La popular actriz da vida a la fiel secretaria del jefe de un estudio cinematográfico (interpretado por Nancho Novo) que dedica su tiempo a seducir a artistas guapas, comprar a la prensa y hacer películas de nulo interés cultural en esta versión de la última obra de David Mamet. Una comedia de ritmo ágil con el trasfondo del movimiento “MeToo”, que sucedió tras el escándalo de los abusos del productor de cine estadounidense Harvey Westein, sobre un texto de Bernabé Rico y que ha dirigido Juan Carlos Rubio. 

-Preséntales a los espectadores lo que van a ver en “Trigo sucio”…

Es una invitación a colarse por la cerradura del despacho de un poderoso productor cinematográfico y convertirnos en cómplices de sus increíbles manipulaciones a su secretaria, a un guionista (que interpreta Fernando Ramallo) y a una joven e ilusionada actriz (Candela Serrat). Lo mejor es que nos sorprendemos a nosotros mismos, riéndonos a carcajadas de sus maquiavélicas acciones, a pesar de que estén lejos de nuestro código moral y sentimos una pinza en el estómago en los momentos de máxima tensión. Es una comedia inteligente.

“En “Trigo Sucio” el espectador va a reflexionar, casi sin darse cuenta, sobre cuál es su “precio”, si es que lo tiene”

– ¿Cuáles son las principales diferencias entre esta versión de Bernabé Rico y Juan Carlos Rubio y la que triunfó en Londres con John Malkovich como protagonista?

Lo primero la duración ya que en la versión londinense había dos cambios de decorado que obligaban a un descanso y a oscuros y en ésta tenemos un único espacio. También creo que la adaptación de Bernabé Rico la acerca, sin ser infiel al autor, a un humor más reconocible para el público español. Y la dirección de Juan Carlos Rubio es más ágil, divertida y ecuánime con cada uno de los personajes. Y en esta versión somos cuatro personajes y en la de Londres eran seis.

“Se denuncia la existencia del abuso sexual y de poder pero nos permite descargar la desazón que nos produce mediante el humor…”

-¿Qué tipo de mujer es tu personaje?…

Sondra es una mujer inteligente y fuerte, que ha elegido ponerse del lado del poder y el dinero. Es el brazo ejecutor de las perversas acciones de su jefe que van desde comprar a los medios de comunicación, a los políticos o a la gente influyente a enviar ramos de flores para seducir a las actrices. Es eficaz, fría y meticulosa, pero debajo de ese orden externo, existe el dolor a la renuncia a su vida personal y a sus emociones. Un bombón para cualquier actriz.

-¿Por qué es posible y lícito hablar con humor y con sarcasmo de un tema tan dramático como el acoso en el trabajo?

El humor nos salva de lo más escabroso, incluso de nosotros mismos, y debería estar por encima del pudor y la ofensa para tratar cualquier tema. La risa es la mejor terapia, nos permite tomar cierta distancia emocional y ver las cosas con una perspectiva más ecuánime. No sé en qué momento hemos perdido el sentido del humor como sociedad, para saber distinguirlo del insulto o la calumnia. Quitar solemnidad a las cosas no supone despreciarlas, sino analizarlas desde otro lado. Se denuncia la existencia del abuso sexual y de poder pero nos permite descargar la desazón que nos produce mediante el humor.

-En el escenario también se plantean temas como “¿hasta qué punto hay personas capaces de todo para conseguir lo que se proponen”?…

Por supuesto, en “Trigo Sucio” el espectador va a reflexionar, casi sin darse cuenta, sobre cuál es su “precio”, si es que lo tiene.

-Háblanos de Barney Fein, el personaje que interpreta Nancho Novo, el protagonista de esta función…

Nancho Novo nos brinda un despliegue de talento en su interpretación de Barney Fein. Es capaz de encarnar a un tipo depravado, acosador y perverso, haciendo que el espectador se desternille con cada una de sus ocurrencias. Creo que David Mamet tenía muy claro el tipo de hombre que quería reflejar y que es tan común en las esferas de poder. Es un hombre inteligente y manipulador, dotado de simpatía y encanto, pero sin límites morales, capaz de anteponer cualquiera de sus instintos, principalmente los sexuales, ante cualquiera. Es un prototipo históricamente reconocible para muchos de nosotros.

-¿Ésta es una versión más feminista?

Es una versión más feminista si la comparamos con la de Londres, no sólo por la manera de situarnos en el escenario, sino porque Juan Carlos Rubio nos quiso, tanto al personaje que interpreta Candela Serrat como al mío, como mujeres con pensamiento propio, con un punto de vista sobre la situación que están viviendo y con una clara capacidad de elección. También son valientes que saben decir Sí o No, a pesar del vértigo que da hacerse cargo de una misma. Creo que Sondra e Irina dan mucho juego para alimentar la reflexión sobre la situación de la mujer hoy en día.

– ¿Qué tipo de director es Juan Carlos Rubio?

Es un “Director Maravilla”. Es amante de sus actores y actrices, disciplinado, casi germánico a la hora de cumplir con los planes de trabajo, pero al mismo tiempo flexible y cariñoso. Nunca había trabajado de la manera tan peculiar en la que él lo hace, marcando la partitura de las acciones como prioridad. Los primeros días entré en crisis, pero ahora, cada vez que representamos una función, disfruto del recorrido con una maravillosa sensación de libertad. Me gustaría trabajar muchas veces con él.

-¿Qué destacarías de la escenografía de Curt Allen?

Creo que es muy bonita, y refleja perfectamente lo que vamos a contar. Es quizá la más convencional de las que se le conocen a Curt, pero resulta cálidamente pragmática junto a la luz de José Manuel Guerra y el vestuario de Pier Paolo. Son un equipazo para este Mamet.

Es una coproducción de Talycual con La Alegría, Pentación, La Claqueta y Kubelik. Teatro Reina Victoria. www.elteatroreinavictoria.com