David Otonne ha dirigido esta función familiar que protagonizan Natalia Calderón y Eduardo Guerrero. Una obra en la que la realidad se impone desde el principio a través de lenguajes como el clown, el slapstick o el humor gestual. Según Natalia Calderón, “se abre el mundo de la fantasía, de la ilusión, de lo mágico, para decirnos que hay mucho más de lo que parece a simple vista. Si atiendes a las señales te darás cuenta de que a tu alrededor la vida no deja de hacerte guiños”.

-Maese Pícolo y su hija Colombina recorren el mundo en carromato para hacer reír a la gente. Pero las deudas y el fallecimiento de Rosarito Pisacielos, madre de Colombina y esposa de Maese Pícolo, impiden que sean los mismos. ¿Qué más le podemos contar a los espectadores sobre lo que nos narra esta función?

Hablamos del amor. Del amor más allá de la muerte. Hablamos de sentirte vivo en esta vida que te da y te quita a cada paso. Hablamos de sentir, de agradecer, de reconocer, de añorar, de abrazarte a las personas que aquí y ahora te acompañan en esta aventura que es vivir. Es un canto al amor y un homenaje a las personas que te han acompañado en este camino. El espectáculo se plantea como un homenaje al cine mudo, con guiños al clown y a la Comedia del Arte, en el que el lenguaje visual, gestual y musical son pilares fundamentales al ser un espectáculo sin palabras.

-¿De qué forma le habláis a los niños/as sobre el amor, la supervivencia y la muerte a un niño?

De una manera honesta, natural, sin dramatismos, con humor. Los niños tienen una sensibilidad maravillosa para recibir las historias que se cuentan en teatro. Es un espectáculo para todos los públicos y su mensaje llega tanto al niño como al adulto a través de los personajes que muestran dos maneras distintas de vivir la ausencia de la madre.

«El espectáculo se plantea como un homenaje al cine mudo, con guiños al clown y a la Comedia del Arte, en el que el lenguaje visual, gestual y musical son pilares fundamentales al ser un espectáculo sin palabras…»

-No solo eres la actriz protagonista, sino también la responsable de la música y de la producción. Parece que hay mucho de Natalia Calderón en esta obra…

“Ilusia” quería nacer desde hacía tiempo. Tras el fallecimiento de mi madre, en mí se afianzó la idea de hacer de “Ilusia” un homenaje, no sólo a mi madre, sino a todas las personas que a lo largo de nuestra vida nos acompañan brindándonos su amor. Un recuerdo cariñoso y un agradecimiento profundo. Algunas de las piezas musicales que escuchamos en “Ilusia” son composiciones que escribí ex proceso para la obra y otras fueron escritas para mi madre e incluidas posteriormente. Otras piezas son obra de Marc Álvarez, un compositor maravilloso con quien ya tuve la suerte de trabajar en “La Calderona”. El resto de piezas han sido seleccionadas por nuestro director, David Ottone, que tiene una intuición maravillosa a la hora de seleccionar el repertorio musical. Efectivamente, de nuevo, vuelvo a producir. Creo que es muy interesante que las mujeres seamos también productoras de nuestras creaciones. En esta ocasión soy coproductora de “Ilusia” junto a Mabel Caínzos, que lleva la producción ejecutiva. Que Mabel decidiera unirse a esta aventura ha sido providencial y definitivo para el proyecto.

En esta obra, como en las otras que he producido (“Nano Cabaret”, “La Calderona” o “27 Espectáculo Poético Musical”), mi trabajo como actriz protagonista me permite sacar mi lado más creativo y poder construir personajes ricos en matices a partir de historias hiladas junto al equipo creativo de la obra.

-¿Qué margen deja la realidad a la fantasía en “Ilusia”?

La realidad se impone desde el principio: Rosarito Pisacielos ya no está junto a Maese Pícolo y su hija Colombina. Este es el jarro de agua fría. A partir de aquí se abre el mundo de la fantasía, de la ilusión, de lo mágico, para decirnos que hay mucho más de lo que parece a simple vista. Si atiendes a las señales te darás cuenta de que a tu alrededor la vida no deja de hacerte guiños. Es emocionante y auténtico. Y en “Ilusia” vemos toda esa vida frente a nuestros ojos, sucediendo al mismo tiempo, superponiéndose una y otra vez en un juego mágico de realidad e ilusión que llegan a integrarse en una sola corriente.

-¿Cómo se lleva la fusión en escena entre una persona y un títere?

Aquí he tenido la suerte de ser guiada por mi compañero, Eduardo Guerrero, que, a parte de ser un gran actor, es un maestro en el trabajo con títeres y la manipulación de objetos. Es una experiencia maravillosa. Es pura magia. La interpretación siempre me conecta con un verso de Pedro Salinas que dice “que hay otro ser por el que miro el mundo(…)”… En el trabajo con títeres esto se hace especialmente presente y es sobrecogedora la conexión que se establece entre el títere o el objeto y la manipuladora. Indescriptible.

¿Qué se aprende trabajando al lado de un director como David Ottone, que ya te dirigió en “La Calderona”?

Es un lujo absoluto. Aprendes a mirar de otra manera el arte de hacer teatro. Es un gran director de escena. A través de su sensibilidad y de su capacidad para encontrar la manera ideal de contar la historia, establece una relación libre y abierta con cada intérprete, alentándote a dar lo mejor de ti misma… Aprendes a lanzarte, a no tener miedo de proponer, a bucear en los personajes con libertad… Y, por supuesto, gracias a su conocimiento del trabajo gestual y del ritmo de la comedia, aprendes a dar más significado a tus movimientos, a economizar gestos y a llevar las riendas de los momentos cómicos.

«El mensaje de la función llega tanto a los niños como a los adultos a través de los personajes que muestran dos maneras distintas de vivir la ausencia de la madre…»

– ¿Qué tipo de humor hay en escena?

En “Ilusia” nos encontramos con lenguajes como el clown, el slapstick o el humor gestual. Chaplin y el cine mudo, en general, son dos de las grandes influencias en este espectáculo.

-Además, es una escenografía en la que los objetos también son grandes protagonistas…

Cierto. La escenografía nos lleva al mundo de los personajes. Nos cuenta cómo son, nos habla de su profesión, nos muestra sus sentimientos y emociones. Cada elemento nos aporta información y puede transformarse en una animación que nos acerque al mundo de la fantasía.

-¿Es más importante que nunca que las familias acudan a ver estos espectáculos optimistas y destinados a todos los públicos?

Creo que es muy hermoso poder crear espectáculos que permitan a todos los miembros de una familia disfrutar de un tiempo juntos. Me siento feliz de haber creado “Ilusia” junto al equipo que siempre me acompaña con la idea clara de abrazar a niños y adultos en este viaje maravilloso. Ser optimista no implica ser superficial, sino buscar con más insistencia para encontrar la luz donde pareciera que solo hubiera un rincón oscuro. Ilusia no da la espalda a nada; ríes, lloras, te sorprendes, te asustas, te emocionas… Vivir aquí y allá con amor. Teatro Alfil. Más información en Teatro fantástico de objetos | para todos los públicos | ILUSIA | Teatro Alfil