SILVIA MUNT es la directora de esta función inspirada en el clásico “Eva al desnudo”, de Joseph L. Mankiewicz, con dramaturgia de Pau Miró. La llevan a escena Ana Belén, Mel Salvatierra, Javier Albalá, Manuel Morón y Ana Goya.

-Dos actrices, de generaciones distintas, deben interpretar a un mismo personaje. En esta coincidencia chocan dos maneras de entender la vida y la profesión… ¿Qué más podemos contarle al público sobre esta función?
Hace cuatro años vimos esta obra en Londres. Fue fabulosa pero vimos también que en ciertos aspectos estaba desfasada, sobre todo, por las miradas y el comportamiento muy masculinos de las actrices. Pau Miró ha escrito una adaptación libre, un thriller psicológico, en el que dos actrices llamadas Eva son rivales, compiten, pero no partiendo de la idea de que las mujeres son malas y que entre ellas se hacen la puñeta y que siempre estamos peleando entre nosotras. Ese mito recreado por la mirada masculina. Al contrario, Pau quiere que el espectador escuche las razones de ambas.

La actriz madura (Ana Belén), con un prestigio absolutamente incuestionable, está en un momento crítico de su vida porque está en una crisis vital, profesional y de pareja. Está en un momento neurótico y no quiere desaparecer de los escenarios. Se encuentra en su camerino a una actriz joven (Mel Salvatierra) que es una gran admiradora suya pero que también es muy crítica con ella. Lucha por darse a conocer.

-¿Quiénes y cómo son el resto de personajes?
Hay un Director que interpreta Javier Albalá que es, además, el marido de la actriz mayor. La quiere mucho pero él tiene que crear y esa situación está por encima de su situación personal. Hay una crisis creativa en la pareja. También hay un crítico (Manuel Morón) que es el alter ego y la conciencia de todos. Es ese personaje que nos crítica y nos admira y al que siempre estamos queriendo agradar. Y hay una representante (Ana Goya), amiga de la actriz mayor, que tiene una gran admiración hacia ella pero que también la envidia. Escuchamos la realidad de cada uno de ellos. Es un mundo en el que hay debilidades e impotencias. Plantean la imposibilidad de vivir tranquilamente cada uno con su edad.

«Nos plantea a cada uno de nosotros: ¿Quién soy?, ¿Quién creen los demás que soy?»

-En la presentación también comentas que “los personajes utilizan el teatro para hablar de la vida” y para preguntarse y preguntarnos ¿Somos realmente lo que los demás ven de nosotros? o ¿Somos lo que nosotros creemos que somos?…
El fundamento de mi puesta en escena es un juego de espejos en el que no sabes si eres la que ves en el espejo o la que quieren los demás que seas. Nos plantea a cada uno de nosotros: ¿Quién soy?, ¿Quién creen los demás que soy?. Es un juego de personalidades que es un cruce perverso.
Hay una frase que escribe Eva mayor en un autógrafo que resume la esencia de este texto y que me encanta: “La vida es el ensayo de una obra que no se estrenará nunca”. La función juega con la realidad y con la irrealidad, con lo que está pasando y con lo que pasa en nuestra cabeza. La doble realidad virtual y real. La vida es un juego de en el que a veces estamos dentro de nuestro viaje alucinógeno y pervertido y otras estamos dentro de un viaje real.

-¿Por qué comentáis Pau y tú que esta obra es una “partitura divertida”?
Porque tiene mucha ironía. El espectador se ríe porque nos reímos de nosotros mismos. Hay una mirada honesta pero crítica sobre este oficio de actuar y sobre nosotros mismos. Si no te ríes, caes un poco en la pedantería. Podemos tener miserias y ser patéticos. Pau Miró juega con que todas las bondades y las mediocridades crecen en escena.

«En el escenario se ven las debilidades, las competitividades y jerarquías que sufre cualquier ser humano»

-¿Qué nos puedes comentar de la interpretación de Ana Belén, la actriz madura?
Yo no había visto a Ana Belén desde que hicimos “La pasión turca”. Cuando la llamé después de que leyese el texto me dijo: “Yo estoy con unas ganas brutales de interpretarlo”. Y participó también conmigo en la reescritura del texto. Nos hemos entendido de maravilla. Es una gran actriz y una gran persona. Tiene un gran magnetismo y una gran personalidad. Como los grandes, Ana se pone a trabajar como si fuera una actriz que empieza, con sus miedos, peleándose por todo, sufriendo, con unas ganas de aprender que parece una adolescente. Representa lo que yo también pienso ya que en este oficio hay que aprender. Hay que ser empático con el comportamiento humano.
-¿Qué destacarías de la escenografía de Enric Plana?
Es un único espacio que se va transformando. Es el interior de un camerino hiperrealista. Hay dos espejos gigantes que se van transformando en los diferentes espacios teatrales en los que jugamos como una carretera perdida, una comisaría, estar en un sueño… Con los elementos mínimos hay que dar lo máximo.

-¿Consideras que esta función se dirige también a los jóvenes que no tengan que ver con las artes escénicas? ¿Por qué?
Sí, porque los jóvenes tienen su propia voz en la función. Se escucha el relato de las generaciones jóvenes que descubren que las guerras generacionales son provocadas por los que quieren el Poder. Cualquier persona se va a ver identificada por cualquiera de las posturas de los protagonistas. En el escenario se ven las debilidades, las competitividades y jerarquías que sufre cualquier ser humano.
Actualmente vivimos en un momento difícil y es absurdo enfrentarnos los de diferentes generaciones. Intentamos escuchar a las dos partes y desmitificar. Los jóvenes se sienten retratados y explicados. Además, lo que ocurre en nuestro oficio es lo que le pasa a cualquier ser humano pero amplificado. Es un oficio en el que continuamente se está uno mirando. Envejeces tú mismo y envejeces por los demás. Desde el 17 de noviembre. Teatro Reina Victoria. Más información en Teatro Reina Victoria (elteatroreinavictoria.com)