“Esta obra nos habla de un paleto que toma el poder y que solo siente pasión por mandar. De un poder triunfante y devastador. Un poder impune. Y también habla del pasado y del presente, de cómo uno conforma al otro”, comenta Roberto Enríquez sobre esta función dirigida por Pilar Valenciano. Beatriz Argüello, Fernando Delgado-Hierro y María Ramos le acompañan en el escenario.

-En el escenario nos narráis que “Un hombre entra en un burdel buscando un nexo con su pasado, pero encuentra una realidad más sórdida… y quizá también lo que andaba buscando, mezclado con los restos del naufragio, encarnado en el cuerpo y la presencia de una prostituta. Pero alguien mira: El perro del teniente…” 

En esta historia hay una víctima, elegida para el sacrificio. La víctima cree que la prostituta es su gran amor de juventud, y ella lo alimenta. La Madame del burdel que organiza el juego con eficacia y discreción y el verdadero cliente, el que mira, el que paga, el que pega.

-¿Quién y cómo es “Cuatro”?

Es el poder devastador, sin misericordia. Alguien que fue maltratado, que fue dañado. Llega al poder y no está dispuesto a que nadie le saque del lugar que tanto le costó conquistar. Un enfermo que alivia su dolor causándole dolor a otros.

-Comenta Pilar Valenciano que esta función intenta encontrar “Un lugar parecido a un mundo que reivindique la dignidad, la humanidad, que rechace la violencia y el abuso de poder y que otorgue al ser humano la divina providencia de inventar y contar historias para ser mejores..”, ¿Qué añadirías al respecto?

Esta pieza habla del pasado, de la adolescencia o primera juventud y de los referentes de esa época. En este caso la figura de los padres es determinante en el presente.

-“El perro del Teniente” nos habla de la miseria que obliga a una parte a ser protagonista y el abuso de poder económico, militar y de estatus que hace protagonistas a otros. ¿Es este el principal tema del que queréis hablarle a los espectadores desde el escenario?

Sí, como un paleto que toma el poder y que solo  siente pasión por mandar. Un poder triunfante y devastador. Un poder impune. Y también habla del pasado y del presente, de cómo uno conforma al otro.

-¿Tu escena favorita…?

El momento más emocionante es cuando mi personaje, después de cumplir todas sus perversas fantasías (de consecuencias letales para otros), se encuentra con el vacío de no saciarse con nada.

-¿Por qué los cuatro protagonistas de esta obra se llaman con números?

Creo que Josep M. Benet, su autor, utiliza los números, igual que utiliza los lugares indeterminados y las lenguas indeterminadas, como una manera de hacer atemporal y universal esta historia.

-También comenta la directora que “Benet supo que no somos nada sin memoria, que todo cambia y que es importante aprender de las lecciones del pasado, es fundamental el legado…”, ¿estás de acuerdo?

Sí, creo que la memoria es muy importante en la pieza.

-¿Qué destacarías de la escenografía de José Luis Raymond?

El maestro Raymond construye una escenografía perfecta para que ocurra el juego. Es un burdel con espejos mágicos que dejan ver sin ser visto. Un espacio para los que actúan y otro para los que espían. Con líneas muy básicas y muy esencial.

Es una coproducción de Teatro Español y Entrecajas. Fotografías de Vanessa Rábade.