Pablo Remón ha escrito la dramaturgia y ha dirigido estos dos acercamientos diferentes a “Tío Vania”, de Chéjov. “Lo he reescrito en dos versiones nuevas y originales (“Versión 1” y “Versión 2”), en estilos completamente distintos e  interpretadas por los mismos actores.”  En el escenario están Javier Cámara, Marta Nieto, Israel Elejalde, Juan Codina, Manuela Paso y Marina Salas. Hablamos con las tres actrices.

-¿Quién y cómo es tu personaje?

MARTA NIETO: Soy Elena. En la primera versión es un personaje contemporáneo, muy realista en la forma de entender de las cosas. Es muy honesta, profunda, intensa. Está muy cerca de las emociones. Es más cercana a mi carácter personal. Y en la versión 2 es más elástica, como el resto de los personajes. Da para jugar mucho. Se toma las cosas desde otro lugar. Tiene el mismo periplo que la de la versión 1 pero en ésta es como si Elena fuera capaz de manejar con más consciencia y con más máscara sus emociones.

MANUELA PASO: Soy Marina. Es una mujer que trabaja desde siempre en la finca de Vania. Pablo Remón lo ha “inventado” a partir de personajes como la nodriza y Teleguin de la obra original. Yo lo he traído a la realidad de cualquier mujer trabajadora actual.

MARINA SALAS: Sonia es la sobrina de Vania pero su relación es muy estrecha y “distinta”. 

-¿Cuáles son las principales diferencias entre ambas versiones?

MANUELA: En la Versión 1 veo un Vania más trabajado desde la austeridad, sin apenas acciones y dando protagonismo a las interpretaciones. Y un Vania 2 en el que la acción es más importante y realista, con una escenografía que la apoya.

MARTA: En la primera está el texto escrito para contar la esencia de la Historia y el dispositivo teatral es sencillo y muy honesto con la palabra. Hay un Pablo Remón intentando ser fiel al texto de Chéjov.

En la segunda hay un juego, una propuesta con espacios. Aquí hay un Pablo Remón más libre, que viaja lejos. La historia es la misma pero es capaz de salir y de entrar. Es capaz de viajar y volver. Es una reescritura de Chéjov en la Rusia de finales del XIX y en Castilla, en la actualidad. Un juego teatral que te permite desbordarte como actriz.

-¿Qué relación mantiene tu personaje con Vania?

MARTA: Hay algo del momento vital que tiene Vania que lo tiene Elena. El estado depresivo, el cinismo y el descontento que tiene Vania con la vida es algo que ya va sintiendo Elena por sus circunstancias. Se llevan bien, son amigos, se entienden y se ríen juntos. Aunque cada uno lo encara de manera  distinta: Vania tiene esa sensación de que nada vale y Elena intenta generar un buen ambiente. Todavía tiene ánimo y energía para aparentar. Es muy interesante su relación.

MANUELA: Marina y Vania mantienen una unión construida a base de apegos, experiencias, complicidades y una dedicación al trabajo muy loca. Se conocen muy bien, se quieren muchísimo, pero no se paran a contárselo. Siguen y siguen trabajando duro hasta que algo les cambia…

MARINA: Te hace replantearte cuáles son los vínculos entre ellos y el resto de los personajes. Podrían ser también padre e hija y se reflexiona también sobre qué etiqueta le ponemos a los distintos vínculos entre las personas.

-Según Pablo Remón, esta obra nos pregunta: “¿Quién eres? ¿Cómo eliges vivir tu vida? ¿Es tu vida una comedia o una tragedia?”. ¿Qué otras preguntas le hacéis al espectador?

MANUELA: Tiene mucho que ver con la depresión. Es como si todos los personajes estuvieran viviendo una crisis de identidad y tuvieran que llevar su dolor al extremo. Para renacer como otras personas distintas que es lo que piden a gritos. Es un despertar.

MARTA: Creo que se propone cómo realiza el espectador lo que está viendo. Dónde se fija. El abanico de preguntas que se presenta es enorme y eterno. Como buen clásico que es. Hay personajes que filosofean, que hablan de amor, del dolor, se entrelazan, tienen los pies en la Tierra. Con estas dos funciones el público tiene donde escoger. Plantea muchas preguntas y cada uno elige las que quiere contestar.

MARINA: Otra pregunta sería que ¿A quién pertenecen las cosas?, ¿Al que le pertenece o al que tiene el título o lo hereda?. En este caso hablamos de la casa. Y otra pregunta es ¿Cómo nos relacionamos con el deseo?. Habla de la vida y de los seres humanos. Da muchos matices y muchas visiones de los personajes.

-¿Cómo es el personaje de Vania en cada uno de los dos montajes?

MANUELA: En la versión 1 tiene ese componente de perdedor romántico que es muy de la obra original. Aunque te ríes mucho con su forma de ver la vida. En la Versión 2 parece más un personaje más inconformista con las circunstancias.

MARINA: Creo que es diferente. Pasa como con el resto de los personajes, que pueden dialogar entre ambas obras.

MARTA: La propuesta te da para jugar. Vania se desborda, como el resto de los personajes, en la segunda Versión.

-¿Por qué no debería perderse el público estas dos versiones?

MARTA:  Son dos versiones muy divertidas. Son dos textos exquisitos. Es una partitura delicada, afinada, divertida, sexi y, a la vez, profunda. Las dos funciones dialogan entre sí. Y es más interesante verlas y poder entrar en ese díptico bidimensional para ver hacia dónde va.

MANUELA: Va a participar con nosotros de un desafío teatral, de una experiencia única. En el mismo día una historia y unos actores se desdoblan en dos caminos. Nos lanzamos a esta experiencia con mucha creatividad, imaginación y energía.

MARINA: Porque dialogan una con la otra. Es una propuesta muy interesante y muy atractiva. Pablo quiere que el Teatro se convierta en un lugar en el que el público se une, se congrega, disfruta y goza de la expresión. Hay una energía constante de celebración. Y porque Pablo Remón es uno de los mejores dramaturgos y directores de escena que tenemos.

-También dice Remón que “Cada montaje que hacemos hoy de un clásico es una conversación con el texto original y con la herencia de los montajes precedentes. El fantasma de todos los actores que han interpretado a Vania está en el Vania particular que hace, hoy, un actor concreto.”, ¿Qué añadirías?

MARTA:  Pesa la conciencia de saber que es una obra magnífica y que ha sido tantas veces representada, las dos versiones destilan un espacio de libertad. Lejos de generarme un peso, decido sentirme agradecida de tener un juego que funciona tan bien para poder desplegarme como actriz. 

MANUELA. Estoy de acuerdo. Siempre prefiero pensar que todos esos fantasmas que nos rondan cada vez que interpretamos un clásico son los mismos que nos animan a explorar nuevas vías para llegar aún más lejos y más profundo de lo que ellos ya consiguieron.

MARINA: Añadiría que tiene que ver con que el Teatro es un arte vivo, totalmente vinculado a la vida. No se puede separar del pasado y de los referentes que tenemos.

Es una coproducción de Teatro Español y Teatro Kamikaze. Fotografías de Vanessa Rábade. Hasta el 7 de Abril. Naves del Español. (Sala Fernando Arrabal).