre la importancia de ser uno mismo, y no intentar imitar a los demás.

– ¿Cuáles crees que son las claves para que vuestras obras sigan en cartelera durante tanto tiempo?

Que cuidamos mucho los montajes, los hacemos con mucho mimo, y eso, al final, el público lo nota. Partimos de unos textos con muchísima calidad (tanto los originales de Ramón como sus versiones), una dirección que cuida los detalles, priorizamos la interpretación, la palabra, por encima de los artificios… Buscamos la excelencia en todos nuestros montajes, da igual el formato que tengan, y somos capaces de estar haciendo un “Drácula” en la Sala Guirau del Fernán Gómez y, al mismo tiempo, una obra que habla sobre las dificultades de los artistas en la Sala Lola Membrives del Teatro Lara. Y ambos montajes son cuidados por igual. Además, tenemos la inmensa suerte de empezar a tener espectadores fieles, gente que viene a ver una función nuestra y, como le gusta, en cuanto ve que tenemos algo más programado, vienen también a verlo. Y eso es lo más bonito que te puede pasar.

– ¿Actualmente es imprescindible autoproducir para poder interpretar los personajes que quieres llevar a escena?

Pues yo te diría que sí. Más que para interpreter ciertos personajes en sí, para poder contar las historias que queremos contar. Hay ideas que muchos productores van a rechazar de salida por salirse de “lo común” y que, sin embargo, pueden ser grandes éxitos. En nuestro caso, apostamos por nuestras ideas, siempre teniendo en cuenta el espacio al que van. Y, de momento, estamos contentos con el camino andado hasta aquí.

– ¿Crees que estas funciones interesan a la gente joven? ¿Por qué?

Creo que interesan a la gente joven y a la gente adulta, porque hablamos de temas con los que se pueden sentir identificados, y lo hacemos con mucha sinceridad. Además, ahora mismo tenemos mucho donde elegir. Y, por otro lado, en este momento todo lo que tenemos en cartel son comedias, y la gente agradece muchísimo reírse en estos tiempos tan convulsos. Y así nos lo hacen saber.

– ¿Por qué es necesario que acudan los jóvenes a las salas de Teatro? ¿Qué les puede aportar, según tu opinión?

Porque el teatro, la cultura en general, hace que tu mente se abra, que conozcas otras ideas, otras formas de pensar, de hacer, de sentir. Lo mismo pasa con la literatura, la pintura, la danza… Cualquier movimiento artístico es importante. La cultura te da libertad, te ayuda a tener ideas propias, a ser menos influenciable, a madurar, a tomar tus propias decisiones. Y eso es importante y necesario. Una sociedad culta es una sociedad libre.

Paso Azorín Teatro comenzó su andadura en Diciembre de 2012 con la obra Todo el mundo lo hace en El Montacargas. Y en el 2014 entró Inés Kerzán como actriz y poco tiempo después lo hizo como productora. Desde 2015 representan sus montajes en el Teatro Lara. En él siguen. www.teatrolara.com