Las niñas de Cádiz representan de nuevo en Madrid esta divertida y exitosa función escrita, dirigida y protagonizada por Ana López Segovia. Con ella hablamos. 

-En la presentación de esta función comentas que: “Nosotras nos traemos a Fedra y Medea al sur del sur, a Cádiz, y las convertimos en “seres grises”…

En casi todos nuestros espectáculos nos gusta hablar de seres normales, del siglo XXI, de nuestro entorno. Seres que podrían ser nuestra vecina, nuestra prima, un amigo, y que, en determinadas circunstancias, bajo cierta presión, adquieren súbitamente el rango de héroes y heroínas trágicos. Me interesa mucho buscar la dimensión mítica dentro de la realidad cotidiana, cómo se puede pasar de lo anecdótico y simple a algo grandioso, épico, trágico. Y todo ello con humor, porque venimos de donde venimos, de ahí la presencia de Cádiz como un recurso estético, un escenario mágico, una especie de Macondo andaluz.

-¿Cuáles son los personajes que interpretáis cada una?

Las protagonistas son Vero y Mariola, dos amigas de la infancia, interpretadas por Alejandra López y Teresa Quintero, respectivamente. Una con una vida plena y feliz y la otra con una vida triste y llena de desgracias. El sentimiento de culpa de la primera la llevará a retar a la divinidad y a exigir algo de buena suerte para su amiga. Se cambian las tornas, y esto hace que se desencadene la tragedia. Pero claro, una tragedia atravesada de punta a punta por la carcajada.

Rocío Segovia y yo interpretamos al resto de los personajes: el coro de vecinas, Juandedios y Juandesito, marido e hijo de Vero, la prima de Vero, el coro de pájaros…

-¿Están los grandes temas de la tragedia clásica presentes?

Sí. Hablamos del destino, la suerte, la relación de la heroína con la divinidad, el reto a la divinidad, los amores prohibidos, los celos, el despecho, la venganza. Están el coro como espectador y comentador de la suerte de la heroína y el mensajero que llega con las malas noticias.

-También comentas: “nos preguntamos: ¿Cómo haríamos nosotras una tragedia? ¿Cómo resonarían esos mitos clásicos enmarcados en nuestro paisaje, narrados con nuestro acento? ¿Cómo es una tragedia en Cádiz?”…

Después de llevar a escena “Lysístrata” nos preguntamos: “Sí, ya sabemos cómo hacemos una comedia, pero ¿y una tragedia? ¿Cómo la enfocaríamos Las Niñas de Cádiz?”. Se trata de introducir elementos cómicos dentro de lo terrible y doloroso, algo de lo que sabemos mucho en Cádiz. El humor como recurso de supervivencia. Somos incapaces de hablar de algo, por muy dramático que sea, sin adoptar, al menos por momentos, una perspectiva humorística. En “El viento es salvaje” pasan cosas realmente trágicas, y esa tensión está en el aire, el público lo percibe y lo vive, pero, a la vez, se sorprende a sí mismo soltando una carcajada. Jugamos con los extremos durante todo el espectáculo. Resulta apasionante para nosotras como actrices, para mí como dramaturga y directora y creemos que también para el público.

-¿Qué tipo de versos recitáis o cantáis en escena?

Utilizamos versos de origen popular como el romance. También versos procedentes de nuestra tradición carnavalesca, junto con otros como el soneto, la lira, el terceto, la décima… Es una función muy ágil por esta mezcla, muy dinámica. Luego, por supuesto, introducimos canciones, cantadas a capella.

-¿Qué papel juega el viento de Levante en escena?

Es una especie de divinidad que influye en el comportamiento de los personajes. En la vida real pasa, con el levante, la tramontana… Estos vientos que enloquecen, que modifican incluso los sentimientos de las personas… Nosotras lo llevamos al extremo, hasta el punto de que es uno de los desencadenantes de la tragedia. El viento de levante tiene algo de personaje de realismo mágico…

-Una de tus estrofas favoritas de este texto en verso es…

“Que la mano me tembló

nunca se dirá de mí.

Soy generosa, gentil,

y noble de condición.

Pero si hay una traición

el corazón se me invierte.

Mi orgullo siempre es más fuerte

y no conoce el perdón.

Al amigo, el corazón.

Al enemigo, la muerte”.

 

Y añade: “Estamos muy ilusionadas con volver a Madrid, y más a un teatro como el Infanta Isabel. Tenemos una relación preciosa con el público madrileño y estamos seguras de que vamos a disfrutarlo mucho. Creemos que éste va a ser el principio de una etapa con una presencia más continuada en Madrid, ciudad que adoramos, en la que vivimos desde hace muchos años…” Retratos de Javier Naval. Desde el 19 de abrilTeatro Infanta Isabel.