“Esta obra cuenta una historia que nos hace conscientes de que somos lo que decimos, lo que leemos y lo que aprendemos…”, comenta Alfredo Sanzol sobre esta función que dirige y que ha sido escrita por Juan Mayorga. La llevan a escena Vicky Luengo, Elías González y Elena González. Es una producción del Centro Dramático Nacional. Hablamos con Elena González.

-Desde tu visión personal, si tuvieras que contarle a los espectadores lo que nos narra “El Golem”, ¿qué les dirías?
Es un cuento teatral que narra la necesidad de Salinas de transformar a Felicia a través de unas palabras.

El sistema de sanidad pública colapsa. Como muchos otros pacientes en todo el país, Ismael, que sufre una rara enfermedad, está a punto de verse obligado a abandonar el hospital en que lo han venido tratando. Sucede entonces que Felicia, su esposa, recibe de Salinas, una inesperada propuesta: Ismael conservará su cama y seguirá recibiendo tratamiento si ella memoriza un texto. Parece, en principio, una tarea sencilla de cumplir: memorizar en orden unas cuantas palabras…

-Preséntanos a Salinas, tu personaje. ¿Cómo la describirías?
Mi personaje es una traductora apasionada por su trabajo. Es un personaje fuerte y con determinación. Vemos en escena cómo se relaciona con Felicia, a la que ofrece ayuda a cambio de una petición.

«Somos cuerpos ocupados por las palabras que hemos aprendido a amar, por las que nos han dañado, por todas las que decimos…»

-“La historia tiene una atmósfera de misterio fantástico, la contundencia de la acción contrasta con la sensación de no poder atrapar todo lo que pasa…”, comenta Alfredo Sanzol sobre este texto.
Tiene razón. En las primeras lecturas de la historia esa atmósfera me atrapaba y a la vez tenía la sensación de no poder atrapar todo lo que me contaba y me invadían sensaciones que no podía definir.

-¿Consideras que en la sociedad actual en la que prevalecen lo instantáneo, lo efímero y las imágenes, es más necesario que nunca reivindicar de nuevo el poder de las palabras?
Sí, antes las personas se reunían para contar historias, para hablar de su día o para contar cuentos. Se reían o lloraban, se comunicaban mirándose a los ojos, escuchándose, se hablaban y se escuchaban. Había tiempo para escucharse, que es importante para conocerse, para estar en el otro y con el otro. Ahora muchas veces, la mayoría, nos comunicamos con emoticonos. Esto es muy raro.

-¿Con qué dos frases de tu personaje te quedarías?
-“Estos golpes de aire con que nos estamos entendiendo, ¿no son algo mágico?”.
-“La verdad nace donde la intención muere”.

-Dice Sanzol que “Esta historia habla del poder que tienen las palabras para construir lo que somos. Somos lo que decimos, somos lo que leemos…”

Mayorga ya lo dice en el texto: “Somos cuerpos ocupados por palabras”. Por las palabras que nuestros padres y nuestros maestros nos han dicho una y otra vez, por las palabras que hemos aprendido a amar, por las que nos han dañado, por todas las que decimos y supongo que también por las que callamos.

“Estos golpes de aire con los que nos estamos entendiendo, ¿no son algo mágico?”

-Conoces a Alfredo Sanzol desde hace muchos años y has trabajado con él como director en algunas obras. ¿Cómo le definirías como director teatral?
Alfredo es un director que sabe mirar y que sabe esperar, que va poco a poco desentrañando, que no trae ideas inamovibles, que mira a los actores mientras trabajan y su cabeza y su imaginación no paran mientras nos ve. Va recogiendo lo que le damos y cuando nos perdemos siempre encuentra un hilo del que tirar para ayudarte. Me siento transparente, me ve absolutamente todo. Lo que estoy dando, lo que no, si me he perdido, aunque haya sido
mínimamente, si he dudado, aunque yo apenas haya sido consciente, si me he ido por este sitio o por el otro. Cuando pienso en él trabajando dibujaría dentro de su cabeza la maquinaria de un reloj de los de antes con las ruedas funcionando sin parar y con sus ojos y sus oídos como los de un indígena del teatro que oye y ve hasta lo más sutil. Fotografías: Luz Soria.