ROBERTO ENRÍQUEZ da vida a Gennaro Jovine, uno de los protagonistas de esta versión de la famosa obra de Eduardo de Filippo, que fue estrenada por primera vez al acabar la segunda guerra mundial. Antonio Simón ha dirigido esta versión de esta magnífica función sobre la necesidad de recuperar “la sencillez y los valores humanos, incluso viviendo en las peores circunstancias posibles…” Según él, “en el homenaje póstumo a Eduardo de Filippo, Strehler, otro grande, dijo que la obra de Eduardo es un homenaje a la ejemplaridad de las personas sencillas, normales, que con sus actos señalan la dirección de las buenas costumbres democráticas…”.

– ¿Cómo es Gennaro Jovine, tu personaje?

Creo que son dos personajes dentro de uno o un personaje que sufre una transformación tan brutal que de la primera parte de la obra a la segunda no tiene nada que ver. Es un conductor de tranvías pero también es un filósofo natural y un sindicalista. Tiene muchas caras y puede ser tan cómico como mezquino. En el escenario se nos cuenta su katarsis que es también la de su familia. 

-¿Qué le ocurre cuando regresa en 1942 a ese bajo de Nápoles en el que reside su familia?

Gennaro ha estado un año y medio fuera de su casa. Consiguió escapar del campo de trabajo nazi al que le mandaron y, tras pasar por mil penalidades y ver cosas horribles causadas por la segunda Guerra Mundial, regresa a casa. Cuando vuelve, dice “Tengo 52 años y solo ahora soy un hombre de verdad. He vuelto, pero soy otra persona”. Y llega a una casa en la que habita la ruina moral absoluta, que está llena de lujos. Su hija está embarazada, su hijo está robando coches, su mujer está viviendo en el Corte Inglés del estraperlo. La familia está sumergida en tal borrachera de materialismo que no presta atención a lo importante. Y conviven en ese vecindario en el que de una casa a otra se pueden extender los brazos y se tocan, la gente vive en hermandad…Él escoge el camino de la comprensión y del perdón pero no lo hace de forma gratuita sino por todo lo que ha visto con anterioridad.

– Dice Antonio Simón, el director, que “en esta obra coexisten el humor, la miseria y la ternura. Algo que creo que es liberador y muy necesario en estos momentos. La obra plantea conflictos que nos atañen ayer, hoy y siempre respecto a la familia, a la necesidad de no hacer daño, de ser solidarios”, ¿estás de acuerdo?

Estos temas son fundamentales en la obra. Habla de que, a pesar de todo lo que pase y de tener que enfrentarse con situaciones duras, hay que seguir adelante”. Tiene un mensaje muy positivo. Habla también de la solidaridad, de perdonar, de pasar página, de no hacer ajustes. Habla de que, a veces, en una situación de escasez o de Guerra nos sentimos legitimados para hacer lo que sea con tal de sobrevivir y se pueden poner en jaque todos los valores. Habla de la codicia humana pero también de que juntos somos más fuertes y podemos salir mejor parados. Habla del valor de la comunidad, del valor del apoyo de los amigos.

– ¿Las frases de Gennaro con las que te quedarías?

Si tú le dices a un italiano “¡Nápoles millonaria!” siempre te dirá: ¡Hay que esperar, tiene que pasar la noche!”. Me quedo con esas dos últimas frases que dice Gennaro al final de la función.

-¿Cómo son el resto de personajes?

Mi mujer, Amalia (a la que da vida Elisabet Gelabert), ha sucumbido al estraperlo y a la comercialización y lleva brillantes hasta en las orejas. José Luis Torrijo es Riccardo Spasiano, un propietario, contable y rentista, que tiene cierta relación con los fascistas. Se va a ver abocado a necesitar comida y cosas para sacar a su familia adelante. Viene a nuestra casa a por un medicamento. Él nos dará una lección en la segunda parte de la obra. Óscar de la Fuente es el comisario Ciappa que interpreta una de las escenas más cómicas de la pieza. Investiga en mi casa “porque hay trapicheos”. Mis hijos son interpretados por Nuria Herrero (Mª Rosaria, que está embarazada) y Dafnis Balduz (que es Amedeo). Mi otra hija, Ritusa, está con una enfermedad brutal y a punto de morirse. No encuentran el medicamento que la pueda salvar pero nunca se la ve. Raúl Prieto es Errico, “el guapo”. Mi mujer se ha montado una sociedad de transportes con este amigo que es taxista. Rocío Calvo es la vecina Adelaide Schiano; Lourdes García interpreta a Assunta y a Teresa; Mario Zorrilla es Peppe «El Gato» y Fernando Tielve es El doctor y “El Ratillas”.

– Esta obra está considerada como una de las mejores obras italianas y europeas del siglo XX…

Es una grandísima obra. Tiene una carpintería teatral perfecta. Tiene una riqueza de personajes impresionante. También es una obra escatológica, y, a través del humor, el autor te llena el corazón de esperanza.

– También dice Antonio Simón, el director, en la presentación que “es una obra escrita en 1945 sobre la necesidad de recuperar los valores humanos, que plantea el debate, sobre las maneras de ver el mundo y la vida en unos momentos en que el miedo, la escasez y la miseria son lo habitual….”, ¿una reflexión muy actual?

Sí, en situaciones como la actual también se pueden poner en jaque todos los valores. Cuando leí esta obra me dejó tieso porque si nos pusiéramos a hablar de una obra sobre la actualidad, sería eficaz hablar de ésta porque los paralelismos son impresionantes.

– ¿Cómo es la escenografía de Paco Azorín?

Simula ese Nápoles lleno de ventanas y hay una escenografía que es un interior y también un exterior, en una especie de madriguera en la que viven todos. Cuando va pasando la pieza, va cambiando la escenografía y en la segunda parte el espacio escénico también se va transformando. Es un momento mágico y poético maravilloso de la función.

-¿Por qué es importante ir al Teatro actualmente?

Porque es un lugar seguro y porque es una postura de Resistencia. Hay muchos teatros privados que están en dificultades y debemos ir para resistir, para defender la Cultura y porque “nosotros también somos esenciales”. Hay que ir al Teatro a alimentar tu espíritu. Nuestra función es un bálsamo para estos tiempos y va a generar muchas reflexiones, desde el sentido del humor también.

Juan Carlos Plaza-Asperilla se ha encargado de la traducción y la adaptación, Pedro Yagüe del Diseño de iluminación y Ana Llena del Diseño de vestuario. Fotografías de Jesús Ugalde. Del 24 de febrero al 28 de marzo. Teatro Español. www.teatroespanol.es