María Barranco, Jorge Sanz y Ana Turpin en el escenario, Gabriel Olivares como director y el prestigioso productor de cine Andrés Vicente Gómez en la producción (con su nueva compañía Lola Teatro) forman, sin duda, un equipo lleno de talento para presentarle al espectador esta obra imperdible. Una función que nos habla “de temas tan serios como dramáticos como “el precio” de las personas o el cruzar las líneas rojas vitales” desde la mejor perspectiva: el humor inteligente. Una obra cuya puesta en escena recuerda a las películas de Woody Allen, basada en el texto de otro hombre con mucho talento: el guionista Joaquín Górriz.

MARÍA BARRANCO

-¿Qué tipo de mujer es Virginia?
Es una editora literaria que no puede delegar. Es una mujer muy segura, muy empoderada y tiene “muy mala uva”. Por donde pasa “no crece la hierba”. Dice barbaridades pero las deja caer, con suavidad. Hace solo dos años que la ha abandonado su marido por otra mujer mucho más joven. Ha sacado a su hija adelante ella sola. También es una mujer muy divertida, que tiene un sentido del humor muy ácido.

-¿Qué relación mantiene con su exmarido?
Él (Jorge Sanz) es un escritor fracasado y Virginia le ofrece cambiarle la vida de la noche a la mañana amañando un concurso de novela de la editorial en la que ella trabaja. Le va a solucionar la vida “de aquella manera”. Pero no lo hace de forma altruista porque ella se llevará un porcentaje de “El Premio”. “300.000 euros”. Es la frase que le dice al personaje de Jorge cuando tiene dudas sobre si debe participar del “trato” que le está proponiendo.

«Es una comedia muy ácida y amarga pero también es muy romántica…»

 

-¿De qué temas le queréis hablar al espectador?
“El premio” es una critica social a cómo se mueve el mundo. No te puedes fiar ni de tu sombra. En todos los gremios hay trepas. Y es una critica feroz a los premios literarios dotados con una cantidad de dinero que “se supone” que están amañados de una manera u otra. Creo que todos queremos tener un premio en la vida. Y todos/as tenemos un precio, por muy digno/a que sea uno/a.

-¿Qué tipo de comedia es?
Es una comedia muy ácida y amarga pero también es muy romántica. Hay amor y desamor. Es un texto muy clásico. Como si fuera una historia de Woody Allen. Y te puedes identificar perfectamente con los tres personajes.

«La vida siempre te sorprende y hay que estar abierta a que te lleguen personajes como éste»

-Llevabas tres años sin subirte a un escenario, ¿cuáles son los principales motivos por los que has aceptado volver?
Por varios motivos: porque la dirige Gabriel Olivares. Me parece uno de los directores más brillantes. Es un Willy Wilder de la comedia. Sabe cómo sacar sentimientos de los actores. También estoy muy feliz porque Jorge y yo hemos trabajado mucho en cine pero es la primera vez que actuamos juntos en una obra de Teatro. Y trabajar con Ana Turpin está siendo un descubrimiento. Pero cuando te comprometes a hacer una función teatral, tienes que ser consciente de que implica mucho tiempo y ganas. Tienes que hacer una familia con la que convives. Yo lo sopeso mucho antes de decidirme. He podido tener la oportunidad de esperar a que llegase éste. Creo que las damas-actrices más importantes están en el Teatro. Lo mejor para mí ahora es estar en esta obra. La vida siempre te sorprende y hay que estar abierta a que te lleguen personajes como Virginia.

¿Sigues teniendo nervios o “mariposas en el estómago” durante los ensayos y antes de estrenar?
Sí, claro. Además, el día que me quite las mariposas en el estómago, tiraré la toalla. Sabes que es una responsabilidad también hacer Teatro.

-¿Esta función es recomendable para todos los públicos?
La comedia no tiene espectadores de una edad. Se lo van a pasar muy bien todos los jóvenes, además. Es apta para todos los públicos.

ANA TURPIN

Preséntanos a tu personaje…
Carla es una exalumna aventajada y muy brillante de Martin, profesor universitario, autor de novelas sin apenas éxito y que desde hace dos años es su pareja. Estudió en la facultad de Filología y trabaja ahora en un Zara. Es alegre, dulce y ambiciosa. Una mujer de la generación millenian. De 27 años, más o menos.

«Esta función es actual porque habla de micromachismos asumidos y que te hacen las personas que tienes al lado, de esas personas que “escriben bajo seudónimos”, del precio de cada uno/a»

 


¿Cómo va evolucionando Carla?
Tuvo admiración hacia el maestro y él se sintió atraído por una niña mona, con talento. Pero se va dando cuenta de que es un gran teórico pero en la práctica es muy diferente. A ella se le va cayendo el mito poco a poco. Piensa “A lo mejor no tengo que admirarle tanto a él o respetarle tanto a él, sino respetarme yo un poco más”. Se va desenamorando un poco también. Vamos a ver una evolución desde una mujer apocada, que está a expensas de su novio que está en crisis. Va a tener que remangarse y va a escribir el libro. Poco a poco se da cuenta de que el talento verdadero lo tiene ella. Además, ella le pide “compartir la autoría” y le pide un porcentaje. Y entonces descubre que “el maestro” empieza a cortarle las alas.

-¿Por qué es actual esta función?
Porque habla de micromachismos asumidos y que te hacen las personas que tienes al lado, de esas personas que “escriben bajo seudónimos”, de autorías verdaderas o falsas. De los tejemanejes que hay detrás de un reconocimiento o de un premio importante. Y que todo eso se puede trasladar a otros sectores sociales.

-¿Qué relación mantiene con Virginia, la exmujer de tu pareja?
Virginia tiene una autoestima propia de “una Diosa griega”. Él la describe como “una femme fatale” que tiene mucho poder. Ellas dos se encuentran y, gracias a Virginia, ella pone las cosas en su sitio. Parece un tiburón pero es un disfraz para poder moverse en esas esferas masculinas. Ella aparente una cosa pero es otra. Entre ellas existe la ley del péndulo porque necesitamos el opuesto en femenino para llegar a la igualdad. En el fondo Virginia está poniendo las cosas en su sitio.

-Recientemente has trabajado junto a Gabriel Olivares en “Las hermanas de Manolete”, ¿qué destacarías de él como director?
Gabriel Olivares hace suya la función que dirige. A “El Premio” le está dando un punto de comedia de Woody Allen pero en teatro. Me gusta mucho como Director porque tiene una gran capacidad de trabajo, se rodea de un gran equipo y tiene un código muy claro.

-¿Qué destacarías de la escenografía?
Es un decorado muy limpio pero muy potente visualmente porque los cambios o transiciones entre escenas se producen con los elementos que ven los espectadores. El mismo espacio se convierte en la casa de Carla y Martín y al mismo tiempo es el despacho de Virginia. Lo ves todo desde el primer momento. Hay elementos típicos de la comedia clásica como una máquina de escribir o una gran mesa que va desde mi casa al parque o al despacho de Virginia…

-¿Con qué frases de tu personaje te quedarías?
-“Un 15 % de tu parte. Se entiende”.
-“Lo justo es que firmemos los dos”.

-¿Por qué debería ir la gente joven a veros?
Es una comedia muy divertida. La gente joven ve el reflejo de la sociedad de cómo la gente nueva con talento y ganas y con menos soberbia tiene que poner “los puntos sobre las ies”. Es un texto muy dinámico, no es nada denso. Te estás riendo muchas veces pese a que trate temas dramáticos.

Fotografías de Jean Pierre Ledos. Del 13 de Abril al 29 de Mayo. Teatro Marquina. Más información en El Premio Teatro Marquina (grupomarquina.es)