Guillem Barbosa, Pilar Castro, Arnau Comas, Natalie Pinot, Alberto San Juan y Guillermo Toledo llevan a escena en el Teatro María Guerrero esta función basada en la magnífica obra “El chico de la última fila” de Juan Mayorga. Les ha dirigido Andrés Lima. La obra narra que un profesor de Literatura de un instituto se desespera corrigiendo las redacciones de sus alumnos hasta que llega a la de aquel chico silencioso que siempre se sienta en la última fila. El impulso y la afilada capacidad de observación que transmite el texto despertarán en él contradicciones, sueños y viejas frustraciones. Desde este momento, entre el alumno prodigio y su profesor nacerá un vínculo tan intenso como peligroso. Una extraña relación que acabará en una espiral perversa de fascinación, erotismo y expectativas irrefrenables. La actriz NATALIE PINOT da vida a la mujer de este profesor en esta versión. Con ella hablamos.

-¿Cómo les presentarías tú a los espectadores lo que nos narra esta función?

Un chico de 17 años, que sueña con tener otra familia, se introduce en la casa de su compañero de clase y, a través de las redacciones que escribe para su profesor de literatura, descubre todos los secretos de esa casa. Termina introduciéndose en la intimidad de todos los personajes de la obra, incluidos el profesor y su mujer. Su presencia provoca o destapa en todos una profunda crisis.

-¿Cómo es Juana, tu personaje?

Mi personaje es una galerista de arte contemporáneo. Es la mujer de Germán (Alberto San Juan), el profesor de literatura del instituto de Claudio (el chico). Al empezar la obra estoy en un momento de incertidumbre personal porque estoy a punto de perder mi galería y amo mi trabajo. Poco a poco entro también en crisis con Germán ya que, aunque es mi compañero de camino, no entiende mi visión del arte y de la vida. Él es profundamente clásico y vive entre sus libros. A su vez también me voy fascinando por los relatos de Claudio que me convierten en “voyeur”, a mi pesar. Ejercen sobre mi una atracción fatal y provocarán en mí una transformación.

-Según Andrés Lima, esta función nos habla de la educación de los profesores a los alumnos, de la educación de los padres a los hijos, de las madres a los hijos, ¿de qué otros temas?

Es una obra fascinante porque habla de infinidad de temas como la frágil división entre la realidad y la ficción; de como la literatura, la filosofía y las matemáticas nos abren mundos imaginarios, de las crisis que esconden las parejas longevas y de las familias. De lo clásico y lo contemporáneo, de la frustración en el arte, de cómo la pasión por los libros y sus historias pueden llegar a obsesionarnos más que nuestra propia realidad. De la fatal atracción hacia lo destructivo…

-¿Qué es lo que más te conmueve de “El chico de la última fila”?

Me conmueven todos los temas de los que trata, los personajes están tan bien escritos que te puedes identificar con cada uno de ellos. También me conmueve esa pasión por la literatura que guía al texto porque amo los libros, forman parte de mi vida y no podría vivir sin ellos.

-¿Qué tipo de relación mantiene tu personaje con los otros personajes?

En mi relación con Claudio (el chico) siento por un lado miedo, pues intuyo que es un chico peligroso, y por el otro atracción. Me seducen sus relatos, despierta mi instinto maternal porque Germán y yo no hemos tenido hijos, pero también me seduce como mujer. Siento fascinación por la historia de amor que desarrolla con Esther, la madre de Rafa, el otro chico. Me identifico con este último pues Claudio no le hace mucho caso en toda la primera parte de la obra, al igual que tampoco me siento comprendida por Germán. A través de Rafa padre y de Esther, veo también cómo es mi relación con mi pareja.

Según su autor, “es una obra sobre padres e hijos, sobre maestros y discípulos, sobre personas que han visto demasiado y personas que están aprendiendo a mirar. Una obra sobre el placer de mirar las vidas ajenas y sobre los riesgos de confundir lo vivido con lo imaginado, una obra que quiere hacer teatro del acto mismo de imaginar. Una obra, en fin, sobre los que eligen la última fila: aquella desde la que se ve todas las demás…”. 

– Dice Juan Mayorga que la obra se centra, sobre todo, “en el deseo que tenemos de imaginar las vidas de los demás y de imaginarnos a nosotros mismos viviendo esas vidas…”

Sí, estoy de acuerdo. Esta obra es tan rica que se puede ver desde muchos ángulos. No es de extrañar que se haya traducido a tantos idiomas y que se haya representado en tantos países, con tantas versiones.

– ¿Qué nos puedes decir sobre los elementos escénicos?

La puesta de Andrés Lima es magistral, estar allí es como vivir un sueño, tanto para nosotros los actores como para el espectador. La escenografía de Bea San Juan es espectacular a la vez que sencilla, el trabajo de Marc Salicrú en iluminación, Miriam Compte en vestuario y Jaume Manresa en el espacio sonoro son fabulosos.

Me siento increíblemente afortunada por estar en esta función y es un reencuentro con Andrés con el que adoro trabajar y soy feliz de estar junto a Alberto San Juan, Pilar Castro y Willy Toledo a los que conozco desde hace muchos años y con los que siento una profunda conexión. Guillem Barbosa y Arnau Comas (los chicos) a los que no conocía, son maravillosos. Es un gozo permanente trabajar con todos ellos. Hasta el 8 de noviembre. Teatro Mª Guerrero. www.dramatico.es