RAMÓN BAREA dirige y protagoniza esta versión de la obra de Fernando Fernán Gómez que presenta como “El viaje a ninguna parte nos habla de una forma de ejercer la profesión de cómico en una compañía ambulante. En realidad nos habla del oficio. La novela en la que se basa la obra está escrita por un cómico, hijo de cómicos, criado entre cómicos, y sabe de qué habla, cómo habla, por qué habla. Tiene memoria. Tiene vida…”

 

-Comentas que “El viaje a ninguna parte “es un homenaje a la profesión. Un oficio vocacional donde los haya…Y se ha convertido en una metáfora permanente de este arte del Teatro que renace en cada función”, ¿qué más le podemos comentar al espectador sobre la historia de esta emblemática novela?

Es una historia de perdedores, de la lucha por la supervivencia, de las piruetas cotidianas, del autoengaño. Yo creo que por eso este texto permanece y llega a generaciones diferentes porque nos reconocemos en él, aunque hable de cómicos ambulantes.

«Muchas de las frases de la obra nos recuerdan directamente a Fernando Fernán Gómez. Parece que fuera el oculto apuntador de los personajes…»

-¿Cómo es Don Arturo, el que fuera primer actor y director de la compañía de cómicos y protagonista de esta obra?

Don Arturo es el representante de la permanencia, de la obstinación. Él sabe que esta forma de ejercer el oficio está dando sus últimas bocanadas pero resiste a pesar de todo. Dice frases tan magníficas como “¿“Suspender?. ¡Nunca!. Esta tarde se representa “Claves para Margarita”, sin claveles y, si la cosa se pone mal, sin Margarita!”.

-¿A qué tipo de viaje invitáis al espectador?

Es un viaje sentimental. Conmovedor. La obra no habla sólo sobre el teatro, habla sobre la capacidad de supervivencia. Sobre el arte. Sobre el pan nuestro de cada día. Sobre los cambios sociales. Todo ello bajo el filtro del humor y de la ironía.

-¿Está presente en la adaptación teatral el sentido del humor tan peculiar y característico de Fernando Fernán Gómez, su autor?

Sí, claro. Esta obra que fue primero folletín radiofónico, luego novela, luego película, y ahora obra de teatro tiene algo inamovible que es el pálpito, la palabra de Fernando, y, por supuesto, su sentido del humor. Muchas de las frases nos recuerdan directamente a él. Parece que fuera el oculto apuntador de los personajes.

-Después de haber interpretado cientos de personajes en cine, teatro y televisión, me imagino que ya eliges tú a los personajes que vas a llevar a escena. ¿Por qué decidiste interpretar y dirigir esta adaptación teatral?

Porque la historia, en todos sus formatos, siempre me ha impresionado. Porque he sido lector de las cosas de Fernando Fernán Gómez, y porque el Teatro Arriaga me propuso dirigir un montaje como producción propia del Teatro y allí puse sobre la mesa este viaje. Ha sido y está siendo un regalo. Y con un elenco que yo amo y que va a causar sorpresa en los espectadores.

-¿Qué ventajas tiene el dirigirse a uno mismo en una obra de teatro?

Pues, no muchas, no te creas. Se sufre en ese desdoblamiento. Ser tu propio director, si eres exigente, es bastante doloroso. La confianza y lacomplicidad del equipo lo ha hecho todo más fácil.

Me acompañan en escena los actores Patxo Telleria, Mikel Losada, Itziar Lazkano, Irene Bau, Aiora Sedano, Diego Pérez y Adrián Garcia de los Ojos.

-¿Por qué crees que sigue siendo necesario reivindicar vuestra profesión u oficio de actores de teatro?

Porque somos algo más que simple materia contratable. Porque siempre se está vigilante y siempre volviendo a empezar, siempre en la inseguridad, siempre con el cambio social, superviviendo siglos y siglos, en crisis creativa permanente. Y siempre es reflejo del desarrollo social. Pensando en plural, en “nosotros”. El actor se inmola en cada función para renovar el rito del teatro, para que el público se purifique. Vocación junto a inseguridad… ¡Qué oficios, qué oficios!.

-¿Qué destacarías de la escenografía y del vestuario?

El espacio de José Ibarrola es un acierto. Evoca una especie de trastero, de cuarto de atrezzo, de almacén en el que van quedando objetos y restos de escenografías. El vestuario de Betitxe Saitua, la música y el espacio sonoro de Adrián García que, además de actor, es músico y toca en directo. Creo que la puesta en escena ha abrazado al texto con mucho cariño. Hay magia.

-Eres también el Director de Pabellón 6, en Bilbao, que es un centro de creación teatral y un laboratorio teatral para profesionales de las artes escénicas muy popular, ¿qué has aprendido desde allí durante estos casi dos años que llevamos de Pandemia?

Que el espectador de teatro es fiel. Que, a pesar del miedo y de la precaución, el público de teatro ha seguido acudiendo a los espacios. Nosotros no hemos parado desde junio del pasado año, con medio aforo. Nos hemos sentido como una especie de “teatro de guardia”. Y ahí seguimos.

-Termina esta frase: “Vivir sin Teatro es…

…no querer saber nada de nosotros mismos”.

“El viaje a ninguna parte” es una producción del Teatro Arriaga de Bilbao en coproducción con el Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Del 23 de septiembre al 3 de octubre. Teatro Fernán Gómez. El viaje a ninguna parte | Teatro Fernán Gómez (teatrofernangomez.es)