La Compañía Nacional de Teatro Clásico presenta una versión de la obra de Lope de Vega dirigida por Lluís Homar (también director de la Compañía). En el escenario un gran elenco formado por Israel Elejalde, María Besant, Arturo Querejeta, Verónica Ronda, Ignacio Jiménez, Aisa Pérez, Eva Trancón, Montse Díez, Silvia Acosta, Miguel Huertas, José Ramón Iglesias, Álvaro de Juan, Jorge Merino y Francisco Pozo. La Compañía Nacional de Teatro Clásico y Lluís Homar comentan sobre esta obra que “Lope de Vega nos regala una de las reflexiones más fascinantes sobre la verdad en la vida y en los escenarios que ha producido el teatro de todos los tiempos…” Hablamos con ARTURO QUEREJETA.

-Preséntanos al emperador Diocleciano, tu personaje…
Diocleciano es el emperador que vendrá a instaurar la “tetrarquía” o la división del Imperio entre cuatro Césares para, de este modo, sofocar las peleas que siempre estaban presentes en la lucha por el poder. De procedencia humilde, es hijo de esclavo, se postula como César después de matar al cónsul Apro, cumpliendo así el agüero que le vaticinó Camila, y es aupado al laurel gracias a sus compañeros. Quiere el buen gobierno para el pueblo, su tranquilidad y prosperidad, subsanando todos los errores de los Césares anteriores. Al final también veremos que hará prevalecer la ley condenando a muerte a Ginés, como razón de estado, al descubrir que de verdad se ha hecho cristiano enfrentándose así a los Dioses romanos. Hombre hecho a sí mismo que sueña con llegar a César y cambiar las cosas, el destino propio y el de los demás.

-En la presentación de la función se dice que “Las tres jornadas de la obra nos proponen una fascinante reflexión sobre el destino y sus aparentes arbitrariedades. El fingimiento al que obliga el arte teatral podrá convertirse en un viaje hacia la verdad, sea cual sea la forma en que queramos identificarla…”
Gira sobre todo alrededor de las grandes preguntas del Barroco. El destino, el libre albedrío, cómo podemos influir en ello, cómo la fortuna favorece a unos y perjudica a otros, sin miramiento alguno, y cómo tambien hay que estar a la altura de las circunstancias. Todo esto a través de ese juego de “teatro dentro del teatro” en el que Ginés nos irá desgranando la capacidad del Arte escénico para descubrir “la verdad”, imprescindible para que la representación tenga la altura debida. Todos venimos a este mundo a representar un papel y debemos conocer en profundidad la condición humana para representarlo bien.

«En esta función se nos habla del amor en sus dos vertientes. De la crueldad del desamor y de la grandeza del amor sin reservas»

-La acción se inicia con las muertes del emperador Aurelio Caro y de sus dos hijos, el justo Numeriano y el disoluto Carino. Los soldados proclaman como César a Diocleciano. Estando en Roma, Diocleciano le pide a Ginés que represente una comedia… ¿Qué más le contarías a los espectadores sobre lo que nos narra esta función?
La acción se sigue desarrollando en una serie de situaciones “metateatrales”, de “teatro dentro del teatro”, en la que se confundirán lo escrito y preparado por Ginés para ser representado delante del César y los conflictos reales que suceden dentro de la propia compañía. Esto es, entre lo fingido y lo verdadero. Posteriormente, mientras Ginés prepara la representación de un cristiano bautizado, se le aparece de verdad un ángel que le convertirá al cristianismo. Al ser descubierto esto último por Diocleciano y darse cuenta de que no forma parte de la representación sino de la vida real condena a muerte a Ginés. El resto de la Compañía sale de Roma desterrada.

«Todos venimos a este mundo a representar un papel y debemos conocer en profundidad la condición humana para representarlo bien…»

-Completa esta frase: “En esta función se habla sobre la capacidad que tiene el Teatro como lugar para…”
El planteamiento de las grandes preguntas que la humanidad se ha hecho desde que el mundo es mundo. ¿Cuál es el sentido de nuestra vida?. Porque un día tendremos que desaparecer y, entre tanto, cómo gestionamos el amor, los celos, el poder, la ambición, los sueños, los deseos, las frustraciones. . . Debatir todo eso, dar la mayor información al respecto, crear dudas, nuevas maneras de afrontar la realidad y después que el público decida.

-¿De qué otros temas principales nos habla esta función?
El amor en sus dos vertientes: Por un lado, el amor frustrado de Ginés por Marcela, el desprecio de ésta hacia sus sentimientos puesto que está enamorada de otro hombre y los celos consiguientes por parte de Ginés que le harán expresarlos de la manera más bella, poética y dolorosa. Y, por otro, el amor generoso, honesto, limpio y admirable que siente Camila por Diocleciano que hará que éste cambie su concepción del mundo hasta ese momento. La crueldad del desamor y la grandeza del amor sin reservas.

-¿Qué destacarías de la puesta en escena y de los elementos escenográficos?
Todos los elementos, escenografía, iluminación, vestuario y por supuesto la interpretación van en la misma dirección: conseguir con los mínimos elementos la atmósfera necesaria para que el verso, “la palabra” sea la principal protagonista. Un escenario desnudo pero que siempre orienta al espectador, unas luces que realzan por momentos la acción, un vestuario que sugiere; todo eso, aderezado por la búsqueda de un verso que llegue al espectador de la manera más natural, sencillo, claro, diáfano, despojado de todo “artificio”. Esa ha sido la gran apuesta de Lluís Homar en la que todos nos sentimos partícipes.
Hasta el 27 de Marzo. Teatro de la Comedia. Más información en LO FINGIDO VERDADERO (entradasinaem.es)