El Teatro María Guerrero será el escenario de las obras escritas y dirigidas por Carolina África “Verano en Diciembre”  (20 y 27 de septiembre y 4 de octubre) y “Otoño en Abril” (del 16 de septiembre al 4 de octubre). También es una de las protagonistas de uno de los montajes. Con ella charlamos.

* Si tuvieras que presentarles a los espectadores la historia de “Verano en Diciembre” y de “Otoño en Abril”, su continuación, ¿ qué les dirías?

En Verano en diciembre van a asistir al viaje emocional y vital de una familia compuesta por varias generaciones de mujeres -con distintos sueños- que tienen como matriarca a una abuela octogenaria y que ansían disfrutar juntas de unas navidades inéditas y transformadoras lejos del frío invierno madrileño. Otoño en abril es en cierta manera otro viaje, quizá invertido, quizá más amargo, donde el paso del tiempo ha dado la bienvenida a nuevas generaciones pero pone de manifiesto nuevos conflictos y la necesidad de emprender otros caminos en solitario.

* ¿La historia de ambas obras es independiente? ¿Se pueden ver por separado? 

Por supuesto, cada obra tiene entidad propia y no es necesario en absoluto haber visto una para poder disfrutar o entender la otra. Son los mismos personajes, eso sí, pero en etapas distintas de sus vidas y aunque algunos conflictos siguen operando en ellas lo hacen con diferente intensidad y aparecen nuevos retos y vicisitudes a las que tienen que enfrentarse. El espectador que vea las dos funciones podrá dibujar un arco más completo de la vida de estas mujeres. Quiero puntualizar que en la ficción han transcurrido apenas cuatro meses entre las dos obras pero en la vida de la autora han pasado nueve años y muchas experiencias mías vitales se verán en cierto modo reflejadas en ambas historias.

* Háblanos del personaje al que das vida…

Yo encarno el personaje de Alicia en ambas funciones, aunque en esta ocasión en el María Guerrero será Beatriz Grimaldos quien interprete mi papel en Otoño en abril, ya que estoy esperando un bebé y en esta obra no voy a estar sobre las tablas. Las tres funciones de Verano en diciembre sí las interpretaré. Alicia es la segunda hija de esta familia compuesta por una madre y cuatro hermanas con personalidades muy distintas. Alicia es la artista -no especialmente valorada- de la familia, pintora, sin demasiado éxito, muy exigente y perfeccionista. Su carácter es fuerte pero con una alta sensibilidad, esta combinación le hace ser una bomba de relojería que explote en múltiples ocasiones, especialmente con su madre en “Verano” y con su hermana Carmen en “Otoño”.

En Otoño en abril veremos como esa autosuficiencia se ve resquebrajada por la experiencia de la maternidad que sacará a la luz muchas sombras y fantasmas a los que deberá enfrentarse.

* Has dicho que “lo que más diferencia a tus personajes es que son reconocibles por todos”…

Desde la escritura me gusta retratar con minuciosidad caracteres muy distintos, ahondar detalladamente en los pequeños matices de personalidad que dan verosimilitud a cada personaje haciéndolos genuinos y universales a la vez. En este caso, cada uno es un elemento identificable en un microcosmos reconocible dentro de cualquier familia.

Veremos roles establecidos -o impuestos por otros- pero llenos de contradicciones que claramente podemos detectar en nuestros propios hogares: una madre controladora pero amorosa, la hermana rebelde que esconde una gran vulnerabilidad, la cuidadora resignada con ansias de libertad, la despreocupada que silencia muchos miedos…

La sutileza de la que hablo exige una entrega muy grande por parte de las actrices para que el texto funcione, requiere de un gran trabajo de interpretación lleno de honestidad y verdad para ver el alma que hay debajo de las palabras que se dicen. Afortunadamente Pilar Manso, Laura Cortón, Paola Ceballos, Majo Moreno y Beatriz Grimaldos son oro puro.

* ¿Cuáles son las principales ventajas de protagonizar las obras que has escrito y dirigido?

La ventaja principal es que entiendo los mecanismos que llevan al personaje a hacer o decir cada cosa determinada porque han nacido en mi cabeza; los he odiado y querido, he sentido sus dolores, miedos y alegrías para escribirlos y he intuido los caminos necesarios para hacerlos vivir. La desventaja es que como actriz debo olvidarme de que soy la autora para encarnar las palabras fuera y lejos del papel escrito y “obedecer a la directora” que me pide “jugar con valentía para transitar la acción desde el cuerpo y no desde la cabeza”.

* ¿Qué has sentido los primeros días al volver a ensayar una obra que se va a volver a representar sobre un escenario, después de la pandemia?

He sentido una mezcla de emociones muy fuertes: la pandemia supuso un frenazo en seco de nuestra actividad que ha tenido consecuencias muy dolorosas para la compañía: Laura Cortón y yo hemos perdido gran parte de la inversión realizada para sacar adelante este espectáculo y nos hemos enfrentado a anulación de bolos de gira, ingresar cero euros durante meses y tener que decir adiós a nuestro espacio de creación al no poder afrontar el pago del alquiler. Han sido meses complicados porque a la vez entendíamos que lo más importante no era nuestra situación económica sino cuidarnos y cuidar a nuestros seres queridos. Ahora sentimos que la vida nos da una segunda oportunidad de reconstruir nuestro sueño de actuar en el María Guerrero y -con todas las medidas de seguridad- estamos trabajando duro, ensayando con muchísima ilusión y unas ganas inmensas de compartir nuestro trabajo con el público. Son tiempos difíciles y el teatro debe ser un bálsamo que -con garantías de seguridad- nos permita alimentar nuestras almas, ahora lo necesitamos más que nunca.

* Has declarado que en tu compañía La Belloch cuidáis los montajes y tenéis un sentimiento de compañía de repertorio, ¿ qué otros aspectos destacarías de ella?

El mercado de las artes escénicas parece solo demandar estrenos y hacer producciones nuevas cada año dejando obsoleto mucho trabajo que apenas ha tenido recorrido.

Nosotras apostamos por cuidar nuestros espectáculos y confiar en que su vida sea larga. Verano en diciembre es quizá el mejor ejemplo. Con ella hemos girado desde 2012, viajado por Argentina, Uruguay, Colombia, México, hemos ido a pueblitos de menos de 100 habitantes, grandes teatros, festivales al aire libre, salas alternativas y volvemos al Centro Dramático Nacional -como hicimos en 2016-.

Otro sello de nuestra compañía es apostar por dramaturgia nacional contemporánea, cocinar a fuego lento los espectáculos, crear elenco sin reclamos de grandes cabezas de cartel y remunerar con dignidad y legalidad cualquier trabajo o colaboración que se haga con nosotras. 

* ¿Qué supone para ti y tu compañía poder llevar a escena dos obras en un teatro del Centro Dramático Nacional?

Es un honor y una responsabilidad enormes que asumimos con respeto y valentía. Nos ha costado mucho llegar hasta aquí, llevamos casi diez años trabajando duro, apostando fuerte, invirtiendo esfuerzo, tiempo, ahorros y a veces hasta la salud. Pisar las tablas de la sala grande del María Guerrero es un sueño por cumplir y lo queremos vivir muy despiertas. Nos sentimos afortunadas y agradecidas.