LAURA ORTEGA ha dirigido esta producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que es una pequeña fiesta en la que la danza y el teatro se encuentran con la música. Bajo la dirección musical de Alicia Lázaro y en colaboración con la Compañía Nacional de Danza y los coreógrafos Mar Aguiló y Pau Arán, el espectáculo reúne a un elenco de actores, bailarines, cantantes y músicos entregados a una noche de final imprevisible. En su centro está la fiesta que es el espacio sobre el que se repliega la ciudad, lugar de encuentro y de partida de un grupo de personajes empeñados en pasárselo bien, cada cual a su manera.

– ¿Qué tipo de función o montaje escénico es “Fandangos y tonadillas”?
Madrid era una fiesta a finales del s. XVIII. “Fandangos y tonadillas” recoge su legado dramatúrgico, musical y dancístico para convertirse es un espectáculo musical con mirada contemporánea. No es exactamente una reconstrucción, sino más bien un homenaje a los intermedios de las obras largas, en los que se representaban sainetes, como el de “El italiano fingido” de Ramón de la Cruz, que hemos versionado para que sirva de hilo conductor, y bailes y músicas, como el fandango o la tonadilla de claro espíritu festivo. En estas piezas, agudas y divertidas, cabe mucho de la realidad del momento, como la vida de las compañías de cómicos, la de la calle, las costumbres del público en los teatros y en las casas. No es un musical de grandes éxitos del s. XVIII, pero casi.

– Has comentado que: “En su centro está la fiesta: el espacio sobre el que se repliega la ciudad, lugar de encuentro y de partida de un grupo de personajes empeñados en pasárselo bien, cada cual a su manera…, ¿qué más podrías decirnos sobre la trama que nos narra la obra?
En nuestra fiesta, que remite un poco a un salón de baile de los años 70, hay un protagonista llamado Garrido (Ángel Ruiz), una suerte de criado o arlecchino, que está eternamente forzado, como Sísifo, a poner las condiciones que hacen que cuando la fiesta llega a su fin, empiece otra vez. Todo su arsenal escénico y su desparpajo se ponen al servicio de su amo, que ha preparado una fiesta para su enamorada, pero la situación y los invitados no se lo ponen fácil. Tiene que enfrentarse a varios reveses que ponen a prueba su capacidad de engaño, entre otros, buscar para la fiesta a un tenor italiano, que en realidad no está en Madrid, convenciendo a su amigo Tomás (Rafa Castejón) para que sea el famoso italiano fingido y la fiesta no acabe siendo un fracaso estrepitoso... Los personajes son seres noctámbulos reunidos una noche de Carnaval, justo antes de que comience la Cuaresma, que es cuando cerraban los teatros. Aparte de Garrido y Tomás, están Rosario (María Hinojosa), la prometida de Jacinto, y auténtica anfitriona de la fiesta; Caramba (Cecilia Lavilla), su criada pícara y graciosa, a quien le seduce más una mentira que una verdad, … y un gran número de invitados, reyes de la pista de baile.

– ¿Qué dificultades tiene el dirigir a un elenco tan variopinto de músicos, actores y bailarines?
Está siendo muy grato. La suma de lenguajes, la interpretación, la música y la danza es siempre un reto fascinante. El siglo XVIII sabe bien de mestizajes, de márgenes, de lo que ahora llamamos sinergias; tanto en lo escénico como en las exigencias de sus cómicos, polifacéticos en su esencia, así que había que aprender de él. La generosidad del elenco, de Cecilia y de María, que tienen un papel arriesgado, como de Ángel y de Rafa, y el esfuerzo de Alicia Lázaro, la directora musical, el trabajo coreográfico de Mar Aguiló y Pau Aran, con poéticas muy diferentes en cuanto a la construcción del movimiento, junto con los bailarines Sara Fernández, Yoko Taira, Iker Rodríguez, Mar Aguiló e Isaac Montllor y de todo el equipo artístico, ha sido fundamental. 

– ¿De qué temas nos habla esta función?
De la relación entre el teatro y la vida, la calle y el teatro, y de lo que la fiesta hace con los cuerpos. En la diversión, así como en la demostración de habilidades y el virtuosismo del arlecchino, en la imitación del tenor italiano, en la fama de los propios cómicos Miguel Garrido y María Antonia Vallejo, “La Caramba”, dos actores célebres del momento, es  donde se ve que los cómicos se parecen mucho a nosotros. Los cuerpos de los actores, bailarines y cantantes están siempre cargando y exhibiendo sus habilidades, entretienen al resto poniendo su mejor cara para poder trabajar… Por otra parte, el público moderno es objeto de estrategias de control de la atención, de las que surge, por ejemplo, la diferencia entre una fiesta que se descontrola y la idea de una sociedad del espectáculo. Incluso ahí dentro, como sabemos, hay resistencia.

– ¿Qué destacarías de la colaboración con la Compañía Nacional de Danza? 
Ha sido un placer. Y el trabajo con otras disciplinas, especialmente con la danza y la música, ilumina todo un recorrido posible de nuevas tentativas sobre el teatro clásico. La CNTC y la CND son instituciones grandes, que tienen ya una trayectoria y un peso que el público conoce. Hay demanda para más espectáculos en que las dos puedan colaborar, para lo cual, como en este caso, es necesario también tener en cuenta que se precisa mucha investigación previa y son necesarios equipos artísticos diversos y bien engrasados. 

– ¿A qué reflexiones les llevará esta obra a los espectadores ?
Se trata de que el espectador vea estos géneros llamados “menores” del riquísimo mundo teatral de finales del siglo XVIII y los sienta cercanos, como algo capaz de comunicar una imagen pertinente del pasado con nuestras preocupaciones del presente. El juego social de la imitación, el surgimiento del espacio urbano como lugar de exhibición, o la imagen del actor como paradigma del trabajador contemporáneo, son lugares desde los que pensar críticamente la realidad que vivimos.

– ¿Qué tipo de música ambienta este montaje? ¿Qué destacarías de ella?
Es la música de Luigi Boccherini, que compuso la maravillosa “Música nocturna de las calles de Madrid”, que acaba con la “retreta,” un toque de queda nocturno, y un fandango de Antonio Soler, un personaje fascinante del momento. Hay, además, como plato fuerte, dos tonadillas, una del navarro Blas de Laserna y otra del catalán Pablo Esteve, que son un  perfecto exponente de un repertorio musical y teatral aún inexplorado y que poco a poco va llegando al público, cada vez más. Foto: Sergio Parra. Del 14 al 17 de enero. Teatro de la Comedia. www.teatroclasico.mcu.es