“Oscar Wilde transita por una gran cantidad de territorios por los que se pasean sus personajes: el amor, el deseo, los orígenes, el compromiso, la hipocresía, la identidad y, sobre todo, la tan estimada libertad. Este sentimiento de libertad está presente en toda la función. Esto de existir (que sepamos nosotros) solo pasa una vez y nuestra “estancia” en este mundo solo tiene sentido si llegamos a ser libres”, comenta David Selvas, director de esta coproducción del Teatre Nacional de Catalunya, La Brutal y Bitò. Una divertida versión de la famosa obra de Oscar Wilde que llevan a escena Pablo Rivero, Silvia Marsó, Júlia Molins, Ferran Vilajosana, Paula Jornet, Albert Triola y Gemma Brió.

PABLO RIVERO

-¿Quién y cómo es John Worthing?

Es un caramelito. Es un hombre que se construye una nueva identidad para poder disfrutar de la libertad que sus obligaciones e imposiciones sociales le impiden.

-¿Y cómo es Ernesto?

Es su alter ego, su hermano pequeño inventado. El que va a la ciudad para disfrutar y del que está enamorada Wendolin, su novia. La función arranca en el momento en el que Jon es desenmascarado y tiene que contar la verdad.

-En escena se nos habla de la hipocresía social, del amor, el deseo, los orígenes, el compromiso, la hipocresía social o la identidad…

Así es. Muchos temas que refuerzan la idea principal de la lucha por aceptarse y ser uno mismo, pese a las imposiciones de nuestra sociedad. Lo bonito es que lo hace desde el humor ácido, es muy divertida y a la vez está hablando todo el tiempo de temas muy importantes.

-¿De qué otros temas nos habla?

Creo que, además, es un montaje muy feminista. Las mujeres llevan las riendas de la relación y se imponen. David ha sabido sacarle mucho partido a esto y hay momentos muy divertidos por su acidez y por el talento de todas las actrices del reparto.

-¿Por qué es contemporánea esta comedia?

Porque no ha pasado de moda. Al final habla de algo que hoy está muy vigente con las redes sociales: construimos una imagen perfecta de nosotros mismos, nos escondemos en perfiles muchas veces falsos o en los que enfatizamos solo lo que queremos proyectar. Además siguen vigentes muchas normas sociales como el “qué es lo que se debe hacer y cómo hay que hacerlo…”. Vivimos en un mundo con demasiada información en el que todo se resume en “lo bueno o lo malo”, “las izquierdas o las derechas” y hay poco margen para cuestionar nada sin que te metan en algún barco. Hay que clasificar y encasillar al individuo. Un mundo en el que todo está globalizado y cada vez es más complicado tener una voz propia y salirse del tiesto para ser quien quieras ser.

-Las frases de John Worthing que te encantan son…

Las que cierran la función: “acabo de descubrir la vital importancia de llamarse Ernesto: la importancia de ser honesto con uno mismo para poder serlo con los demás y vivir en paz.”

-Comenta David Selvas que: “Con sus réplicas desacomplejadas, Wilde hace que la verdad explote en la cara de los espectadores, que se sienten constantemente interpelados…”. ¿Qué añadirías?

La función es una fiesta. El texto es afilado y mordaz y es un lujo ver cómo el público responde y disfruta. El texto es muy fiel al original y el público disfruta de su sarcasmo, se siente identificado o reconoce lo que ocurre. Y eso hace que no resulte algo distante o antigua, pese a que la acción transcurra en Londres hace tantos años.

-¿Cómo es el personaje de Algernon Moncrieff?, ¿Qué tipo de relación mantiene John con él?

Es el amigo del alma. Algernon hace confesar a Jon su mentira y después le cuenta que él también tiene un alter ego inventado. El conflicto entre ellos comienza cuando Algernon se hace pasar por el hermano inventado de Jon para seducir a Cecily, la ahijada de éste.

-¿Una escena importante en la que aparece Ernesto tiene lugar cuando…?

Casi todas. El personaje está en gran parte de las escenas y, por suerte, en todas ellas sucede algo importante y necesario para la historia y el motor del resto de los personajes.

Por eso el espectador disfruta también, porque nada es gratuito y la historia avanza constantemente. Aun así creo que la escena final con las dos últimas intervenciones es la más reveladora, con la conclusión y el mensaje del autor puestos en la boca del personaje. Es muy emocionante decirlas con todo el viaje encima.

SILVIA MARSÓ

-¿Cómo es Lady Bracknell, tu personaje?

Es astuta como ella sola. Brillante, directa y resolutiva. Es una mujer de la alta sociedad londinense, muy divertida, clasista hasta la médula, y que tiene muy claros sus objetivos. Lo gracioso es que siempre que aparece lo cambia todo y arrasa con las expectativas y planes del resto de los personajes. Tiene una capacidad increíble para pensar una cosa y decir la contraria, mientras va creando el devenir de la situación a su conveniencia. Hay que interpretarla en tres capas superpuestas.

-Según David Selvas, la función nos plantea preguntas como ¿Dónde están los límites de cada uno de nosotros? ¿Por qué nos autocensuramos? ¿Cómo podemos llegar a ser, con plenitud, nosotros mismos?, ¿estás de acuerdo?

Como en todas las obras de Oscar Wilde hay una mirada crítica sobre la sociedad y los convencionalismos que nos mantienen bien atados. El espíritu del autor siempre antepone la libertad individual y la lucha contra los prejuicios en un entorno castrador. En este caso, la alta sociedad londinense. Y éste es el conflicto en el que se ven inmersos los personajes. Y hay que añadir el humor inteligente, corrosivo y universal, tan característico de Wilde. Que con la dirección de David Selvas se ha triplicado, porque la puesta en escena, en muchos aspectos, es insólita, sorprendente y atrevida.

-Describe brevemente a Gwendolen, Cecily y Miss Prism, los otros tres personajes femeninos de la función…

El trabajo que hacen mis compañeras femeninas (Gemma Brió, Paula Jornet y Júlia Molins), es para quitarse el sombrero. Cada una en su estilo particular y único. Todo el elenco en delicioso, es un privilegio para mí, compartir escena con ellos. Y todos cantan divinamente.

-¿Sobre qué otros temas reflexiona la obra?

Llega un punto en el que estás viendo a las personas, no a los personajes. Da igual que se desarrolle en otro siglo y en esa Inglaterra tan educada, de conducta intachable. Ves al ser humano luchando contra sus propios deseos, instintos y enfrentándose a lo establecido que, ahora y siempre, resulta un elemento opresor, un obstáculo para desarrollar la propia identidad individual y que especialmente sufren los dos protagonistas masculinos.

-Un momento clave de tu personaje de la función tiene lugar cuando…

Cuando en el tercer acto provoca un desenlace inesperado que utiliza el autor para colocar todas las fichas del puzle ante el asombro de los personajes y del público.

-¿Cuáles son los principales motivos por los que esta comedia es actual?

Porque aunque se estrenó en 1895 nos muestra las mismas inquietudes y luchas que seguimos teniendo los seres humanos para conseguir ser nosotros mismos.

-¿Cómo son los elementos escenográficos y el vestuario?

La escenografía de José Novoa es digna de una alta comedia inglesa. Me encanta como se transforma en una casa de campo con el tema musical “Hablar, por hablar”. Y sobre el vestuario de María Armengol, no he visto un montaje con un estilo que, siendo tan ecléctico, combine mejor.

-¿Por qué no deberían perderse los espectadores esta comedia?

Por la dirección, por el autor, por mis compañeros, por la maravillosa música en directo. Y sales de ver la obra, feliz. Fotografías de Ana Yñañez. Hasta el 30 de Junio. Teatro Pavón.