MAGÜI MIRA vuelve a interpretar este personaje cuarenta años después de su estreno. Además, ahora también ha codirigido (junto a Marta Torres) esta versión del icónico y mítico personaje de James Joyce. Hablamos con ella.

– «Molly vive una noche de insomnio. Su pensamiento vuela sin filtros hasta sus más profundos deseos, a veces escandalosos. Su pasión por la vida, su relación con el sexo, sus principios femeninos. Segura de sí misma, disfruta de la vida que vive y de la vida que imagina». ¿Qué más nos puedes contar sobre este personaje?
Que Molly, mujer casada, prisionera de su cama de hierro, yo diría que despierta de su noche de insomnio en 2022. Y despierta con una energía y una libertad que no se atrevió a imaginar ni a pensar en 1922.

-¿Por qué decidiste volver a llevar a escena este personaje actualmente?
Porque leyendo ahora el pensamiento de Molly, personaje que imaginó James Joyce hace 100 años, tiemblo cuando compruebo que muy pocas cosas han cambiado para la mujer en todo este tiempo. Volver a encarnarla gozando de la palabra escrita por Joyce era y es un reto emocionante…
Desde mis ojos, mis oídos, mi piel y mi compromiso de hoy, después de recorrer gran parte de este largo y apasionado viaje llamado vida, con mis 77 cumplidos, he visto cambiar el paisaje.

«Hoy descubro a una Molly más sensible, más directa, más dura, pero también más comprensiva. Con más dolor, pero también con más humor…»

-¿Cómo ha evolucionado este personaje desde que lo interpretaras por primera vez en los años 80?
Ha cambiado mi lectura. Hoy descubro a una Molly más sensible, más directa, más dura, pero también más comprensiva. Con más dolor, pero también con más humor, hacia este Mundo donde gobernaba y sigue gobernando el hombre.

-¿Qué tipo de humor hay en escena?
El humor de Molly tiene todos los colores. Es humor verde. Es humor rojo. Es humor negro. Y, sobre todo, hoy, identificando su compromiso con la mujer, es sobre todo humor violeta. Humor inteligente.

– James Joyce nos transmite un pensamiento libre y sin filtros a través de éste y de otros personajes de sus obras, ¿es así?. ¿En qué sentido?
En esta nueva dramaturgia ofrezco un Joyce sin filtro ni mordaza. Respeto su atrevimiento, él entra en la caja negra del corazón de Molly. De su pensamiento más privado, del que nunca sabremos nada de nadie, y que cada cual nos llevamos a la tumba. Joyce pone en boca de Molly el nombre real de las cosas.

-“Molly es una voz directa y limpia que habla de otra vida posible en la que quiere su espacio. Molly tiene los ojos cansados de las mujeres que han transitado años de su vida, la vida de las mujeres hembras que amamos, parimos, y amamantamos a hijos, padres, amantes… Molly dice sí a la vida”, sostienes. ¿Qué has aprendido de ella?
Haciendo mía su mirada veo que la vida se transforma, veo que las mujeres hemos crecido en consciencia y que como ella tenemos un pacto firme con la vida que abrazamos.

– También has dirigido el espectáculo junto con Marta Torres. ¿Cómo es la sensación de dirigirse a una misma?
Una extraña suma de independencia y desvalimiento. De libertad y orfandad. Y de grandeza porque voy directa a la suma de la emoción, la acción y la palabra. Y porque el sexto sentido fluye. Pero una mirada como la de Marta, directora brillante y compañera, me ha sido imprescindible.

– “Todavía no tenemos ese compromiso necesario como seres humanos de tolerarnos, de encontrar complicidades, y todavía hay cosas que no podemos hacer ni decir”, explicas. ¿Qué les puede aportar esta mujer a los jóvenes de la actualidad?
-El “Ulises” de Joyce es la gran novela del siglo XX. Se atrevió a escribirla y consiguió llevarnos a la intimidad más secreta y más sorprendente del ser humano: el pensamiento. Pero muy pocos jóvenes la van a leer. Y este último capitulo de 24.000 palabras sin puntuar, con las que Joyce dibuja a Molly Bloom, les podría sorprender, les podría conmover y gracias a Molly podrían entender mejor la naturaleza del ser humano y, especialmente, la de la mujer. Hay amor, ira, libertad y locura. Mucho humor. También dolor. Pero sobre todo hay espectáculo. Es teatro puro. Los jóvenes y las jóvenes gozarán.

– ¿Cuáles son las principales desventajas de estar sola en el escenario?
La energía que se crea sobre esas tablas la genero yo de cero. La genero con la ayuda de la luz y la de ese camastro viejo de hierro, la cama de Molly, que compró su padre en Gibraltar. No es fácil. Tengo que estar en forma emocionalmente y con las neuronas alertas. Da vértigo. Mucha adrenalina. No hay vuelta atrás. Mucha presión. Pero el público está ahí. Soy su objetivo, su centro de atención. Su presencia gozosa y su complicidad me lleva a un estado de éxtasis difícil de describir. Del 12 de Enero al 6 de Febrero. Teatro Quique San Francisco. Más información sobre horarios y precios en Magüi Mira Molly Bloom – Teatro Quique San Francisco