SANDRA FERRÚS dirige y protagoniza esta función que cuenta la historia de Concha, una mujer de cuarenta años, encargada de una panadería, casada, con dos hijos. Una mujer con una vida tranquila y feliz que un día se despierta con la noticia de que por las redes sociales corre un vídeo íntimo suyo manteniendo relaciones sexuales con una pareja que tuvo hace 15 años. El vídeo sale ahora a la luz y se extiende de manera incontrolada porque ese hombre se ha hecho famoso en Italia gracias a un reality televisivo. La desnudez, la rabia, la impotencia, la vergüenza y el dolor salpican a todos sus seres queridos. Desde su padre, Ramón, un hombre de campo, nacido en el treinta y ocho, a su hijo, Gael, un niño de once años, al que trata de ocultar lo acontecido, pero que sabe manejar un ordenador infinitamente mejor que ella, hasta su marido, Aitor, que intenta acompañar a Concha en el dolor, pero que no puede evitar dejarse invadir por el juicio social…
– Si tuvieras que presentarles a los espectadores qué tipo de función es “La panadera”…
Hay un poco de todo. Un poco de drama, un poco de comedia, de terror, de magia… como la vida misma.

Un vídeo de contenido sexual es difundido sin el consentimiento de la mujer que lo protagoniza, el vídeo se hace viral. De repente me corre por la columna vertebral el miedo: dolor de tripa, el diafragma se me encoge y dejo de respirar. ¿Qué me pasa? ¿Por qué siento todo esto?… Sin casi darme cuenta, me puse sus zapatos: la sensación de desnudez, de horror, de intimidación… Me invadió por completo. ¿Cómo estará? ¿Tendrá apoyo? ¿Tendrá hijos?… ¿Tendrá familia?… ¿Cómo estarán? No lo sé, pero siento miedo, parálisis, angustia… Pasan los días, leo comentarios en las redes, opiniones de todo tipo, algunas de apoyo, otros comentarios sin piedad, que deshumanizan, que se mofan, o incluso responsabilizan a esa chica, ahora siento indignación, rabia, frustración… Quería abrazar a esa chica, quiero que me abracen, quiero abrazar a esa familia.

 

– “La panadera” es la historia de Concha, una mujer de cuarenta años, con una vida tranquila, casada y con dos hijos que una mañana se despierta con la noticia de que en las redes hay un vídeo de contenido sexual que hizo hace quince años… ¿qué más le podríamos contar al público sobre la historia de esta obra?
Les diría que es una historia de resiliencia, de vulnerabilidad, de amor, de miedo, de panes rotos, de levadura madre…

– ¿Cómo son los personajes que la protagonizan?
Concha trabaja en una panadería. Aitor es mecánico. Los dos tienen dos hijos, una hipoteca, un piso pequeño. Ramón es el padre de Concha, tiene ochenta años, lleva tres viudo, vive solo y así le gustaría que fuera hasta el último de sus días, cuida de su casa, de sus nietos, de su huerta… La terapeuta tiene mucha vocación, inquietud, un poso de cien años, una mirada de cuatro y una caja mágica. Gael, el hijo de Concha y Aitor, tiene once años, sus primeros puntos negros en la nariz, ganas de pasarse todas las pantallas, oído selectivo, luz, pureza… Leire es la pequeña de la familia, cuatro años, tos, mocos, brilli-brilli y purpurina…

El reparto está formado por César Cambeiro, Sandra Ferrús, Carmen del Conte, Elías González, Susana Hernández y Martxelo Rubio.

– ¿Por qué crees que sigue siendo necesario llevar a escena un tema como el repeto a la intimidad y la NO difusión de contenidos de este tipo en redes sociales?
Porque sigue pasando, porque nos sigue cortando la respiración.

– Dices también que “La Panadera quiere ser ese abrazo, para esa mujer que podría ser mi hermana, mi vecina, que podría ser yo, que podrías ser tú…
Quiero decir que tengo una intención de empatía, sonoridad, de cuidar, de cuidarme.

– ¿Por qué le preguntas al público “¿Podrías tú soportar algo así”? en la presentación de la función?
Más bien me lo pregunto a mí misma . ¿Podría YO soportar algo así? Me lo pregunto y me tiemblan las manos. Y por eso necesito compartir preguntas.

– Ya dirigiste y protagonizaste “El silencio de Elvis”, una obra escrita por tí, y ahora lo vuelves a hacer con otro texto tuyo, ¿qué ventajas tiene el ser al mismo tiempo dramaturga, actriz y directora de una función ?
Son mis voces, mis necesidades, mis interrogantes, mis ganas de escuchar, de compartir… Nada me es ajeno. Hay detrás del personaje un mundo que la dramaturga conoce, lleno de investigación, de escenas que se quedaron en borradores, que finalmente no se necesitan para contar la historia pero que, para construir el personaje, son oro.

-¿Alguna desventaja?
Creo que el hecho de que la dramaturga y la directora sean la misma persona no supone ninguna desventaja. Al contrario, trabajan a la par, se termina el texto con el montaje, y se empieza el montaje con el texto y eso es maravilloso. La única desventaja que encuentro es con la directora y la actriz, es muy difícil verse de fuera estando dentro. Para eso cuento con Concha Delgado, mi ayudante de dirección, que tiene una mirada limpia, ingeniosa y generosa, que me ayuda a ser lo más transparente para contar la historia, que es nuestro mayor propósito. Y con Carmen del Conte, que hace mi personaje con absoluta generosidad, para que pueda verlo de fuera, tener ese prisma tan necesario para la creación del teatro, de la magia.

– ¿Qué tipo de elementos escenográficos ambientan la puesta en escena?
– El espacio escénico simboliza esa caja mágica en la que nuestra protagonista se topa con sus fantasmas, sus debilidades, sus fortalezas, sus anclajes, sus sostenes. Remitiéndome apalabras de Elisa Sanz, que, por fortun,a se encarga de la escenografía y del vestuario: “Nos encontramos con un espacio poético que desde la apariencia cotidiana, por la disposición del mobiliario, nos sitúa en la consulta de La Terapeuta, y se transforma en un espacio poético gracias a la luz y al audiovisual, generando el espacio interior e íntimo de nuestra protagonista”. Del 27 de Enero al 7 de Marzo. Teatro María Guerrero (Sala de la Princesa). www.cdn.mcu.es