Un reportaje especial protagonizado por ALGUNAS de las responsables de la escenografía, el vestuario y figurines o la iluminación de las piezas de artes escénicas. Con Elisa Sanz, Ana Garay, Mónica Boromello, Ana Llena, Lola Barroso, Deborah Macías, Anna Tusell y Sofía Nieto y Arancha Rodrigálvarez (de Carmen 17). Cumplen una labor muy importante en el tejido escénico de la que pocas veces se habla en un reportaje periodístico. 

 

ELISA SANZ. Es un referente para muchos de los que se dedican a este trabajo y tiene en su haber un largo currículum profesional. Licenciada en Escenografía por la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid (2002), ejerce de escenógrafa y figurinista. Ganó el Max 2020 al Mejor diseño de vestuario por «Play», de Aracaladanza. Algunas de las recientes escenografías que ha diseñado son las de obras como «Amores en Zarza» del Teatro de la Zarzuela, «La panadera», «Los días felices» (en la fotografía) y «Tribus», representadas en el CDN; «La comedia de las maravillas» de la CNTC o “Todo el tiempo del Mundo”, de Pablo Messiez, entre otras. Impulsora de la Asociación de Artistas Plásticos Escénicos de España (AAPEE), ha ganado ocho premios MAX de las Artes Escénicas (4 al mejor espacio escénico y 4 al mejor vestuario), varios premios FETEN, un premio Adriá Gual, y otras menciones y nominaciones. “Para cada propuesta soy una profesional diferente. No puedo tener un estilo porque cada puesta en escena es única y la metodología en este trabajo va variando. Cada proyecto escénico cuenta con un equipo artístico particular. Podemos tener el mismo texto de Hamlet, pero podemos presentarlo desde muchas perspectivas y con puestas en escena tan diferentes como diferentes son los equipos artísticos que las forman. No sólo diseñamos espacios arquitectónicos con paredes y elementos grandes, si no que creamos con otros elementos como el movimiento de los actores, el color, la composición, los objetos… Hay elementos esenciales del espacio escénico que, aprovechados por profesionales, crean el universo necesario para una excelente propuesta escénica”, comenta. Elisa también trabaja y ha trabajado para compañías de Danza como Aracaladanza (desde hace más de 15 años), 10 & 10 Danza, Teresa Nieto u Hojarasca Danza, entre otras. “Para la danza trabajas con otras necesidades de composición, de color, de movimiento. No es una metodología tan lineal. Depende de si hay o no recursos también. Hay un proceso de investigación previo, de crear una gama de formas y de composición de color…”. Tiene claras cuales son las cualidades que debe tener la persona que se quiera dedicar a este trabajo: “Además de mucha visión espacial, la generosidad dentro de todos los miembros del equipo artístico es fundamental. La imaginación y la pasión las cambio por talento y rigor en la creación. Saber trasladar a emociones visuales el contenido dramático de un texto es otra cualidad imprescindible.” Y termina: “tengo la suerte de que disfruto de todo lo que hago. Pero creo que lo más gratificante es que mi trabajo es el medio que tengo de expresar lo que soy desde un lenguaje escénico/artístico. En cada diseño hay una parte de mí que se queda allí. Creo que esta profesión sí está reconocida aparentemente, pero no lo suficiente desde la importancia artística e imprescindible que tiene en la puesta en escena actual. Creo que todavía nos quedan muchos pasos que dar para que seamos reconocidos como debemos, pero es un reconocimiento paralelo al crecimiento y a la evolución de las artes escénicas que van cambiando.” www.elisasanz.net, www.aapee.es

 

MÓNICA BOROMELLO. Además de ser la escenógrafa y la diseñadora del Vestuario de “Traición” (de Kamikaze) y de las escenografías de las recientes piezas «Las criadas» (en la fotografía) y de «El salto de Darwin», Mónica ha sido la creadora de muchas escenografías: “Recuerdo, sobre todo, los proyectos donde el trabajo de equipo ha sido divertido, creativo, surrealista, arriesgado. Donde nos hemos reído y hemos llorado mucho. Y eso se refleja en el escenario, estoy segura. Como El señor Ye ama a los dragones, Doña Rosita Anotada, Cartas de Amor, Blackbird, La Ruleta Rusa, El minuto del payaso, El Laberinto mágico, Todas las noches de un día, La cantante calva y muchas otras”. Mónica estudió Arquitectura pero fue a ver una obra de teatro que la emocionó y pensó que “eso era lo que le hubiera gustado que todo el mundo experimentase una vez en la vida y que se quería dedicar a eso”, por lo que decidió redireccionar su formación hacia las artes escénicas. Sobre el proceso de trabajo que sigue, comenta que: “Siempre busco imágenes de referencia, que me trasladen más a una atmosfera que a un lugar. Y mi proceso siempre es un ensayo/error donde vas metiéndolo todo al principio, para luego pulir e intentar llegar a la esencia del espacio. La historia cambia, y el momento histórico en que se cuenta también. La relación que tenemos como espectadores con la imagen actual no tiene nada que ver con la que teníamos hace 20 años. Es todo más rápido, más saturado, más distópico. Y como creadores nos ocurre lo mismo”.

Y añade, “Menos es más sigue siendo muy importante para mí en una instalación artística o en un hecho plástico. A veces, el minimalismo es sinónimo de producción con pocos recursos económicos. Es más complicado hacer un espacio minimalista significante que un espacio recargado, donde la cantidad disimula la calidad”. Sobre lo que les comentaría a todos los que se quieran dedicar a esta profesión, nos dice, “no es un oficio fácil ya que se aprende haciéndolo. Creo que es importante que se intente luchar por los sueños y por lo que te hace feliz, tocar muchas puertas, probar y no tener miedo. Es una carrera de fondo pero merece la pena. Y me gustaría destacar lo bonito y enriquecedor que es el trabajo con los talleres de construcción de escenografía o de atrezzo y con los equipos técnicos. Es un momento de creación, de frustración y de exaltación en el que más de aprende.” www.monicaboromello.com

 

ANA GARAY. Hasta la fecha ha desarrollado más de 180 proyectos en producciones de teatro, ópera, danza, zarzuela y teatro musical. Suya es la escenografía de la reciente «Giselle» de la Compañía Nacional de Danza (en la fotografía). “Recuerdo con cariño escenografías como la de “Terrorismo” (2005) por mi compromiso con una idea que defendí a capa y espada en el Teatro de La Abadía, ayudada por Elisa Sanz (la directora técnica), de “Visitando al Sr Green” (2005) porque conocí a Juan Echanove, compañero y amigo incondicional, de “Mercado libre” (2009) porque llegó a mi vida Jesús Cracio y me abrí paso en América Latina, de “Otello” (2015), mi primera ópera con Paco Azorín, amigo y maestro y mi presente…”. Ana es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, en las especialidades de Diseño y Escultura, y Titulada en Escenografía por la Escuela de Arte Dramático de Barcelona. En los últimos años ha realizado el vestuario de «Ricardo III», de Kamikaze Producciones o la escenografía de «La llamada, el musical», entre otras. “Este oficio es muy exigente y te obliga a estar al día en todos los aspectos. Es una carrera de fondo. Incluso aquellos trabajos de los que guardo un recuerdo terrible me han servido para crecer. Hay que empezar de cero en cada proyecto. Es necesario tener unos hábitos como el ser meticulosa, ordenada, cumplidora y lanzarse al vacío corriendo riesgos en cada propuesta. Te obliga a interactuar con todos los departamentos por lo que debes ser empática y entender las circunstancias de cada sección tanto económicas como artísticas ya que afectan de una manera directa al diseño y al resultado final”, comenta Ana. Sobre el proceso que sigue en su estudio Garay nos dice que: “el libreto lo es todo. El texto es la partitura que nos compromete y nos da la información para trabajar. Requiere una gran inversión de tiempo. Después de varias lecturas y de haber mantenido conversaciones con producción, es el director el que te pone en el camino. A partir de ese momento el proceso de inmersión es total. Es fundamental crear una carpeta en la que volcar planos de los teatros de origen, construir una biblioteca de imágenes de referencia, texturas, fotografías de actores, medidas. Todo es registrable. Necesitamos la documentación sobre la que podamos construir un imaginario sólido y viable…” Ana ha recibido, entre otros, el Premio Ercilla, el Premio Jara y el Premio Gran Vía de Teatro Musical. “Creo que los premios son una píldora de aliento, sin más. Sobre el reconocimiento a nuestra labor de escenógrafos y diseñadores de vestuario en España echo en falta que se respeten los derechos de autor”, termina. www.anagaray.pro

 

CARMEN 17. Este estudio de diseño y realización de Vestuario lo forman Sofía Nieto y Arancha Rodrigálvarez. Lo crearon en 2013 y recientemente han realizado el vestuario de obras como «El beso» (en la fotografía); de «Tribus», de “Las Cosas que sé que son verdad” (de gira) o el de “Elena Fortún” (del CDN), de óperas como “El Barbero de Sevilla” o “La Bohème”, entre otros. “Es difícil quedarse con un trabajo. Yo tiendo a sublimar siempre el último que hemos hecho”, nos dice Arancha. A lo que añade Sofía, “Yo recuerdo con mucho cariño todos los diseños de vestuario. Creas familias temporales y convives de una manera muy intensa con cada uno”. El Vestuario tiene la principal misión de situar la obra en un tiempo y un lugar, ayuda al actor o actriz a relatar la historia, por lo que debe tener una serie de características. Antes de iniciarse una función, han sido necesarias muchas pruebas con los actores, como con Verónica Forqué en “Las cosas que sé que son verdad” o con las actrices de “Elena Fortún”, obra ambientada en los años 30 y 40 del siglo XX. “Tras la lectura del texto se hace un desglose de personajes, un análisis de su psicología, del entorno en el que se desarrolla la historia, las necesidades que tendrá por texto, se hace una búsqueda de referencias y luego hay una charla con el director y resto del equipo artístico y plástico donde se aclaran más los puntos y las necesidades. Así se va bocetando la indumentaria de los personajes. Hay que tener constancia, saber observar implicarse en todas las fases del desarrollo del trabajo.”, comentan las diseñadoras. Además, esta profesión es muchas veces muy gratificante porque, como nos dice Arancha, “es maravilloso cuando un actor o actriz te dice que el vestuario le ha ayudado a meterse más en el personaje”. A lo que añade Sofía, “lo mejor son todas las historias, emociones y personalidades diversas que conoces a través de los personajes de los que realizas el vestuario. Y, también, el descubrir nuevas facetas en tí misma…” www.carmen17.com

 

ANA LLENA. Ha diseñado el vestuario de obras como“Esperando a Godot” (en la fotografía), de Pentación Espectáculos, o de «¡Nápoles millonaria!», producción del Español actualmente en la cartelera. Y detrás de todo el trabajo del diseño de vestuario de grandes musicales como «Billy Elliot» o «Grease, el musical» está esta profesional de larga experiencia. Ana tiene muy claras cuáles son las cualidades que hay que tener para dedicarse a esta profesión: “Creo que me han ayudado bastante la inquietud y el sentido de la responsabilidad con mi trabajo y con los demás. También la constancia y el tesón. También hay que tener una gran capacidad de trabajo en equipo, conocimientos de la historia de la indumentaria y del arte, disciplina y creatividad”.

También ha impartido clases de indumentaria en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. “Lo primero que hago es escuchar la propuesta o la visión del director y comienzo a pensar en lo que quiero expresar en el escenario, aportando mi propia visión. También estudio un montón de aspectos generales de la producción que tengo delante: ¿qué presupuesto tengo?, ¿de qué tiempo dispongo?, ¿en qué teatro se va a estrenar?, ¿qué elenco va a haber?…Y, a partir de ahí, comienzo a pensar en los personajes y en qué tipo de indumentaria tendrían que tener. El diseño anterior podría ser un 50 o un 60 % de lo que vemos finalmente en el escenario” Sobre la evolución y la situación actual de las mujeres dentro de su profesión comenta que: “Miro hacia atrás y recuerdo a la primera mujer utilera en un teatro nacional (y estamos hablando de los años noventa), cuando literalmente la insultaban y la marginaban por su condición; recuerdo los primeros premios a producciones de directoras, donde de verdad eran pocas. Y así podría seguir. Creo que hay mucho por hacer todavía, pero que ese panorama ya no es igual. Las mujeres estamos aportando muchas cosas en todos los terrenos creativos, y esa es suficiente razón. Nos expresamos, comunicamos y nuestra voz cada vez es más fuerte y más firme…” Y añade que “cuando comencé apenas había sitios para estudiar Escenografía o Vestuario. Y hoy en día se han ampliado los horizontes hasta lugares insospechados. Cualquier figurinista, escenógrafo o iluminador de este país puede acabar trabajando en cualquier teatro del mundo y así afortunadamente está ocurriendo…”

 

ANNA TUSELL. Suyas son las escenografías de recientes piezas como «El caballero incierto», estrenada en el Teatro Español, «Burundanga» (en la fotografía), «El método Grönholm», «Chicas y chicos», dirigida por Lucía Miranda o «Me gusta como eres», de Gabriel Olivares, entre otras. “Con cada escenografía vivo un proceso diferente y siempre dejo una parte de mí en ellas. Lo más gratificante es ver tu idea hecha realidad. Que algo tan etéreo como una idea tome forma. El día que se monta la escenografía por primera vez, se juntan todos los elementos y compruebas que funciona, ¡es un placer inigualable!”. Anna tiene muy claro también cuál es el proceso de trabajo que tiene que llevar a cabo previamente a obtener el resultado final: “Después de la segunda lectura del texto con el/la Director/a suelo hacer un pliego con imágenes de un previo proceso de investigación y con los primeros bocetos a lápiz, que utilizo para reunirme una segunda vez con dirección y ver si vamos por el mismo camino, y si es así, empiezo a dibujar. Hago planos, los levanto en 3D y, cuando tengo el espacio levantado en crudo, lo trabajo a modo de collage en Photoshop. Pruebo materiales, luces, hasta que poco a poco voy dando con el acabado y el diseño final. Todo esto teniendo en cuenta, claro, el presupuesto marcado desde producción y los condicionantes técnicos. Una vez tienes el diseño terminado y aprobado, empezamos con la construcción, proceso que disfruto mucho, puesto que, siguiéndolo de cerca, el diseño crece y mejora… Mientras se construye, asisto a ensayos y busco o construyo el mobiliario y utilería necesarios para el espectáculo…”. www.annatusell.es

 

LOLA BARROSO. Es diseñadora de Iluminación Escénica y Graduada en Técnicas Escénicas por la Universidad de Kent. Tiene más de 20 años de experiencia como diseñadora de Iluminación para producciones de teatro y danza. «Diseñar la iluminación de un espectáculo es un trabajo enteramente creativo. El proceso tiene más que ver con plasmar ideas, elegir colores, texturas, atmósferas, encontrar las intenciones en la luz y en la sombras, conseguir reflejar sentimientos y emociones, definir lo físico y lo espiritual y darle al coco para que el público reciba lo que ocurre en el escenario, para convertir lo imaginable en tangible, lo invisible en visible, las ideas en realidad poética…Afortunadamente cada año somos más las mujeres que vemos en el Diseño de Iluminación una herramienta para expresar ideas, para comunicarnos con el público…”, comenta. Ha trabajado para coreógrafos y directores como Patrick de Bana, Dani Pannullo, Chevy Muraday, Vicente León, Fermín Cabal, Fátima Miranda o Víctor Conde, entre otros muchos. Ganó el premio Max 2018 al Mejor Diseño de Iluminación por “Furiosa Escandinavia” (en la fotografía). “El libreto no es suficiente para plantear un diseño de Iluminación. Es absolutamente necesario el punto de vista del director/a y la puesta en común de todo el equipo implicado en el proyecto para determinar qué se quiere contar y cómo queremos contárselo al público y, a partir de ahí, se comienza a crear, a diseñar. Creo que todo diseño de Iluminación tiene que partir y tener una intencionalidad dramática que determine y defina la expresividad de cada escena, de cada momento; que construya, junto con el resto de los elementos escénicos, el espacio poético que muestre al espectador de forma clara y precisa la esencia de la historia que se relata.” Además, Lola imparte clases en diferentes escuelas de arte y diseño de Madrid. 

 

DEBORAH MACÍAS. El diseño de Vestuario de la reciente obra “Nise, la tragedia de Inés de Castro”, de Nao d´amores, es una creación suya. Y también el precioso vestuario de “Comedia Aquilana”, de la misma compañía, que consiguió el premio Max (2019) al mejor Vestuario y que se representó en el T. de la Comedia el año pasado. “Llevo más de 15 años trabajando sin parar con Nao d´amores. Cada proyecto es una parte de mí por el nivel de implicación que conlleva la forma de trabajar de la compañía. Creo que algunos de mis trabajos más importantes han sido “Auto de los Reyes Magos”, porque lo disfruté mucho, “Nise, la tragedia de Inés de Castro”, que sentí como un punto de madurez en mi trabajo con la compañía, y “Comedia Aquilana”, porque los reconocimientos siempre te dan ánimos y te ayudan a seguir adelante, pero, sobre todo, porque es maravilloso ver cómo lo disfrutan los demás por tí”. Deborah es Licenciada en Escenografía por la RESAD y técnico superior en Artes Plásticas e Ilustración. Durante diez años ha trabajado en el Departamento Técnico del Teatro de La Abadía cuando lo dirigía José Luis Gómez y en la oficina técnica del Teatro de la Zarzuela. “Siempre estuve vinculada al mundo de la Plástica por la rama de las Artes Gráficas, pero tuve una profesora que intuyó mis ganas de “materializar” de otra manera mis capacidades plásticas y me animó a acercarme al mundo de las artes escénicas. Y viendo “El sueño de una noche de verano” de Helena Pimenta, me emocioné y lo disfruté tanto que reafirmé mis ganas de dedicarme a esta profesión. Con el tiempo he aprendido que lo más importante es, además de tener pasión e imaginación, tener muchas ganas”, nos ha dicho Deborah.