La actriz protagoniza esta versión de la obra de Federico García Lorca dirigida por Juan Carlos Martel Bayod que comenta que: “Yerma no amenaza o asusta, sino que nos echa en medio de la escena, indefensos contra las realidades de una mujer a quien le brota la vida por todos sus poros y que solo encuentra muerte…”. Hablamos con María Hervás.

-En el personaje de Yerma el instinto maternal lucha contra la represión y la obligación social impuestas. ¿Es esta Yerma “una reivindicación de la libertad y de la vida”?, ¿En qué sentido?

Yerma mata la norma social cuando mata a su marido. Todo aquello que oprime la vida y la empaqueta en kits: de “la buena mujer”, “el buen hombre” o “la buena familia”. Esta nana que escribe Lorca advierte del terrible final al que se avoca toda historia de represión de las libertades.

-Has descrito a “Yerma” como una mujer férrea y temperamental. ¿Con qué otros adjetivos calificarías su personalidad?

Yerma es curiosa, vivaz, alegre, familiar, noble, honrada… y también cabezona, temperamental, muy sexual, envidiosa, hiriente, soberbia. Es un personaje complejo, porque el ser humano lo es. No me interesa salvarla de nada ni culparla por nada. Aprendo de ella y en el camino me río un poco de mí.

“No hay en el mundo fuerza como la del deseo”

-¿Cómo les presentarías a los espectadores lo que le ocurre a “Yerma” en el escenario?

Yerma vive una catarsis, un “darse cuenta” poderoso. Tras años de opresión en un matrimonio sin amor que intenta guardar las formas y, tras años de intentar ser la mujer que de ella se espera, el tercer acto es una revelación poderosa en su interior de que existe otro tipo de vida, otra mirada del mundo, de la mujer, del sexo, de la alegría. Cuando alguien toma conciencia de eso, ya no puede dar marcha atrás y volver al corsé. Y Yerma toma una decisión trágica, a la altura de su represión.

-Yerma sigue siendo una obra muy actual gracias al intelecto y la visión femenina adelantada a su época. Visión que está en muchas de las obras de Lorca, ¿estás de acuerdo?

Nos creemos que el feminismo lo hemos inventado nosotras y esto es mitad gracioso y mitad vergonzoso. Esa ficción reduccionista de nuestras antepasadas como si fueran mujeres ingenuas “sin sentires ni pensares” es en parte producto de la historia hegemónica, pero también de una sociedad que no pone mucha conciencia en entender al ser humano. A lo largo de la historia ha habido millones de mujeres que han luchado por sus derechos y por la igualdad. Si bien es cierto que Lorca retrata bien ese instinto de justicia, yo pienso que en todas las épocas ha existido. Lo terrible es que las voces de nuestras antepasadas hayan sido tan silenciadas que ahora creamos que somos nosotras las primeras feministas.

-¿Con qué dos frases de “Yerma” te quedarías?

-“Yo no he venido a este mundo para resignarme”.

-“No hay en el mundo fuerza como la del deseo”.

-¿Por qué sigue siendo necesario que los/as jóvenes vayan a ver obras como ésta?

Porque ese paternalismo que tenemos hacia los jóvenes, como si no fueran a entender al ser humano por su edad, es absurdo. Educar la mirada y la sensibilidad promueve personas más libres, empáticas y críticas y, por tanto, sociedades más justas y hermosas. Al Teatre Lliure han ido muchos institutos y mucha gente joven a vernos y han salido entusiasmados. Lo que pasa es que es un público exigente y, o bien les entretienes de verdad, con algo poderoso y auténtico, o desconectan. A ellos no se la das con queso, y por eso nos asustan y queremos creernos que no entienden el teatro.

-¿Qué destacarías de la escenografía de Frederic Amat y de la ambientación sonora y musical de Raül Refree?

¡Admiro tanto a estas dos personas!. Amat ha propuesto un espacio atemporal, profundamente evocador, un paisaje para la poesía y a través del cual espiar la vida de Yerma como hacemos con la de nuestros contemporáneos. Pone de manifiesto que todos/as somos testigos de las injusticias sociales, sin hacer nada. Refree ha dado alma al montaje. Yo le admiraba de antes, pero me sigue sorprendiendo la visión, la sensibilidad, el conocimiento profundo, la delicadeza.

Cuando habla, yo sé que tengo que escuchar. Quiero ser una actriz al mismo nivel en el que él es músico.

Completan el reparto Joan Amargós (Juan), David Menéndez (Víctor, Macho), Bàrbara Mestanza (Hermbra), Marta Ossó (María), Isabel Rocatti (Vieja) y Yolanda Sey (Muchacha).