NATALIA MENÉNDEZ (actual directora artística del Teatro Español y de las Naves del Español) ha dirigido a Mona Martínez y Carmen Barrantes en esta coproducción del Teatro Español y Octubre Producciones, basada en el texto de Esther F. Carrodeguas. Una obra sobre dos hermanas que llenaban de color y de alegría las calles del Santiago de Compostela gris de los 50 y 60 y que, pese a no pertenecer a ningún partido político, fueron vejadas, despreciadas, aisladas, tratadas injustamente… Una obra sobre “la intimidad de estas dos hermanas, sus gustos y disgustos, sus miedos y deseos, su amores platónicos y los prohibidos, sus anhelos…que siguieron saliendo a la calle a pasear a las dos en punto hasta que murieron”.

-Maruja y Coralia Fandiño Ricart –conocidas como “las Marías”, “Las dos en punto” o “Cara de palo” de Santiago de Compostela– caminaban día tras día a las dos de la tarde siendo esa bandera arcoiris que contravenía el gris de la dictadura franquista en la capital gallega… ¿qué más les podemos contar a los espectadores sobre lo que nos narra esta obra?

Ellas fueron coloristas antes de la Guerra y después, entendían la vida con color. De padre zapatero y madre costurera, en una familia de siete hermanos. Ellas siguieron la estela de su madre, fueron unas grandes costureras hasta que estalló la Guerra. Fueron castigadas y ultrajadas por tener unos hermanos anarquistas. La burguesía de Santiago de Compostela les cortó el grifo, no volvieron a trabajar nunca más. Fueron ayudadas por Cáritas y por su barrio, Espíritu Santo, donde vivían. Se mantuvieron erguidas hasta que murieron ya mayores. Pasearon todos los días a las dos en punto, muy maquilladas, siempre hacían el mismo recorrido, si acaso lo variaban cuando llovía. Ellas caminan con un aire infantil, insolentes, orgullosas, estrafalarias, singulares. Se convierten en bufonas de una sociedad que se ríe de ellas y con ellas, y nos cala más hondo.

La obra ficciona un episodio en el que las hermanas empiezan a distanciarse entre sí cuando descubren otra manera de vivir, eso les conducirá hacia trágicas consecuencias.

“Estas mujeres no tuvieron un compromiso político y, sin embargo, fueron tratadas como si lo tuvieran. El mal arrasa. Somos responsables de cambiar esta forma de actuar…”

– Estas dos hermanas fueron muy conocidas en Santiago de Compostela, ciudad en la que hay dos estatutas de ellas, además, y tienen una increíble historia vital detrás… ¿Qué partes de su vida veremos en escena?

Tal vez veamos más de lo que muchos pudieron saber de las reales. Las escritora hizo un trabajo de investigación para ponerse a escribir. A partir de ahí dejó volar su imaginación y creo que esta tragicomedia es conmovedora así como poética y sutil.

Paseamos por dos etapas, una que recoge los años cincuenta y otra, que es la de los años ochenta. Aporta la intimidad de las hermanas, sus gustos y disgustos, sus miedos y deseos, su amores platónicos y los prohibidos, sus anhelos…

-¿Qué tipo de mujer es Coralia? ¿Qué personalidad tiene Maruja?

Ambas son infantiles y singulares. Han sufrido el maltrato, la represión y la injusticia. Maruja es la mayor de las dos, habla mucho, sobre todo cuando está nerviosa. Lleva en sus espaldas la losa de encargarse de los más pequeños de una familia de siete hermanos, educados desde un sistema patriarcal que adolecía de la capacidad de disfrute. Siente devoción por su hermano mayor. Le fascinan las imágenes de las vírgenes, tal vez porque es a lo que ella quisiera aspirar. Era una gran costurera, adoraba su profesión. Sabe vivir con muy poco, le falla la vista. Tiene miedo, mucho miedo. Se enamora platónicamente de estudiantes y siente hiel cuando no se ve correspondida… Coralia es menor que Maruja, se siente muy acogotada por ella. Dice tacos. Quiere variar el recorrido de “Las dos en punto” al que le obliga su hermana. Le gusta reír, bailar y cantar. Tiene hambre y busca qué comer. Aspira a otra vida, no se conforma. Se enamora platónicamente, y sueña con verse casada. Le encantaría fumar, pero su hermana no le deja. No conoce el mar y quiere ir a verlo…

– Esta función nos habla de ganas de vivir, de libertad, de dignidad, de los “daños colaterales” de las guerras…

También habla de la educación patriarcal tan injusta para la mujer. Y trata a esas personas que son juzgadas sin haber hecho nada malo. Estas mujeres no tuvieron un compromiso político y, sin embargo, fueron tratadas como si lo tuvieran. El mal arrasa. Somos responsables de cambiar esta forma de actuar.

Entendemos que esto que les pasa a estas dos hermanas les ha sucedido a millares de mujeres en el mundo y que, al concretar, esta historia se hace más universal. Duele. Nos duele. Esta ficción nos permite descubrirlas de otra manera y nos posibilita imaginar otras historias en ésta; lo particular se vuelve ilimitado.

– La autora de esta obra, Esther F. Carrodeguas, la describe como “una fantasía terrorífica, una historia de violencia y de valentía, una historia sobre la locura necesaria para vivir en este mundo de locos…”, ¿estás de acuerdo con esta definición? ¿Por qué?

Creo que el luchar contra la marea tiene un enorme coste. Estas dos hermanas lo pagaron y con creces. Las consecuencias de una educación patriarcal, los diferentes abusos y vejaciones, sumados a la burla diaria, pasan factura. Sin embargo, tuvieron el pundonor y el coraje de mantenerse erguidas. Yo diría que fueron singulares.

– Háblanos por favor de la escenografía de Elisa Sanz, de los audiovisuales y de los elementos escénicos…

El montaje es ecléctico en sus diversos estilos teatrales, está apoyado por la video-escena: en ocasiones video-documento, y en otras vídeo más poético. El humor es tierno, grotesco, amargo, lo podemos apreciar en el vestuario de Elisa Sanz. La dirección actoral es precisa y detallista. El trabajo corporal de Mónica Runde es variado, provocado por la escenografía móvil y por lo que el texto sugiere; estas dos mujeres caminan de muchas maneras, una de las ellas baila, se baña en el mar, hay una playa… La luz de Juanjo Llorens y la música de Ana Villa apoyan las sensaciones de miedo y deseo.

El espacio parece que camina con ellas, con la luz que las guía, las detiene, las inunda. Las décadas de los 50 y los 80 pasan ante nosotros con el vestuario, con bailes regionales, silencios abruptos y espacios sonoros que nos muestran la punta del iceberg, un puzzle, para que cada espectador lo complete.

– Si pudieras invitar al público joven a que se acerque a disfrutar de esta obra, ¿qué les dirías?. ¿Por qué es necesario que conozcan las nuevas generaciones historias como ésta?

Si se han sentido alguna vez despreciados, anulados o encarcelados en su propia casa y quieren saber cómo dos personas consiguieron no ser olvidadas ni invisibles, aunque fuera a costa de muchas cosas, les sugiero que vayan a ver “Las dos en punto”. (Fotografías de Jesús Ugalde). Del 22 de abril al 23 de mayo. Naves del Español (Sala Fernando Arrabal). www.teatroespanol.es