La Gaviota. “Ama el arte en ti y no a ti en el arte” ha dicho el gran Stanislavski, pero los tiempos que vivimos cruelmente empujan a la juventud a la desesperación, son tiempos extremos, o todo o nada. Y, al no poder tener todo, inmediatamente se quedan con nada. Pero ¿Qué es todo y qué es nada?. Unos conceptos falsos que secuestran a la juventud de sí mismos. La realidad hace esta obra tremendamente actual para evidenciar que, bajo la presión de la sociedad, nace esta incapacidad de los jóvenes de distinguir entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. Nadie pondrá la verdad en tu mente, es algo que tienes que descubrir por ti mismo. Si no te permites equivocarte te conviertes en una réplica de la mente de otra persona. Esta obra pretende aliviar la difícil situación de la juventud con nuestra compasión y comprensión. La juventud presionada por la sociedad hacia los resultados y no hacia la experiencia vital de la vida.», comenta Irina Kouberskaya, su directora. Con Catarina de Azcárate, Kike Lafuente, Miguel Ribagorda, Candelaria de la Serena oVirginia Hernández, Alejandra Navarro o Inma Barrionuevo, entre otros/as actores/actrices. Autor: Chéjov + Chéjov.
Mujeres Catedrales. De y con la Cía. Tribueñe. «Mujeres locas como catedrales, catedrales recias como mujeres, sacerdotisas repoblando páramos de la memoria, memorias repoblando páramos de las sacerdotisas, es decir, la sacerdotisa recordándose a sí misma, de donde nunca debió salir. De lo que guarda para nosotros. En estos mares nadamos. Con los mimbres de la canción popular hacemos las sillas en las que tanto el espectador como el intérprete quedarán al filo, unos por intención y los otros por desesperación, que es lo que produce la total ausencia de responsabilidad teatral en la canción española.», comenta Hugo Pérez de la Pica, su autor y director. Cía. Tribueñe.
Argentinita, encarnación de la danza. «Por fin me enfrento a la responsabilidad que supone contar con una actriz como Chelo Vivares. Tengo en las manos ese potencial y lo exprimo al máximo. A partir de relatos más o menos biográficos que me contaba la madre de Chelo, Criste Miñana, actriz de mediados del siglo XX, que fue mi amiga y confidente en largas sobremesas en las que primaba el humor negro, el escepticismo de ella y mi fascinación. De Hugo Pérez de la Pica. Cía. Tribueñe.