El espectáculo propone una suaré ficticia en casa de Ignacio Zuloaga, en el París de los Felices 20, donde la variopinta bohemia de jóvenes artistas que alborotan la capital francesa y la burguesía culta que los impulsa se reúnen para ser partícipes de la presentación de “Goyescas” y “El retablo de maese Pedro”.

El programa está formado por “Goyescas”, una ópera en tres cuadros de Enrique Granados con libreto de Fernando Periquet.
Y “El retablo de maese Pedro”, una ópera para marionetas en un acto con música y libreto de Manuel de Falla.
Es una adaptación musical y escénica de un episodio de “El ingenioso caballero Don Quijote de La Mancha”, de Miguel de Cervantes.
Se inicia con el Preludio ambientado a finales de 1939. Los ejércitos nazis han ocupado media Europa y ya están a las puertas de París. Miles de ciudadanos escapan de la barbarie. Entre ellos, el pintor Ignacio Zuloaga.
En tan dramáticas circunstancias, la memoria es el refugio (el regreso a los momentos plenos vividos en los felices Años Veinte). Zuloaga recuerda los encuentros con La Argentina y el entusiasmo de Granados viéndola bailar su “Danza de los ojos verdes”…
En “Goyescas”, Rosario, gran dama está interpretada por Raquel Lojendio o Mónica Conesa; Pepa, maja popular es Mónica Redondo; Fernando, capitán de las Guardias Reales es Alejandro Roy o Enrique Ferrer, Paquiro torero es César San Martín y Pepa es Mónica Redondo.
En “El retablo de Maese Pedro” el personaje de Don Quijote es Gerardo Bullón; Maese Pedro es Pablo García-López y Trujamán es Lidia Vinyes-Curtis.
La Dirección musical de este programa es de Álvaro Albiach, la de escena y la dramaturgia son de Paco López y la coreografía de Olga Pericet.
Según Paco López, “La ‘Edad de Plata’ es el nombre con el que se conoce el período de florecimiento artístico y cultural español del primer tercio del siglo XX, hasta la Guerra Civil. Muchos artistas encontraron en París la “patria soñada” para sus creaciones.
Granados, Falla y Zuloaga viajan a París en este período, viven el estimulante encuentro con la vanguardia artística y urden los trazos de sus personales estéticas (tan distintas, tan cercanas).
Bailarinas como La Argentina o Amalia Molina fueron copartícipes de unas creaciones de Granados y Falla que, sin ellas, hubieran sido bien distintas. En el escenario hay bailarinas ligadas a Goyescas que aparecen, como tales e interpretan pasajes del espectáculo. En otros momentos, los bailarines son la plasmación de los sueños o los espectros de los miedos de Falla y Granados. En tiempos como los actuales, donde (con tanta urgencia) se nos plantea la necesidad de “repensar” España, encuentra su sentido más esencial “La Edad de Plata”. Porque solo la cultura nos salva (o nos redime) de la barbarie”. Fotografías de escena de la producción de la Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga (2023). Teatro de la Zarzuela.