Cris Blanco es una de las protagonistas de esta producción del Centro Dramático Nacional. También la ha escrito y dirigido.
-Comentas en la presentación de esta función que “Siempre me ha interesado la línea entre la realidad y la ficción…” ¿Es ese el punto de partida de esta obra?
Mis obras tienen que ver con ese interés. Me sigue intrigando mucho el Teatro como lugar al que vamos a ver “mentiras” que queremos que nos cuenten. Para poder dejar que la ficción nos atraviese y para jugar a que no nos afecte la realidad por un momento. A la vez estamos tan acostumbrados ya a ver esa mezcla de realidad y ficción que me motiva. Es como un reto seguir “rizando el rizo”, jugando con las distintas capas de la ficción.
No quiero desvelar mucho… Pero muchos personajes no son lo que parecen y hay un actor que no puede mentir. O eso “cree él”.

-También dices: “¿De qué va esta obra?
Sí, porque la función trata sobre esa sensación de confusión, de niebla, de pérdida de suelo que produce la mentira cuando te engañan o juegan con tu mente.
En los ensayos estamos trabajando con esa sensación de arenas movedizas, con la idea de la ficción dentro de la ficción… Y con la idea de disgresión. Sobre esa sensación de “¿Cómo he llegado hasta aquí?”.
-La puesta en escena de tus obras siempre está relacionada con la danza y con el cine. ¿Ésta también?
Utilizo muchos referentes del cine. Pienso en cada escena como si fuera una pantalla. También pienso en las escenas desde lo coreográfico y lo plástico.
En esta obra hay 3 bailarinas en el elenco porque me he imaginado escenas muy coreografiadas. Del movimiento se está encargando Maria Cabeza de Vaca.
-También diriges tus piezas hacia todo tipo de espectadores…
No pienso específicamente en un público de una edad concreta. Me encanta pensar que mis obras son para todo el mundo. Y, ¡ojalá! se pueda incluír a personas más jóvenes en el Teatro, que volviera a ser como la plaza del pueblo. Es decir, un sitio que comparten personas de 14 y de 70 y que hace que interaccionen. Que vean que se ríen de las mismas cosas.
Creo que es necesario crear montajes que interesen también a los jóvenes, que se les interpele e involucre en la sociedad, que hagan del Teatro su sitio, que dejen de verlo como algo elitista, que hay que “entender” o como una opción de ocio aburrida.
-¿Qué lugar tiene el humor en esta nueva pieza?
Tiene un lugar muy importante. La mentira en la vida es algo muy cruel, pero en el Teatro es algo muy divertido. Se trata de entrar en la ficción, en la confusión, en la ironía dramática del guiñol, en jugar con desvelar una identidad… Se necesita humor para entrar en el juego. Y, en esta pieza, más.
-Según tu opinión, ¿Es muy difícil autodirigirse? ¿Por qué?
Me parece difícil, pero siempre lo he hecho así. También cuento siempre con alguien que está fuera, en los ensayos. En “Casi ninguna verdad” es Anto Rodríguez (coautor de la dramaturgia, junto, también, a Óscar Bueno).
Lo más complicado es ir creando la obra durante los ensayos. No solo me autodirijo sino también dirijo a las otras siete personas que hay en escena, al mismo tiempo que creamos la obra mediante improvisaciones.
Aún así, lo prefiero. Me pone mucho más nerviosa no poder controlar el ritmo o los errores que puedan surgir estando sólo como actriz en el escenario, sin dirigir.
-Termina esta frase: “Estar sobre un escenario de un Teatro es…”
…estar en Casa.
En el escenario están también Óscar Bueno, Nuria Crespo, Gloria March, Norberto Llopis, Espe López, Alberto José Lucena y Julia Romero. Fotografías de Bárbara Sánchez-Palomero. Teatro Valle-Inclán. (Sala Francisco Nieva).