Delfín Estévez ha dirigido a la compañía Teatro del Corso en esta versión de la obra de José Sanchis Sinisterra.

Algo inaudito está a punto de suceder en el interior de un gran teatro. La mecha de la revolución ha prendido entre bastidores y, a pocos minutos de que se levante el telón, los figurantes encierran a los actores principales en los camerinos y se presentan ante el público como los nuevos protagonistas de la representación.  En su afán por igualar los méritos de sus opresores, estos dieciocho figurantes comenten todo tipo de disparates y extravagancias.  Por si esto fuera poco, un asombroso descubrimiento nos trasladará desde lo que parecía ser una confortable comedia hacia una inmejorable oportunidad para reflexionar sobre las paradojas de la libertad individual y colectiva.  

«¿Quiénes son esos seres anónimos y oscuros que el dramaturgo arroja displicentemente al ruedo de la acción? Sin molestarse siquiera en darles nombre, cifra ni voz – a veces sí, unos versos, una sigla ordinal, apenas cuerpo…- les hace deambular como aturdidos por la trama; bultos opacos, sombras que discurren junto a la incandescencia de los otros, los verdaderos hijos de su fantasía: los protagonistas. Entran y salen generalmente inertes, como pequeños meteoros arrastrados por el paso fulgurante de una cometa: eterno séquito, cortejo, compañía, comparsa noble o plebeya, cortesanos o pueblo… no importa: nada les redime de su exigua identidad, de su casi no ser. Tienen encomendadas casi siempre las tareas penosas, los gestos más ingratos y anodinos, incluso a veces los cometidos francamente sucios. Papeles desairados, si los hay, pues ¿qué mayor desaire sobre un escenario que pasar inadvertido, que ostentar la anonimia? …», comenta Sinisterra. Teatro Fígaro.