Els Joglars presenta esta divertida función coincidiendo con dos celebraciones: sus sesenta años de trayectoria y el décimo aniversario de Ramon Fontserè al frente de la dirección de la veterana compañía. Hablamos con él.

-Das vida a un catedrático de clásicas destituido de la Universidad. Vive en un centro de salud mental y se cree el personaje de Aristófanes durante los ensayos de una obra de este autor. ¿Qué más podemos contarle a los espectadores de la de este personaje?
Este catedrático acaba en un centro de reeducación psicocultural después de ser expulsado de la Universidad en la que estaba dando clases de Clásicas. Acaba en el centro porque no sigue los preceptos exigidos por los alumnos. Por eso imagina al dramaturgo griego como modelo de libertad frente a una sociedad cada vez más repleta de tabús intocables.

«El miedo a ser el señalado en las hogueras de las redes, en muchas ocasiones puede activar la autocensura que como artistas es aún más peligrosa que la propia censura social»

-En escena habláis sin tapujos de sexualidad, de redes sociales, de infantilismo, ¿de qué otros temas?
Del arte. De la necesidad de la controversia como espacio de encuentro y debate. De colocar en tela de juicio a los preconcebidos y, como siempre, del humor.

-Presentáis esta obra como una “reivindicación de la libertad de expresión y del arte en una sociedad en la que el arte debe ser correcto, fácil y que no haga daño”. ¿Por qué es necesario seguir defendiendo actualmente estos derechos?
Recordamos que las artes son un medio para reflexionar y no un tablón moral. Una de las funciones de nuestro oficio es, con la máxima gracia, belleza, ingenio y malicia poner en solfa los tabúes de la sociedad y de los poderosos.

 

-¿Vivimos en una sociedad con muchas menos libertades, más “protectora” y mucho más censuradora y “moralizadora” que la de hace 10 años?
La censura siempre ha existido y normalmente siempre ha sido desde el poder, pero a día de hoy las redes han dado voz a personas que, bajo el anonimato en muchas ocasiones, se han convertido en los nuevos censores. El miedo a ser el señalado en las hogueras de las redes, en muchas ocasiones puede activar la autocensura que como artistas es aún más peligrosa que la propia censura social. El problema es que actualmente todo está minado y uno no puede dar un paso sin que le explote una ofensa. Pero hay que resistir.

-Este año celebráis vuestro 60 Aniversario y os habeis convertido en la compañía en activo más antigua de Europa, ¿Cómo te sientes personalmente al respecto?
Este logro es gracias a Albert Boadella, nuestro maestro y amigo. Él ha hecho posible que esta compañía se haya convertido en lo que es. No ha habido ni habrá muchos artistas como Albert Boadella y, por consiguiente, yo me siento con una gran responsabilidad para que la Compañía siga en activo muchos años. Albert Boadella sigue siendo la mirada cómplice a quién acudo, a quien pido consejos y él siempre atiende muy generosamente mis llamadas.
Completan el reparto Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xevi Vilà, Alberto Castrillo-Ferrer y Angelo Crotti.