En el bar del hotel Roma, en la ciudad de Turín, una periodista habla con la redacción de su periódico mientras espera que aparezcan dos personas para hacer una entrevista de gran importancia. Entre las sombras aparece el primero de ellos. Se trata de PRIMO LEVI (Juan Carlos Villanueva), escritor de reconocimiento mundial, químico de profesión, y superviviente del campo de exterminio de Auschwitz. Levi viene a ser “testigo” de la entrevista que ANNA (María Morales), la periodista, va a mantener con MAURICE ROSSEL (Antonio de la Torre), de nacionalidad suiza, antiguo miembro de la Cruz Roja Internacional durante la Segunda Guerra Mundial. Así se inicia la historia de esta función basada en el texto de Felipe Vega que ha dirigido Manuel Martín Cuenca. Hablamos con ANTONIO DE LA TORRE.

-Dice Manuel Martín Cuenca que el personaje de Rossel abre “un sinfín de preguntas y contradicciones sobre el papel de la memoria. Rossel dice no haber visto y no podemos saber si es que realmente no vio, no quiso ver o, quizás, se limitó a no ver”, ¿estás de acuerdo?
Maurice Rossel es el enigmático jefe de la delegación de la Cruz Roja que tenía 24 o 25 años en su visita a Auschwitz. Se convertiría en un símbolo de la gente que miró hacia otro lado después de visitar el campo donde estuvo Primo Levi y por no apreciar rastros del genocidio. Recuperamos a este personaje en una época posterior y, a través de la entrevista de Anna, va reflexionando sobre lo que vivió. Quizás ni el propio Rossell lo sabía. No sabía si lo vió o no. La realidad es un punto de vista. Lo que ocurrió o ya pasó, ya no existe.

-La obra confronta las experiencias del escritor Primo Levi y de Maurice Rossel en el campo de exterminio de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial… ¿Qué más les contarías a los espectadores sobre la historia de “Un hombre de paso”?
Es una función muy emocionante en la que nos debemos ver reflejados y espero que los espectadores de la función vean a tres personas como cualquiera de nosotros. Y que el espectador se vea con ellos en el escenario. Si el mayor crimen de la Humanidad fue posible es porque millones de personas como nosotros miraron para otro lado.

-“Un hombre de paso” le plantea al espectador preguntas como “¿Qué podemos recordar y por qué lo hacemos? ¿Cuál es el papel de la memoria? ¿Por qué las personas buenas miran para otro lado ante situaciones de indecencia moral?…
Sí. Así es. Sin duda.

-Regresas a los escenarios después de casi una década de ausencia, ¿qué tiene esta función para que no hayas podido rechazar el interpretarlo?
Que lo dirige Manuel Martín Cuenca. Su forma de trabajar te obliga a buscar, a probar, a jugar… A estar viviendo el momento actual. Intenta darte siempre libertad y juego en el escenario. Y eso es irrechazable.

-La función habla sobre hechos de nuestra reciente Historia del siglo XX. ¿Qué les puede aportar lo que nos narra a los jóvenes de la actualidad?
La Historia es cíclica. Puede volver a ocurrir. Cualquier obra que hable de un tiempo pasado también habla del presente. Y esa es la mejor motivación para los jóvenes de ahora porque son “los mismos” de hace 70 o 100 años.

-Respecto a la escenografía, Manuel Martín comenta que: “En esta obra el espacio es el negro y la luz. Nada de un decorado costumbrista o pseudorealista. Todo lo que imagino tiene que ver con abstracción”…
Es importante que haya elegido una escenografía sencilla. Cuando pasa algo poderoso en el escenario y hay vida y emoción, el resto de los elementos te pueden empujar a una abstracción o a un juego. Y tienen ese valor. Fotografías de Belén Vargas.