La trama transcurre en un espacio y un tiempo muy concretos: la ciudad de Núremberg, durante una sola jornada –la noche y el día de San Juan– en el siglo XVI, coincidiendo con la vida real del poeta, músico y zapatero Hans Sachs (1494-1576), convertido en protagonista de la partitura y cuya estatua preside hoy la plaza que lleva su nombre en la ciudad. Los protagonistas de la ópera son miembros de un gremio de artesanos burgueses que compaginan sus oficios con el arte de crear canciones bajo reglas muy estrictas y minuciosas. La llegada de un forastero que, por amor, intenta participar en uno de sus severos concursos de canto con una arrebatadora e inspirada canción fuera de todos los cánones establecidos, genera entre los Maestros cantores un encendido debate estético y filosófico entre lo transgresor y lo normativo en la creación artística, que va creciendo en complejidad a lo largo de toda la ópera, evocando las grandes corrientes de pensamiento del Romanticismo centroeuropeo.

Wagner, autor también del libreto concebido a través de un sesudo trabajo de documentación sobre el universo gremial de los maestros cantores en Núremberg, da alas a sus reflexiones filosóficas enfrentando a los partidarios de la tradición reglada e inamovible representados por Sixtus Beckmesser –caricaturizado sin piedad– y los defensores de la libertad creativa del artista, encarnada por el joven Walther von Stolzing. Entre ambos, la figura conciliadora y abnegada de Hans Sachs, que aboga por un arte libre y sincero, inspirado en la tradición y la cultura del pueblo alemán. Su monólogo final, apropiado y distorsionado por el régimen nazi, propició un enfoque siniestro de la ópera, lejos de su defensa del arte como fundamento de la convivencia y la armonía de un pueblo.

La portentosa música de Wagner recrea el ambiente de Núremberg con un riquísimo lenguaje formal y armónico que potencia el perfil de los personajes, situaciones dramatúrgicas y discursos de los protagonistas, articulando con pericia y fluidez los corales religiosos luteranos, marchas, canciones de trabajo, melodías populares, bailes y evocaciones del mundo sonoro de la ciudad. La brillante orquestación, muy articulada a la trama y sin los vuelos armónicos de sus óperas anteriores, critica, parodia, se mofa y se divierte con los personajes.

El director de escena Laurent Pelly potencia, precisamente, el sustrato burlesco de la ópera, alejándose del tratamiento realista del gremio de los artesanos en Núremberg, que emerge en un universo quimérico y poético que refleja el pensamiento, los anhelos  y los conflictos de los protagonistas.

La ópera se desarrolla en un mundo devastado e inestable –con escenografía de Caroline Ginet e iluminación de Urs Schönebaum– en el cual los hombres sobreviven gracias a su herencia cultural y artística y a la memoria de su ciudad protectora. Los personajes se mueven en un espacio simbólico de casas de cartón apiñadas como los retazos de una vida estructurada que se tambalea y se derrumba, abriéndose a un nuevo mundo más libre y verdadero a través de la sublimación del arte.

La ópera será dirigida por Pablo Heras–Casado, cada vez más vinculado al repertorio wagneriano. Después de haber inaugurado, con gran éxito, la pasada edición del Festival de Bayreuth, con Parsifal (que volverá a interpretar este año), va a dirigir una nueva producción de El anillo del nibelungo, junto a Calixto Bieito, en la Ópera de París. En el Teatro Real interpretará su sexto título de Wagner después de El holandés errante (2017) y la Tetralogía –El oro del Rin (2019), La valquiria (2020), Siegfried (2021) y El ocaso de los dioses (2022)–.

Un impresionante reparto de excelentes cantantes-actores dará voz a los peculiares personajes de Los maestros cantores, encabezados por Gerald Finley (Hans Sachs), Leigh Melrose (Sixtus Beckmesser), Tomislav Mužek (Walther von Stolzing), Jongmin Park (Veit Pogner), Nicole Chevalier (Eva), Sebastian Kohlhepp (David) y Anna Lapkovskaja (Magdalene). Del 24 de Abril al 25 de Mayo. Teatro Real.