Hablamos con Pastora Vega, la protagonista femenina de esta comedia que ha adaptado y dirigido Gabriel Olivares. Pablo Carbonell, Ariana Bruguera y Abraham Arenas también la llevan a escena. 

-Julia Dávila es una mujer elegante y dinámica que brinda un apoyo incondicional a su esposo, Francisco Requena, un político en plena campaña electoral. Llevan 30 años formando una pareja sólida. Su vida, gira en gran parte en torno a Francisco, pero cuando Julia recibe una carta que le anuncia una noticia poco común, toda esa hermosa estabilidad se ve fuertemente sacudida… 

Es una obra que denuncia realidades muy presentes: el machismo, la transfobia, la falta de tolerancia hacia quien piensa o actúa de forma diferente. También habla de la hipocresía y el cinismo de cierta clase política, que presume de valores pero en su vida personal muestra todo lo contrario.

La función reflexiona, además, sobre las diferencias entre cómo amamos las mujeres y cómo aman los hombres. Especialmente aquellas mujeres de cierta edad que crecimos bajo otros códigos: amamos de una manera más incondicional, más generosa mientras que los hombres suelen quedarse en lo más superficial.

-Interpretas a Julia. Descríbenosla.

Es una mujer fuerte, valiente, con carácter.

-La obra nos habla sobre todo de la imposibilidad de tener “estabilidad” en nuestra vida…

También habla de la familia, de la relación con los hijos, de la política, y, sobre todo, es un canto a la tolerancia, a ser mejores, a entender al otro.

Es una comedia muy especial. No es una comedia al uso: no todo el mundo se va a reír sin más. Es una obra que remueve, que puede incomodar, pero que sin duda invita a reflexionar. Estoy segura de que, cuando el público salga del teatro, tendrá mucho de qué hablar, de qué cuestionarse, de qué pensar.

-Pablo Carbonell interpreta a Francisco. ¿Qué tipo de relación mantiene Julia con su marido?

Julia ha sufrido mucho, pero sigue amando profunda e incondicionalmente a su marido, a pesar de las cosas que le duelen o no le gustan de él.

Francisco es todo lo contrario a Julia: egocéntrico, manipulador, político hasta la médula. Cuando aparece ese sobre con una noticia dura y desagradable, todo se viene abajo.

La obra también muestra que aquello que creemos estable, sólido, estructurado (lo que nos da seguridad) puede desmoronarse en un segundo: una carta, una llamada, una revelación… y la vida da un vuelco.

Por eso es tan importante ser honestos con las personas que amamos y no guardar secretos. En cualquier momento puede llegar una situación adversa, y no hay nada peor que los engaños y las mentiras.

-¿Qué tiene este personaje y este texto que te resultó irresistible para volver a escena?

Esta función me resultó irresistible porque Julia es un auténtico bombón de personaje y por todo lo que representa y transmite esta obra.

-¿Qué les dirías a quienes piensan que esta es solo una obra “entretenida, para pasar el rato”?

Es una comedia que habla de cosas muy serias, que te hace pensar. Tiene momentos tan al límite que terminan volviéndose cómicos, pero siempre desde la verdad.

-¿Dónde reside el humor?

En la verdad de los personajes, en la ironía de sus actos y en la distancia que a veces hay entre lo que decimos y lo que realmente hacemos. Es un humor que nace del dolor, de la incomodidad, de esa fina línea entre el drama y la risa que refleja tan bien lo absurdo de la vida.

-¿Qué destacarías de Gabriel Olivares como director? ¿En qué se ha centrado con vosotros?

Según nos ha contado, ésta es la obra número 101 que dirige, así que imaginaos la experiencia que tiene como director de teatro. Además, tiene una vis cómica excelente: cuando nos ha marcado una escena, nos moríamos de risa. He tenido la gran suerte de tener buen feeling y conexión con él desde el principio. Me siento muy cómoda y me siento libre. Gabriel nos ha exigido, pero desde la serenidad y la profesionalidad. La verdad, estoy muy, muy contenta con esta nueva aventura teatral.

Es una producción de Okapi Producciones e Iria Producciones. Teatro Infanta Isabel.