La actriz protagoniza “Lorca, Vicenta”, una ficción sobre la madre del escritor Federico García Lorca dirigida por José Bornás. Está acompañada en el escenario por la pianista Cristina Presmanes. Un texto de Itziar Pascual, Yolanda Pallín y Jesús Laiz en el que se presenta a “una mujer con voluntad de hierro y pundonor” que nos ayudará a confrontar al Federico universal con el de carne y hueso. Es una coproducción de Apata Teatro y El Sol de York.

-¿Cómo ves tú a Vicenta, tu personaje, y madre de Federico García Lorca?
Diría que Vicenta en esta función es una mujer con voluntad de hierro. Con mucha voluntad y con pundonor. Nosotros hemos creado una Vicenta de ficción, no es absolutamente real.
Me da pudor enfrentarme a este personaje, pero también voy hacia él con ganas para aportar lo que yo pueda. Y me da cierto orgullo decir “voy a intentar acercarme a Vicenta Lorca Romero”.

 

-Si tuvieras que quedarte con dos frases que dice Vicenta, ¿cuáles serían?
Una frase muy significativa es: “La vida es la risa entre un rosario de muertes”. Y otra es de cuando ella está enseñando a las niñas en 1893. “Enseñar es como aprender. Atraviesa la vida para siempre”.

-“Mi madre, a quien yo adoro, es maestra. Dejó la escuela por las galas de labradora andaluza pues ha enseñado a leer a cientos de campesinos y ha leído en alta voz por las noches para todos, y no ha desmayado un momento en este amoroso afán por la cultura. Ella me ha formado a mí poéticamente y yo le debo todo lo que soy y lo que seré”, decía Federico García Lorca. ¿Cómo influyó Vicenta en su hijo?
Era una mujer muy humilde, que estudió para convertirse en maestra y lo consiguió. Luego se casó con un hombre que era viudo, pero que había heredado de la familia de su primera mujer. Entonces, ella tuvo una posición un poco mejor. Lo que vio Vicenta en Federico fue que tenía muchas posibilidades. Lo animó, lo animó y lo animó a que estudiara y se formara. Lo animó a que se cuidara porque él era muy inquieto. Para ella era como “¡ordénate, hijo!”.

-¿En qué te ha ayudado el texto de Itziar Pascual, Yolanda Pallín y Jesús Laiz para acercarte a Vicenta Lorca?
Es un viaje y un disfrute entenderlo bien para ponerlo en pie, no solo como un texto dramático leído. Además, el personaje de Vicenta a veces hablaba con un lenguaje muy poético. Yo lo leo, lo leo, lo leo y lo estudio y tiene muchas posibilidades.

«Sé que estoy contando un cuento largo a muchas personas que han venido a verme. Es como subir una montaña»

-Cristina Presmanes te acompaña con el piano. ¿Qué importancia tiene la música en directo en esta función?
A veces durante los ensayos me quedaba escuchando a Cristina Presmanes tocando el piano y se me olvidaba el texto. Hay alguna pieza más reconocible que otra. Todas son bellísimas y hacen unas transiciones muy bonitas entre escena y escena.

-¿Qué puede atrapar al público que acuda a ver “Lorca, Vicenta”?
Creo que Pepe Bornás está haciendo un espectáculo agradable, bonito y ciertamente juguetón. No pretende adentrase en tragedias. Tiene un pozo amargo porque hablan de este personaje que tuvo la vida sacrificada que tuvo. Pero también fue una vida de tesón y de ir hacia delante. La mezcla de la música en directo, las proyecciones y este bello texto convierten a la función en muy atractiva para el espectador.

-¿Qué responsabilidad conlleva estar sola en escena?
Yo confié en este proyecto antes de que estuviera escrito el texto. Sé que estoy contando un cuento largo a muchas personas que han venido a verme. Es como subir una montaña. Es la primera vez que lo hago. Sí que había hecho pequeños monólogos en obras de teatro con otros actores. Estoy sin habla y no paro de hablar.