RON LALÁ presenta este “sainete cómico-lírico de ciencia ficción en tres actos y un epílogo marciano”, escrito por Álvaro Tato y dirigido por Yayo Cáceres. Con él hablamos.

-Una nave espacial viaja a Marte para colonizar el planeta rojo. Pero el capitán y su androide Trasto descubrirán que el planeta ya está habitado cuando llegan a la ciudad de Martid, donde los vecinos mutantes celebran una verbena popular castiza ante los alienígenas terrestres…. ¿Qué más le podemos contar a los espectadores sobre la historia que narra “Villa y Marte”?
En el escenario hay una serie de sucesivas historias de amor entrecruzadas en un espectáculo melacólicamente castizo y lleno de gags y de momentos divertidísimos. Y con una estética muy particular. Es un homenaje al género chico, en concreto al sainete, que fue anterior al nacimiento de la Zarzuela. Queremos poner en valor el género chico.

 


-¿El público va a poder disfrutar de una obra gamberra, divertida y sarcástica, como es habitual en vuestras producciones?
Sí. Estamos volviendo a los orígenes de Ron Lalá, alejándonos del Teatro Clásico. Hemos recuperado ese estilo que teníamos al principio de nuestra andadura.

-Dicen que “Villa y Marte” es un canto al Madrid castizo de chotis y verbenas pero también al más actual en el que conviven decenas de culturas y de identidades, ¿es así?
Sí. Creo que el Mundo es un mundo de emigración permanente y de mestizaje. El capitán terráqueo se encuentra con marcianos mutantes y vuelve a salvar la Historia del amor. Intenta ser un reflejo de este Madrid plural y cosmopolita.

 

-Preséntanos al capitán y al androide Trasto de esta función…
El androide es alguien programado, pragmático y eficaz que hace lo que tiene que hacer. Y el capitán es humanista, idealista, tiene las mejores intenciones al llegar a Marte.

En escena están los actores Daniel Rovalher (que es el capitán), Juan Cañas (Trasto), Miguel Magdalena, Fran García y Diego Morales. Cada uno interpreta a varios personajes.

-“Villa y Marte” nos habla de la crisis climática, del incierto futuro de la identidad, de la pérdida de la tradición, ¿de qué otros temas?
También de la conquista. Es una obra de teatro en la que hay una posición muy clara en contra del colonialismo.

-Según tu opinión, ¿Cuáles son algunas de las escenas más divertidas de “Villa y Marte”?
Toda la obra tiene un humor muy ácido y es una comedia de disparates muchas veces. A mí me encantan las escenas de Martín con Marta Martínez, la balada de amor y las apariciones del policía androide son magníficas.

-¿En qué te has centrado en la dirección de actores de esta obra?
En huir del cliché de lo que se espera actoralmente cuando se ponen en pie este tipo de obras. Hemos trabajado desde un lugar distinto, saliéndonos de ese molde. El público dirá si lo hemos conseguido.

-¿Qué tipo de canciones la ambientan?
Miguel Magdalena ha optado por sonidos espaciales mezclados con instrumentos acústicos. En general tiene un ambiente estelar, de firmamento. Hay chotis, pasodobles, pasacalles y romanzas. Y seguimos tocando música en directo que es algo que identifica a nuestra compañía.