Hace cuatro años se estrenaba “Los Gondra (una historia vasca)”, un viaje emotivo a través de 100 años de la historia de una familia vasca con la que su autor fue galardonado con el Premio Max a la Mejor Autoría Dramática. Posteriormente se estrenó “Los otros Gondra (relato vasco)”, obra que obtuvo el Premio Lope de Vega de Teatro 2017 y que nace de la pregunta con la que finalizaba aquella: “¿Podremos olvidar ahora?”, una cuestión que tratan de resolver los personajes de la función. Y ahora se estrena “Los últimos Gondra (memorias vascas)”, la tercera parte de la trilogía. Las tres obras, dirigidas por Josep María Mestres, se podrán ver en la sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán. Charlamos con BORJA ORTIZ DE GONDRA, su autor, sobre estas obras. También actúa en las funciones.

-A lo largo de las tres obras de esta trilogía le narráis al público un viaje emotivo a través de más de un siglo de una familia vasca. Las dos primeras, que ahora se reponen, ganaron diversos premios. ¿Qué narran?

En “Los Gondra (una historia vasca)” contamos la historia de esa familia desde el siglo XIX, y las heridas que iban abriendo cíclicamente las violencias que se iban sucediendo. En “Los otros Gondra (relato vasco)” nos situamos a día de hoy para preguntarnos cómo se podría llegar al perdón o al olvido.

-¿Y en “Los últimos Gondra (memorias vascas)”, la nueva obra que vais a estrenar este mes?

En ésta nos interrogamos sobre qué memoria quedará de todo aquello cuando ya no estemos ninguno de los que lo vivimos.

¿Qué harán nuestros descendientes con todo aquel dolor cuando hayan pasado los años?. ¿Cómo contarán ese mundo que ellos no conocieron?.

Por primera vez, aparece una cierta comicidad preguntándonos ¿cuándo comenzaremos a poder mirar con ironía algo que todavía duele?.

«La trilogía está recorrida por cuatro temas que se van entrelazando: la memoria, la culpa, el perdón y la justicia…»

-¿Cuáles son las preguntas básicas sobre las que se basa esta trilogía?

¿Recordar el pasado perpetúa la memoria de las heridas? ¿Es mejor olvidar y dejar que el tiempo lo cure todo? ¿Cuándo se puede pasar página? ¿Es necesario el perdón? ¿Quién lo puede conceder? ¿Se transmiten las culpas de los padres a los hijos? ¿Cómo harán las siguientes generaciones para vivir sin el lastre de la violencia? ¿Aprenderán a vivir juntos sin pretender que desaparezca el que es distinto? ¿Qué es ser un buen hijo y honrar la memoria del padre?

-Tu personaje es el “maestro de ceremonias” de las funciones y su vértebra, ¿cómo le describirías?

Es un escritor que se podría confundir conmigo. Alguien que trata de indagar continuamente sobre los motivos por los que sus antepasados fueron incapaces de vivir juntos y se topa siempre con el rechazo de unos y de otros a revivir un pasado que aún les duele. Cree que la ficción les ayudará a superar las heridas, aunque termina por preguntarse si en realidad no está echándoles sal.

-¿Cómo va evolucionando en cada una de las funciones?

En “Los Gondra” vemos que, ante la negativa radical de su familia a que cuente su historia, Borja se ve obligado a inventar la de una familia paralela, los Arsuaga. En “Los otros Gondra” los expone con su verdadero apellido, pretendiendo que ellos mismos cuenten su dolor en escena. En “Los últimos Gondra” imagina o sueña lo que ocurrirá cuando él ya no esté y sus propios hijos tengan que tomar las decisiones que él no supo tomar.

Algunos de los actores que llevarán a escena esta trilogía son Joaquín Notario, Cecilia Solaguren, Sonsoles Benedicto, Pepa Pedroche, Antonio Medina, Markos Marín, Ylenia Baglietto, Lander Otaola, Fenda Drame y José Tomé, entre otros.

-¿De qué temas principales pretendes hablar con estas obras a los espectadores?

La trilogía está recorrida por cuatro temas que se van entrelazando: la memoria, la culpa, el perdón y la justicia. Sin memoria no habrá justicia, pero al mismo tiempo, es necesaria una cierta medida de olvido, porque si no, la sangre no se secará nunca y seguirá perpetuándose el recuerdo de la afrenta. Sin olvido, la generación siguiente heredará la culpa de los padres; pero para que ese olvido sea sanador, es preciso que el ofensor asuma su culpa y haga algo para obtener el perdón.

-Las tres obras transcurren en un espacio escénico similar, creado por Clara Notari, que es un frontón

El frontón de los Gondra es una metáfora de ese mundo en el que se pintan amenazas, se juegan fortunas, se disputan partidos de cesta punta que cambian la historia, se sufren palizas en la noche, se bailan romerías… En cada función ese mismo espacio se puede transformar en el salón de una casona, la cocina de un caserío, un cementerio, el atrio de una iglesia o una playa. Es la imaginación del espectador la que va creando los distintos ámbitos, apoyándose en unas sugerencias mínimas. Es un espacio mental, que traduce lo que Borja va imaginando al tiempo que lo escribe.

– El espectador debe indagar sobre “si lo que está viendo es lo que ocurrió o lo que el autor imagina que pudo ocurrir”; ¿sobre qué más debe preguntarse el espectador?

Simplemente debe dejarse llevar por una historia que se va entretejiendo a lo largo de más de cien años, desde mediados del XIX hasta mañana mismo, e ir descubriendo al mismo tiempo que el escritor que la está escribiendo, Borja, los secretos que se van revelando y que explican de dónde viene la imposibilidad de que vivan juntos y en paz “quienes hablan distinto, quienes aman distinto, quienes piensan distinto”.

-Es el sexto espectáculo que haces con el director Josep María Mestres. ¿Por qué esa colaboración?

Porque hemos encontrado una forma de trabajar juntos basada en el diálogo y la confianza. Ambos creemos que el teatro es una labor de equipo, en la que todos cooperamos, sin personalismos, para crear el mejor espectáculo posible. Y somos muy fieles a la familia teatral que hemos ido creando. Muchos actores han ido repitiendo de una obra a otra, y hemos ido añadiendo otros colaboradores que ya son imprescindibles en el equipo: el compositor Iñaki Salvador, el coreógrafo Jon Maya Sein, la escenógrafa Clara Notari, el iluminador Juanjo Llorens, la diseñadora de vestuario Gabriela Salaverri o el diseñador de videoescena Álvaro Luna.

-En la Trilogía la música original de Iñaki Salvador y las coreografías y movimiento escénico de Jon Maya Sein son un componente esencial. ¿Por qué?

Porque los paisajes sonoros de Iñaki y los movimientos provenientes de la danza vasca de Jon traducen maravillosamente las pulsiones que están en todos los textos, a caballo entre la tradición ancestral y lo radicalmente contemporáneo. (Fotografías de Luz Soria, MarcosGPunto y Sergio Parra). Teatro Valle Inclán. Sala Francisco Nieva. Más información en Inicio – Centro Dramático Nacional (mcu.es)