La tercera ópera de Giacomo Puccini y su primer gran éxito, llega al Real con una producción firmada por Carlos Wagner que explora la intensidad y la oscuridad de esta trágica historia de amor. Dirigida musicalmente por Nicola Luisotti, contará con las grandes voces de Sondra Radvanovsky y Saioa Hernández, en el rol titular, junto a Michael Fabiano, Jorge de León, Lucas Meachem o Szymon Mechliński, entre otros.
Una ópera italiana muy especial, con la parte de tenor más exigente que el compositor haya escrito jamás, y que convierte cada escena en un desafío vocal y dramático.
L’histoire du chevalier des Grieux et de Manon Lescaut, de Antoine-François Prévost, publicada en 1731, inspiró tres óperas anteriores a la de Puccini: una de Auber (1865), otra de Ponchielli (1872) y la tercera, de Jules Massenet (1884), estrenada con éxito apenas nueve años antes (la misma novela inspiraría también a Hans Werner Henze en su Boulevard Solitude, ya en 1952).
El libreto de Manon Lescaut se resiente de su tormentosa redacción, en la que participaron varios autores, dejando la trama con elipsis y saltos narrativos que, sin embargo, ensambla la poderosa música de Puccini, fluida y evocadora, articulando las distintas escenas con una orquestación de extrema eficacia narrativa.
El drama fatal de Manon podría reducirse a una frase del refranero popular: «quien todo lo quiere, todo lo pierde». La bella y voluptuosa protagonista, con una personalidad impetuosa, voluble, contradictoria y compleja, no consigue renunciar al lujo y opulencia que la seducen, ni al amor que le ata a Des Grieux, que no puede ofrecerle la vida glamourosa y desahogada a la que aspira.
Para el director de escena Carlos Wagner, que debuta en el Teatro Real, Manon se aprovecha de sus relaciones licenciosas con hombres pudientes para financiar una vida económicamente desahogada con su verdadero amor, Des Grieux, incapaz de entenderla y sometido por su pasión hasta el desenlace fatal.
La producción, que evoluciona desde un cierto neorrealismo a la abstracción, se desarrolla sobre una estructura circular, una especie de carrusel de la vida en la que el tiovivo del primer acto da lugar a la intimidad de un boudoir, en el segundo; a la soledad de una cárcel, en el tercero, y a un descampado fantasmal en el final de la ópera.
La escenografía de Frank Philipp Schlößmann y el vestuario de Jon Morrell evocan la sociedad opresiva e hipócrita de los años 40 y 50 del siglo pasado, que guarda similitudes con el ambiente cortesano biempensante de la época de Luis XIV, durante la cual se publicó la novela de Prévost.
La producción, con ritmo y atmósfera cinematográficos, se nutre de distintas fuentes de inspiración, del neorrealismo italiano estetizante de Ossessione, de Visconti, a la intimidad de Eyes Wide Shut, de Kubrick, en la que el espectador presencia, como voyeur, el camino autodestructivo de una pareja.
Para dar voz y vida a la partitura de Puccini se alternarán dos repartos de grandes voces con Sondra Radvanovsky y Saioa Hernández (Manon Lescaut), Michael Fabiano y Jorge de León (Renato Des Grieux), Lucas Meachem y Szymon Mechlinski (Lescaut), Alejandro del Cerro y Albert Casals (Edmondo), secundados por Pietro Spagnoli, Mercedes Gancedo, Javier Franco, Javier Castañeda y Mikeldi Atxalandabaso.
Nicola Luisotti, que despidió la pasada temporada con Il trovatore, inaugura la presente dirigiendo su quinto título pucciniano al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, del que es director honorario.
Con la vuelta de Manon Lescaut, 102 años después de su última interpretación en el Teatro Real, se repara una incongruencia en la memoria artística del coliseo lírico madrileño, producto de su azarosa historia, que en los últimos 30 años se intenta normalizar.