Laila Ripoll es la directora y adaptadora de la primera producción del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, que versiona y dirige ella como directora artística del teatro.
La llevan a escena Silvia de Pe, Paula Iwasaki, María Álvarez, Elisabet Altube, Carolina Rubio y Clara Cabrera.  “Luisa Carnés, considerada “la más importante narradora de la generación del 27”, traza en esta novela un relato construido a partir de unos personajes claramente definidos, tratados con humanidad y comprensión. La adaptación al teatro ha sido natural, ya que la historia se entreteje a partir de las conversaciones, los anhelos y los sueños de estas mujeres que poseen caracteres y personalidades magistralmente retratados…”, comenta Laila Ripoll sobre esta función.

SILVIA DE PE

-“Tea Rooms” cuenta la historia de varias mujeres, empleadas de un distinguido salón de té cercano a la Puerta del Sol. Son mujeres acostumbradas a obedecer y a callar, acostumbradas a estirar un jornal que no da ni para comprar un billete de tranvía, son mujeres que sufren, que sueñan, que luchan, que aman…” ¿que añadirías sobre la historia de esta obra?
En esta historia sobre mujeres obreras, también se vislumbra una época y una realidad laboral concreta en España. Habla de unas mujeres luchadoras, valientes y supervivientes, aunque también tremendamente frágiles. Son unas supervivientes, aunque cada una lucha a su manera.

-¿Cómo definirías a Teresa, la encargada de este salón de té?
Es una víctima más. Aunque no lo parezca, es una mujer tremendamente frágil también, como el resto de los personajes, pero su manera de sobrevivir en ese mundo laboral hostil es siendo el perro fiel del jefe, su sierva, sus ojos y sus oídos, aunque sabe que su cuerda también es floja. Se comporta de una forma muy tiránica, para ganarse el favor del propietario. Una mujer de doble moral y con sus objetivos muy claros. Fuera del trabajo es una mujer seductora y algo excéntrica.

-Dice Laila Ripoll que “La juventud, la alegría, la energía de los personajes contrasta, a veces, con sus tristezas, con la desgracia imprevista, con los sueños por cumplir y también con los que no se cumplirán nunca. En definitiva, un texto que conserva una vigencia absoluta y con el que nos podemos ver reflejados”, ¿de qué temas hablan estas mujeres en este salón de té?
Del trabajo, de los sueños, del hambre, de las ilusiones, de la muerte, de la pobreza y de la dignidad.
Son personajes muy distintos y con unos motores muy diferentes pero siempre son mirados sin juzgar y con respeto por la autora. Te hace comprender, a través de sus descripciones, las realidades de todas.

-En la presentación de esta función se dice que “es una novela esencial para acercarse a la realidad de las mujeres españolas de comienzos del siglo XX…”, ¿qué crees que nos puede aportar a las mujeres del siglo XIX?
Es una invitación a la reflexión.

-¿En qué no hemos evolucionado todavía hoy?
En el clasismo, en el machismo…y también aún queda mucho que mejorar en todo lo que
respecta a la relación mujer y trabajo, en lo laboral.

-¿Cómo describirías los elementos escenográficos?
Son muy realistas. La escenografía de Arturo Martín Burgos tiene algo muy cinematográfico, ambientado también con la videoescena de Emilio Valenzuela.

-¿Por qué no deberían perderse esta obra los jóvenes de la actualidad?
Habla de valores importantes como la igualdad, la solidaridad, el feminismo. Es una obra que
emocionará e invitará a la reflexión. Una pequeña joyita.

PAULA IWASAKI
-¿Quién y cómo es Matilde?
Es el alter ego de la escritora Luisa Carnés. Es una mujer muy discreta, prudente, observadora. Es el personaje por el que conoceremos el punto de vista de la autora. Tiene un sentimiento de empatía y comprensión hacia todas y muestra sin escrúpulos su desacuerdo, su incredulidad y su espasmo hacia lo que considera desproporcionado e injusto. A veces no puede evitarlo y verbaliza lo que realmente piensa. Pero en la mayoría de los casos, toda su sorpresa la evidencia desde el silencio.

-¿Cómo les contarías a los espectadores esta historia?
La historia gira en torno a las mujeres trabajadoras que están en la parte de atrás, emplatando, limpiando, empaquetando, reponiendo…Trabajaban diez horas al día por tres pesetas. Ganaban 21 pesetas semanales por más de 60 horas de trabajo a la semana. Esta situación laboral, las desigualdades internas y, por tanto, la lucha por la supervivencia de las protagonistas de la obra, es el disparador del devenir de los acontecimientos de toda la trama.

-¿De qué nos hablan estas mujeres?
Hablan del miedo a volver andando a casa por la noche después de salir de trabajar muy tarde y a una hora a pie de distancia desde el centro de Madrid, porque el tranvía era muy caro. Hablan del hambre de sus familias. Hablan del adulterio, del aborto y del acoso en el trabajo. Pero también hablan de solidaridad, y bailan y cantan cuando los jefes no están.

-¿Qué crees que desgraciadamente sigue vigente para las mujeres actuales?
Que un personaje de la obra hable del miedo a volver a casa andando sola por la noche después de trabajar o que compartan entre ellas el sentirse aliviadas de que su jefe no les haya hecho sentirse acosadas hasta el momento son cuestiones que me siguen poniendo los pelos de punta, entre muchas otras sobre las que no hemos cambiado. Compartir este trabajo con el público es una manera de seguir reflexionando juntas y juntos, y compartir preguntas que no debemos dejar de hacernos si queremos seguir evolucionando hacia una sociedad más justa e igualitaria.

-¿Cómo describirías los elementos escenográficos?
Se va a recrear una auténtica pastelería de los años 30. Habrá platos que van y vienen, el ajetreo de los pedidos en los mostradores, el olor a dulces y bollería… También habrá proyecciones de vídeo esenciales para la concepción del espacio. El público va a vivir la sensación real de vivir una jornada de trabajo en el interior de un salón de té.

-¿En qué se está centrando Laila Ripoll con vosotras como actrices?
Trabajar con Laila está siendo un verdadero goce. El espacio está concebido para que el público lo disfrute a tres bandas, y mientras trabajabamos las escenas, Laila las observaba desde todas las perspectivas que tendrá el público, va moviéndose y sentándose en distintos sitios para no pasar por alto ningún ángulo. Nos está dando una libertad inmensa para proponerle ideas y nuestra visión del personaje. Es muy generosa con todas y nos recuerda continuamente que las fisuras y contradicciones de cada uno de los personajes son hermosas y coherentes. La mirada inteligente de Laila fuera de escena es la que nos ha dado plena confianza y libertad a las seis actrices que estamos en el escenario. Fotografías de Marcos GPunto.  Hasta el 30 de abril. Teatro Fernán Gómez (Sala Jardiel Poncela). Más información en Inicio | Teatro Fernán Gómez (teatrofernangomez.es)