“Lope construye una fascinante comedia de enredos, con una profundidad y complejidad de caracteres inaudita, que han hecho de “La discreta enamorada” una de sus grandes creaciones”, comenta Lluís Homar sobre esta obra que ha dirigido y en la que interpreta a uno de sus personajes.  Es una producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico llevada a escena por tres repartos de actores de la Joven CNTC. Nos presentan una divertida comedia ambientada en un Madrid en el que todo es posible e imaginable y en el que sus protagonistas femeninas exhiben su derecho a vivir libremente sus pasiones.

-En la presentación de esta obra comentáis que: “las mujeres no solo nos seducen con su inteligencia, ternura y tesón, sino que también son un alegato a la libertad individual como herramienta superior de construcción de la identidad en unos tiempos en los que la formación del yo empieza a ser esencial…”

Lope de Vega empodera en este texto la figura de la mujer. Conocía su esencia. Fenisa, la protagonista, dice en la función: “¿Qué no he de mirar al cielo”?. Es como decirle al mundo que la libertad es individual. Lope era un enamorado del amor. La obra es el triunfo del amor. Es de una gran contemporaneidad. Y el amor en esencia está vinculado a la mujer. Todos hemos nacido de una mujer.

-¿Cómo es el personaje de Fenisa, la discreta enamorada?

Es uno de esos personajes fascinantes que lleva a las tablas de esos primeros corrales de comedias algunos aspectos del comportamiento humano que no habían estado muy presentes. Especialmente el deseo que, evidentemente, sigue necesitando del amor y del honor, de la aceptación de las convenciones sociales y morales. Pero Fenisa defiende el no sometimiento aunque lo tiene muy difícil. La situación económica de su familia es pésima y el Capitán la quiere e intenta conquistarla a través de su poder económico.

-¿Qué destacarías del trabajo de todos estos meses con los actores de la Joven CNTC y con el resto del equipo?

La Compañía somos todos. Tenemos la voluntad de refrescar el espíritu de implicación que tanto buscó Adolfo Marsillach. Tanto interna como externamente. Hay algo que se revitaliza en ti cuando trabajas rodeado de jóvenes. Hemos tenido cinco meses de formación anterior a los ensayos de esta obra y hemos “echado el resto”. Es un recorrido largo e intenso en el que hemos compartido muchas horas y hemos trabajado mucho. Y el que más ha aprendido de todos he sido yo.

A mí me gusta que nos impliquemos todos, también los técnicos, con obras como ésta que son homenajes a la esencia misma del Teatro. Siempre pienso que si el público asistiera a la magia de un ensayo o del trabajo de los técnicos estaría encantado. Tenemos la voluntad de mostrar lo que está detrás del escenario porque configura la poética del Teatro. Ver el espacio detrás, en el que creamos la ilusión. Por eso en la trama de esta función también participan los técnicos. Los espectadores pueden ver la obra con tres elencos distintos. Les dije a los actores/actrices que todos iban a ser uno de los protagonistas: Fenisa, Gerarda, Lucindo, Tristeo, Hernando… Los jóvenes de hoy participan y nosotros escuchamos sus puntos de vista. Vicente Fuentes, Vanessa Espín y yo les hemos emponderado.

-Esta función es una comedia de enredos…

Sí. De teatro popular, para el gran público, que lo va a entender todo. La representamos tal cual la escribió Lope, con su capacidad de sorprender, de hacer reír, de darle la vuelta y hacer que sea creíble. Es perfecta en todos los sentidos. Lope nos exige y nos premia. Su poesía y su ideología van a ser elementos imprescindibles para que podamos compartir nuestro entusiasmo y nuestro amor por el teatro.

-¿Cómo describirías al Capitán Bernardo, tu personaje?

Representa la norma, lo escondido, la negación del ser humano y de lo plural. Pero se mueve en la contradicción porque está anclado en lo antiguo. A mí me gusta pensar que realmente está fascinado y enamorado de Fenisa. Es lo bueno que tiene el Capitán. Sabe ver que hay un sentido de vida en ese amor pero pretende llegar a conseguirlo como un acto de compra. Dice: “Dará a todo el mundo placer la distracción de trocar las edades por los gustos…»

-¿Y a los otros personajes?

Hay muchos valores en todos los personajes y todos nos vemos sacudidos por esa ráfaga de luz que es Fenisa. A cada uno le sirve para ser mejor persona: Lucindo es el arco. Empieza en el infierno de los celos, de una relación tóxica con Gerarda. Pero después se dirige a una relación llena de vida con Fenisa.

Hernando, el criado, es el que de alguna forma sabe y ve el recorrido de su señor. Intenta sacar a Lucindo de ese camino que lleva con esa relación con Gerarda.

Belisa (Montse Diez) es la madre de Fenisa. Se ha tenido que negar a sí misma. Pero eso va a saltar por los aires y lo asume. Gerarda es la que más tiene que perder, aunque está dispuesta a ganar. Su vida ha sido difícil pero descubre otra posibilidad de estar en la vida. Ella es una cortesana de alto standing pero ve en Fenisa algo nuevo y distinto.

El reparto está formado, además, por Ania Hernández, Nora Hernández, Íñigo Arricibita, Xavi Caudevilla, Antonio Hernández Fimia, Pascual Laborda,  Cristina Marín-Miró, Felipe Muñoz, Miriam Queba, María Rasco y Marc Servera.

-La escenografía es una creación de José Novoa, la música de Marc Servera, la Iluminación es de Pilar Valdelvira y el Vestuario es de Deborah Macías…

En el escenario ellos están en un lugar apartado, detrás de una especie de vaya publicitaria en la que está escrita la palabra “Hope”. Porque hay un espacio de esperanza, de que todo va a cambiar.…

Ese descampado en el que estamos es como una ilusión también. Es un juego, es enseñar la magia del Teatro. Todos en escena cantan, tocan instrumentos, bailan. La música es una mezcla de géneros: swing, acústico, sonido electrónico. Marc Servera también ha creado la coreografía. Y el vestuario tienes toques clásicos. Fotografías de Sergio Parra