Laura y Paco son un matrimonio que recibe la visita de su amigo Ramón, quien acaba de sufrir una ruptura amorosa. La cena, lejos de servir de consuelo y apoyo para su amigo, se convierte en una tortura disparatada donde no darán respiro al desconsolado Ramón.
En un momento en el que Paco baja a comprar unos limones, Laura le confiesa a Ramón los diez mil disparates por los que la pareja está atravesando, fruto de la falta de comunicación, el hastío y el tren de vida en el que ven descarrilar su vida.
Con Sara Escudero, Agustín Jiménez y César Camino, dirigidos por Borja Rodríguez.
Esos personajes, cuenta el director de Pero no se lo digas, «son perfectamente reconocibles; viven entre nosotros, y, aunque lo que sucede es muy bruto, reconocemos las situaciones por las que pasan, o que dicen que pasan».
Sin desvelar lo esencial de la trama, Rodríguez subraya que bajo el aspecto risible de la situación «hay dos psicópatas y una víctima. El chico abandonado al que la pareja se las va a hacer pasar canutas durante la función y, a la vez, estos «verdugos» convertidos en víctimas cuando el joven experimente una profunda transformación. «
El humor inteligente de Pero no se lo digas activa los mecanismos del exceso, del disparate y conduce la trama por diversos géneros dentro de la comedia. «Tenemos thriller, intriga, una aparente comedia de sofá, costumbrista, y de repente te encuentras con algo fuera de lo común y escuchas lo inaudito y caminas por la delgada línea que separa lo verosímil de lo inverosímil. El espectador se subirá a una montaña rusa de sorpresas. Hay un montón de elementos, por ejemplo la gran cantidad de peluches dispersos en la escena, que le lleva al espectador a preguntarse qué hacen ahí. Pero todo tiene una explicación. El problema es que sobre esa explicación hay otra mucho más disparatada, más ingeniosa.», añade Borja Rodríguez. Es una producción de MIC Producciones.
Desde el 15 de julio. Teatro Bellas Artes.