Celebramos con Tribueñe su 20 Aniversario como compañía. Durante estos años han representado 37 obras diferentes y recibieron, entre otros premios, el Premio Ojo Crítico de RNE en 2012. Actualmente tienen 13 obras en su repertorio que suelen representar los Jueves en el Teatro que lleva su nombre. “Bodas de sangre”, “La casa de Bernarda Alba”, “Las Teodoras”, “Amiga”, «Por los ojos de Raquel Meller» o “El vuelo de Clavileño”, entre ellas. Hablamos con Irina Kouberskaya y Hugo Pérez de la Pica, sus Directores, que también han recibido individualmente múltiples premios.

-¿De qué os sentís más orgullosos como compañía?

Como directores estamos orgullosos de todo el elenco artístico (tenemos a 38 actores/actrices) y técnico del Teatro Tribueñe que, de manera constante y generosa, nos han acompañado en la búsqueda de nuevos lenguajes escénicos. Conviviendo intensamente juntos durante 20 años hemos compartido auténticas proezas.

-¿Qué sigue diferenciando a Tribueñe de otras compañías?

HUGO: Que no pretendemos engañar a nadie, el compromiso con el autor y la obra es lo único que nos importa. Y mantener la llama del Teatro, a pesar de estar atravesando un mar de fango.

IRINA: La energía. Casi todos hacemos yoga y no sólo para buscar la armonía interior, sino más bien para concienciarnos de la necesidad vital del cerebro de estar en un desarrollo continuo, para oxigenar el esquema energético existente y descubrir “Un salón con mil ventanas” de Federico García Lorca.

-Completad esta frase: “El teatro está para hacernos capaces de…”

IRINA: Intensificar nuestra existencia. Mirar desde la oscuridad a la luz. Indagar en el misterio del por qué de la vida, hallar su sentido y participar en la búsqueda de la divinidad del hombre.

HUGO: Sobrevivir al horror.

-¿Los tres momentos de la historia de Tribueñe que recordáis con más emoción?

IRINA: La puesta en escena de todo “El retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte” de Ramón María del Valle Inclán en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Los gaiteros haciendo hablar el aire, empanada, el vino con sus innumerables matices de Galicia y en el escenario 7 horas de espectáculo que se levantó como un tsunami con toda la grandiosidad de una ola indomable, rebosando talento, sabiduría, mitología, misticismo, erotismo e innovación de una sinfonía valiente del autor para las futuras generaciones.

También el estreno de Valle Inclán en San Petersburgo, en el teatro estatal Fontanka, de dos obras del “Retablo”, dirigidas y traducidas al ruso por mí para los actores rusos. Fue como descubrir otro espacio, abrir una puerta nueva en su manera de interpretar.  Y  permanecieron en cartel durante 7 años. Y que con “El jardín de los cerezos”, en el festival de Chéjov, nos dieron todos los premios existentes. La gente nos paraba por las calles y nos decía: “Hemos visto tantos jardines, pero vosotros, vosotros…los mejores… Es un regalo para toda la vida…Es un verdadero Chéjov”.

HUGO: El 10º aniversario. El día del funeral de Juan Ramón Sánchez interpretamos “Por los ojos de Raquel Meller” y su viuda Chelo Vivares interpretaba un destacado papel, entre el público, sus familiares y sus amigos. Esta función se ha mantenido 18 años en cartel (con algún descanso). El estreno en el Teatro Real de mi espectáculo “Danzar al aire español”. Y el estreno de mi Auto Sacramental “Donde mira el ruiseñor cuando cruje una rama” en el Festival de Arte Sacro en la Catedral de Getafe, en el Teatro Español, en nuestro Teatro y en otros lugares.

-¿Lo más gratificante de dirigir Tribueñe es…?

IRINA: Saber que tienes algo por compartir y que no hace falta ejercer la autoridad. La autoridad está en la profundidad de las ideas que nos mueven.

HUGO: Tenemos el lujo de tener un espacio para la libertad y somos conscientes de ello.

-¿Cuál será la próxima obra que llevaréis a escena?

IRINA: “Deje que el viento hable” una obra escrita y dirigida por mí, como homenaje a Tonino Guerra, un inusual guionista de Fellini, Antonioni, De Sica y tantos otros directores de cine.

HUGO:  “Venta del aspaviento”. Es una obra musical que retrata la España de nunca con música y texto ex profeso.

-¿Cómo os describiríais el uno al otro?

IRINA: Hugo es la inspiración, el ejemplo de voluntad y superación. Hugo es un ser de elevada sensibilidad, que arrastra simultáneamente la pureza y crudeza y las vuelca en el entramado del Teatro. Su atemporalidad es la mayor de las características de sus obras, que inventan nuevos formatos musicales y poéticos que rompen los géneros pretéritos sin despreciarlos.

HUGO: Irina es un genio. Es la persona que mejor analiza un texto. Tiene lo único que necesita tener una Directora: imaginación. Teatro Tribueñe.