Daniel Veronese es el adaptador y director de esta versión de la obra de Harold Pinter. La llevan a escena Miguel Rellán (Max), David Castillo (Joey, su hijo menor), Fran Perea (Lenny, su hijo intermedio), Alfonso Lara (como Sam, hermano de Max), Juan Carlos Vellido (Teddy, su hijo mayor) y Silma López (Ruth, mujer de Teddy). Hablamos con Miguel Rellán. 

-¿Cómo es Max, tu personaje?

Como la mayoría de los seres humanos es a la vez blanco y negro y es contradictorio, ambiguo. Es posible que tampoco tenga claras sus intenciones y si, además, le pones un poco de mala uva, tienes a Max.

Como el resto de personajes no se autoanaliza. Él necesita que le reconozcan, que le admiren, que le pongan en su sitio, que le hagan caso. Dice en una escena “¿Me hablas de caballos?. Yo era una de las caras más conocidas de la pista”. En otra escena: “¿Has luchado en la guerra. ¿A quién has matado en la guerra, tú?”… Es una persona que quiere y odia a la misma persona: “He tenido una prostituta como mujer y un mariconazo como hermano”, dice en una escena.

Y en otra: “¡Qué pena que vuestra madre no estuviera aquí rodeada de vosotros tres. Estaría orgullosa!”.

-¿Qué relación mantiene con Joey, Lennie y Teddy, sus tres hijos?

Max es un carnicero viudo que vive con Joey y Lennie y con su hermano Sam. Con los hijos hay algo turbio en el currículum vital de cada uno de ellos. Lennie le dice “¡Me dabas las buenas noches!”. Hay cosas que han pasado antes y que no quedan claras. Joey y Lennie no se llevan mal. Aparece sin avisar en la casa Teddy, su hijo mayor, que es profesor de Filosofía y que está casado con una mujer atractiva que remueve los cimientos hormonales de aquella casa. Teddy se siente por encima de los demás. Es el culto, el filósofo. Joey es el más ingenuo, el que obedece todavía. Tiene las cosas menos claras. Se enamora de su cuñada, como si fuera un calentón. La quiere defender y cuidar.

-Dice Daniel Veronese que “La infidelidad, el abuso, el proxenetismo (y todo aquello que no soportamos bajo una lente convencional) nos son ofrecidos sin contemplaciones ni miramientos especiales.” 

Sí. Esta función está llena de mentiras y protagonizada por los miembros de un clan en el que todos están movilizados por la envidia y el desprecio mutuo. Son tremendos todos los personajes.

Hay un momento en el que mi personaje llega a proponer: ¿por qué no nos quedamos con Ruth y la utilizamos como prostituta?. El hijo pequeño está medio enamorado de la mujer de su hermano y no lo acepta. Lennie tiene experiencia al respecto y “puede participar”. Y ella “tiene sus condiciones”. Pinter nos plantea “¿Hasta qué extremos puede llegar el ser humano?”.

-¿Es una función que invita constantemente al espectador a reflexionar o a tomar partido?

Es como si vas por la calle y, de repente, se levanta la persiana en un bajo y vas presenciando la vida y las disputas de una familia de la que no tienes ni información ni ningún antecedente. Y el público reflexiona y divaga sobre lo que ha ocurrido. Es un trozo de vida descarnado que invita al espectador a intentar aclarar lo que está pasando, incluso después de que se ha terminado la función.

-También comenta Veronese que en escena hay instinto de sobrevivir, de ostentar poder. Instinto de intentar llegar, de atribuirse estados, de gobernar, de resistir como se pueda, de no ser querido, de evitar ser querido…

Están todos los instintos porque todos son como animales. Se mueven por instinto, sin dominarlo. Son elementales. Lo que me apetece, lo muerdo. Son primitivos como muchos. Por eso Harold Pinter es Premio Nobel, porque nos radiografía muy bien a los seres humanos. Nos iría mejor si fuéramos capaces de mirarnos menos en el espejo, de tener menos autoestima y mirar más por los demás.

-¿La escenografía es realista o simbólica?

La escenografía no es realista. Es muy simbólica. El suelo simula un ajedrez. Es un decorado con cuatro muebles, los marcos de las puertas y una escalera. Para que no distraiga sobre lo que dicen los personajes.

-Después de llevar 50 años de profesión, sigues sin parar e interpretando todo tipo de personajes, ¿Cómo te sientes al respecto?

Yo tengo 17 años. Tengo la misma ilusión que al principio. “La mejor representación es la que está por hacer”. Llevo 50 años sin saber lo que es el paro. He sido muy afortunado. Me gusta mucho mi oficio. Siempre digo que “yo no he trabajado en mi vida”. He jugado a ser otros. En los últimos meses, además de estar con la gira de esta obra, he estado grabando radio, preparando “Pedro y el lobo” con la Orquesta Nacional.  Como decía Charlot. “En esta vida sólo da tiempo a ser amateur”, como decía Charlot. Del 12 de Enero al 5 de Febrero. Teatro Fernán Gómez CCV.