SANTIAGO SÁNCHEZ es el director de esta conmovedora historia teatral llena de pasión, amor, celos, anhelo y fino humor que Carol Rocamora ha escrito, basándose en las 412 cartas que se escribieron Antón Chéjov y la actriz Olga Knipper, sus dos protagonistas,  durante sus seis años de relación. Les dan vida en escena José Manuel Casany y Rebeca Valls. Hablamos con el director.


– Preséntales a los espectadores a los dos protagonistas de esta obra: Olga Knipper y Antón Chéjov, una actriz y un escritor muy famosos ya en aquella época…
Chéjov ya era reconocido como el mejor escritor de relatos breves y cuentos de la Rusia de finales de siglo XIX. Sin embargo, nunca había contado con la aceptación del mundo teatral. Incluso describe el rechazo que se produce en San Petesburgo con motivo del estreno de “La Gaviota”. Los críticos masacran la obra. Por eso le inquieta la llamada de Nemirovich y Stanislavsky para arrancar el recién creado Teatro del Arte precisamente con esa obra. Por su parte, Knípper era una desconocida alumna de Nevirovich y apenas comenzaba su carrera en esa compañía teatral recién creada. El hecho de conocer a Chéjov y la admiración que provocó en él catapultó su trabajo. Para Chéjov conocer a Olga supuso una segunda juventud. “Las tres hermanas” y “El jardín de los cerezos” fueron escritas como dos regalos para ella: una, en un primer momento de máximo enamoramiento, y la segunda como despedida final tras las alegrías y tristezas compartidas.

 

-Comentas que “Ésta es una hermosa de historia de amor muy especial porque sus protagonistas son dos personas únicas en circunstancias excepcionales…”, ¿cuáles fueron esas circunstancias?
En primer lugar, por lo excepcional de sus personalidades y también por la realidad que tuvieron que vivir. Anton Chéjov y Olga Knipper se conocen en 1898 cuando el autor asiste a una lectura de “La gaviota” organizada por el Teatro del Arte de Moscú y surge una apasionada relación entre ellos. Sin embargo, con apenas 38 años, Chéjov ya estaba aquejado de tuberculosis y no podía soportar los fríos inviernos de Moscú y San Petesburgo mientras que Knípper, de 29 años, precisamente era en esas ciudades y esos periodos en los que debía desarrollar su trabajo como actriz. Durante los seis años que se conocieron en muchos momentos estaban a más de 1.500 km de distancia, los que separan a Moscú (Rusia) de Yalta en Crimea, donde Chéjov pasaba largas temporadas recuperándose. Así es como las más de cuatrocientas cartas que se cruzaron cobran una gran importancia y, a través de ellas, conocemos la intimidad y la fuerza pasional de esa relación y de esos personajes.

«Es un canto al amor, a las relaciones humanas, a la Literatura y al Arte»

 

-La autora, Carol Rocamora, ha conseguido crear una historia teatral llena de pasión, amor, celos y anhelo, basándose en las 412 cartas que se escribieron sus dos protagonistas durante sus seis años de relación, ¿qué más podemos contarles al público sobre la historia?
A lo largo de la obra vamos a conocer las inseguridades, temperamento, carácter y convicciones de ambos. Los diferentes periodos por los que pasa su relación: como amigos primero, luego como amantes y finalmente como marido y mujer. Los espectadores también tendrán ocasión de acercarse a algunos hechos de la biografía de ambos poco conocidos. Desde la prematura muerte de Chéjov con 44 años hasta como -una vez desaparecidos Anton, Stanislavsky y Nemirovich- Olga Knipper se convirtió en un pilar fundamental del Teatro del Arte de Moscú, una compañía que ha influido notablemente nuestro teatro contemporáneo, desde las propias enseñanzas de Michael Chéjov hasta escritores como Arthur Miller. Pero también a directores y actores más recientes como Susan Bogart, Veronese o Tolcachir, entre otros muchos. Como dijo Peter Brook: “la genialidad de Carol Rocamora ha sido entrelazar diferentes fragmentos de las cartas hasta crear una obra que parece creada por el propio Chéjov”.

-¿Dónde reside el humor?
Como en muchas obras de Chéjov, nace del contraste entre personajes y situaciones y, fundamentalmente, de la propia personalidad de Chéjov, capaz de hacer broma de todo y por todo. Desde la forma de sus gafas -y lo difícil que resulta mantenerlas dignamente sobre la nariz- hasta discutir con el equipo de una compañía porque en la nota de prensa se dice que “El jardín de los cerezos” es un drama cuando él está convencido de haber escrito una comedia, su aversión por casarse…

-También asistimos a la creación del moscovita Teatro del Arte y al proceso de escritura de dos de las obras maestras de Chéjov, “Las tres hermanas” y “El jardín de los cerezos”…
Son algunos de los momentos más sorprendentes e hilarantes de la obra. Las conocidas discrepancias entre Chéjov y Stanislavsky. El sentido del humor enorme de Chéjov frente a las pretensiones dramáticas del segundo. Y también las dudas e incluso el miedo al fracaso que siente Chéjov durante la creación de esas dos piezas, que acabaron siendo obras maestras del repertorio ruso. Es un regalo para los amantes del teatro y será un descubrimiento para quien no conozca tan a fondo a Chéjov. Uno de los mejores elogios de los espectadores es que, tras asistir a la obra, les entran ganas de releer precisamente “Las tres hermanas” y “El jardín de los cerezos”.

-¿Por qué has considerado que era necesario llevar a escena esta historia de amor?
Porque es conmovedora, tierna, apasionada y, sobre todo, auténtica. Y es una maravilla. No es casual que mucha gente se haya enamorado de la literatura a través de nombres como Tolstoi, Dostoievsky o Chéjov… Quiero pensar que cuando hoy se subraya la cantidad de problemas emocionales y mentales, la ansiedad de nuestra sociedad, un verdadero “teatro de arte” y no de “simple entretenimiento” es un remedio mucho más eficaz y sano que pastillas y antidepresivos. Es puro teatro. Un canto al amor, a las relaciones humanas, a la Literatura y al Arte.

-¿Qué puedes comentarnos de los elementos escenográficos?
Tengo la suerte de trabajar desde hace más de 30 años con uno de los mejores escenógrafos del país: Dino Ibáñez, creador de espacios escénicos para compañías como Els Joglars, Tricicle o La Cubana, entre otros. Ha diseñado un magnífico suelo de madera roja, como el que tenía Chéjov en su casa y unos elementos muy funcionales que permiten al espectador ir cambiando de espacio y tiempo sin “amueblar” nunca su imaginación. La maravilla es que el suelo ha sido pintado a mano por otro grande de la escenografía catalana, Jordi Castells, que, con su maestría, consigue que el
suelo absorba la luz creada por Felix Garma y Rafael Mojas, otros dos creativos que me acompañan desde 1996.

-Esta función ya ha visitado algunos países latinoamericanos en gira, ¿qué nos puedes contar sobre esa experiencia?
En Perú fue un éxito tremendo hasta el punto de mantenerse en el Teatro de la Alianza desde octubre hasta diciembre de 2019, algo nada habitual en la cartelera de Lima. El éxito y la expectación despertada llevó a que el principal teatro de Colombia, el Teatro Mayor de Bogotá nos invitase a presentar la obra en febrero de 2020, nuestra última gira en el extranjero justo antes de la pandemia.  (Fotografías de escena de Jordi Plá). Del 4 al 28 de Noviembre. Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa (sala Jardiel Poncela). Más información en Tu mano en la mía | Teatro Fernán Gómez (teatrofernangomez.es)