Fotografía de «Historia de una maestra» de Geraldine Leloutre.

Teníamos muchas ganas de publicar este reportaje de mujeres que fotografían a las actrices o los actores, a los directores/as o a los bailarines/as en los escenarios, ensayando las obras o representándolas. Hace una década que una mujer hubiera hecho las fotografías de esa obra o de ese espectáculo o de su cartel de promoción, era muy difícil. En los últimos años, hay más. Pero siguen siendo muy pocas. Les presentamos a seis fotógrafas de Artes Escénicas cuyo trabajo es imprescindible en los equipos. Su personal mirada detrás del objetivo de la cámara y su “medida” de la Iluminación escénica son “pura magia”.

BÁRBARA SÁNCHEZ-PALOMERO

En la actualidad es la que fotografía los ensayos y las obras de las producciones del Centro Dramático Nacional. Su primer contacto con la fotografía escénica fue durante las prácticas de sus estudios en la sala teatral Kubik Fabrik. Lleva 14 años como fotógrafa.

“Intento que mis fotografías sean una extensión de la propuesta escénica, que transmitan la energía y la atmósfera de cada obra. Y, sobre todo, cuido mucho que reflejen cada gesto de los protagonistas. Creo que mis fotografías son honestas, expresivas, precisas y narrativas.”, nos dice.

De todas las fotografías de su trayectoria profesional, elige “una de “La distancia” porque «es de las primeras fotografías que hice para el Centro Dramático Nacional. Fue justo después del confinamiento, cuando los teatros aún estaban sin público. Y le tengo un cariño especial porque empecé a trabajar con ellos y, además, fue mi primer trabajo después de la Pandemia. También una de los ensayos de la obra “Shock 2”. Me gusta esta imagen porque me impactó esa obra. Fue una suerte ser testigo de cómo iba avanzando la función y cómo trabajaba toda la compañía en ella. Y la de “Inloca” porque la función tenía una estética muy visual y potente, y esta imagen me gusta mucho.”

Continúa aprendiendo en diferentes cursos de distintas escuelas porque, como explica, “Me encanta aprender nuevas técnicas y creo que es fundamental seguir formándose y mantenerse actualizada…”.

Cuando le preguntamos “¿por qué es tan difícil encontrar a mujeres que se dediquen a esta especialidad dentro de la fotografía?”, comenta que “Históricamente, como muchas profesiones, la fotografía era un trabajo de hombres y, como casi todo en el mundo laboral, funciona y empieza con contactos y redes. A eso súmale la disponibilidad de horarios que, por supuesto, no ayudan a conciliar. Y esto lleva a un menor número de referentes femeninos en los créditos de las imágenes. Por suerte está cambiando y cada vez somos más las mujeres que nos dedicamos a esta especialidad”.  www.barbarasanchezpalomero.com

ALBA MURIEL MELÉNDEZ

Comenzó a trabajar con la Compañía Nacional de Danza en 2016. También ha sido la fotógrafa de compañías como Ogmia de Edu Vallejo o el Ballet de Barcelona; de coreógrafos como Antonio Ruz o Nacho Duato; de intérpretes como Aída Badía o Sergio Bernal y de festivales como el Dance Open Festival, entre otros. “En 2016 era José Carlos Martínez el director de la CND. Le estoy muy agradecida y también le doy las gracias a Maite Villanueva,  jefa del departamento de Comunicación de la CND, porque confió en mi visión artística desde el principio. Acercarme a la fotografía escénica fue, sobre todo, porque mi madre es una amante de la Danza y mi padre es músico, por lo que el arte siempre ha estado muy presente en mi vida, desde que tengo memoria…”, comenta.

Sobre la fotografía de Danza considera que “las escenas se presentan con una serie de recursos y de posibilidades que debo utilizar para crear. Muchas veces mi trabajo se parece al de la fotografía urbana. Hay que estar alerta porque aquí puede ser que algo ocurra en un instante y ya no lo volvamos a ver. Hay cambios de iluminación, mucho movimiento… con lo que hay que utilizar todo el conocimiento para optimizar mi capacidad de improvisación.”

De entre todas las imágenes de su trayectoria comenta que “Prefiero elegir cuatro momentos importantes para mi trayectoria dentro de la fotografía escénica de danza: «Sad Case». Esta foto es sin duda una de mis fotografías favoritas, no solo por la composición de las 2 figuras superpuestas pero que tienen profundidad, o por el instante capturado, si no por la energía que se generaba en escena con esta pieza, por su música y la interpretación precisa de los bailarines de esta impecable coreografía de Sol Leó n y Paul Lightfoot. «Giselle en el Moncayo». Giselle siempre ha sido mi ballet clásico favorito, por eso, cuando Joaquín de Luz me propuso crear la imagen de cartel para esta producción en la que estaba trabajando la CND, no me lo pensé 2 veces. Tan solo la idea de conseguir esa mezcla entre oscuridad y luz que tiene el segundo acto del ballet, conseguir ese drama romántico y delicado pero sin quedarnos tan solo en la parte interpretativa. Ir buscando entre los árboles de aquel bosque el set perfecto fue un reto para poner en práctica esa dirección artística que en mi trabajo diario no siempre tengo la oportunidad de realizar.

El backstage de «El Cascanueces». Es el momento en el que activo el modo “ninja” y me pongo siempre mis “botitas Bloch” para que no moleste ni el sonido de mis pisadas y poder descubrir intérpretes estirando, ensayando con sus auriculares… Son los bailarines Ana Pérez-Nievas y Benjamín Poirier ensayando el paso a dos del Hada de Azúcar de «El Cascanueces» en el Teatro de la Zarzuela.

Y la foto del paso a 2 del Cisne Negro del «Lago de los Cisnes» interpretado por los bailarines Haruhi Otani y Yanier Gómez. Este plano corto tirado desde las cajas del teatro de la Zarzuela dentro de la gala homenaje a Maya Plisetskaya en 2016 fue la primera función que realicé para la CND. Fue el instante en el que fui realmente consciente de que, efectivamente me encontraba entre las bambalinas de un teatro precioso, retratando a unos bailarines maravillosos con un repertorio que siempre había soñado ver. Al previsualizarla pensé: “Realmente quiero hacer esto, quiero dedicarme a la fotografía de danza”.

Y termina diciéndonos, “Definiría mis fotografías con los adjetivos rítmico, expresivo, detallista y dinámico. Quizás la mayor complejidad de este trabajo reside en la espontaneidad y en lo efímero del mismo. En la mayoría de las situaciones se presenta una pieza que, probablemente, no conocemos por lo que, a priori, soy observadora de todo lo que sucede delante de mi lente. Lo más difícil es aprovechar la capacidad para ser creativa, sin perder de vista que estoy para retratar una obra que tiene una escenografía y una iluminación muy concretas.” www.albiruphotography.com

LUZ SORIA

Tiene una trayectoria profesional prolífica y muy reconocida. De origen argentino, comenzó su andadura en España con la compañía “Los números imaginarios” de Carlos Tuñón. Y ha trabajado en decenas de producciones teatrales. También ha sido fotógrafa del CDN. En 2025 se mudó a Holanda, donde actualmente colabora con el Holland Festival, el Spring Festival, la Flamenco Biennale NL y el Stut Theater, entre otros.

“Cada proyecto es un Universo. El Teatro me abre mundos enteros, desde la ficción y desde la realidad. No solo lo que se plantea en la pieza y cómo se trabaja. En el Teatro hay urgencias,  hay objetos por todos lados, hay mucha oscuridad. Y estás ahí, reptando por todo el Teatro, con los ojos silenciosos que sacan las imágenes fuera de las salas. Definitivamente, lo más complicado es la luz. La no luz, en realidad. Ese es el gran desafío desde mi experiencia. Y hacer fotos desde una butaca entre el público, sin poder moverse y sin hacer nada de ruido también es difícil. Personalmente disfruto muchísimo más cuando puedo moverme libremente por el espacio sabiendo que no estoy molestando a nadie. Siempre que se pueda, incluso intento estar encima del escenario…”, nos dice. 

Luz tiene muy claro lo que destacaría de su “estilo” fotográfico: “Trabajo de una manera muy sensible, me intereso por lo que está sucediendo delante de mi lente, y trato de combinar mi manera de mirar con la manera de ver de los creadores. Como si tratase de ponerme en sus ojos. Así trato de ver. Aunque con mi corazón. No puedo dejar de ser yo, obviamente, pero tratando de ver desde la lógica que se esté manejando en ese universo-obra. Muchas veces las fotos que hago llegan como epifanías a los creadores. Como si hubiese podido mostrarles la esencia de la pieza en una sola imagen (o en un grupo de imágenes). Y eso es muy muy bonito. Creo que es eso, captar la esencia. Cuido mucho el hacer esas fotos más ilustrativas, más de registro “puro”, pero me doy mucho espacio para hacer las más “artísticas” o conceptuales también, esas que pegan distinto, que cuentan desde un lugar más honesto. Y, de alguna manera, siempre intento que todos aparezcan bien. Con una luz que les favorezca, con un gesto en el que además de ser expresivo, también sea amable con ellos.”

Y termina, «este año tuve la oportunidad de fotografiar a Luz Arcas y su show “Mariana” durante la Flamenco Biennale de Países Bajos. Su trabajo es espectacular, es una bestia en el escenario. Sentía que le hacía fotos a un animal, por momentos un caballo. Me pareció increíble y hay un par de fotones que me parecen, como ella, espectaculares. Y también destacaría de mis fotografías una imagen-retrato en blanco y negro que adoraré siempre, con mis queridos Patricia Ruz y Alberto Jiménez en su proyecto “Kapow”.   www.luzsoria.com

GERALDINE LELOUTRE

“Fui actriz antes que fotógrafa y mi primera vez  fue casi sin querer, vestida por Franca Squarciapino, con peluca de Antoñita, en el Teatro Español. Desde aquella “corte de Versalles” empecé a fotografiar todo lo que ocurría a mi alrededor: los ensayos, la construcción del vestuario, la caracterización, la función y la vida entre bambalinas. En ese momento no lo sabía pero ahí comenzó mi carrera”, comenta Geraldine sobre sus inicios como fotógrafa de escena.

Actualmente es la fotógrafa de las producciones de Nave 10 Matadero.  Ha trabajado para el Teatro Español, el Teatre Nacional de Catalunya, el Centro Dramático Nacional o La Abadía, entre otros, y para muchas compañías y productoras teatrales.

“El Teatro es mi casa. Sé cómo se mueve un actor en escena, cuándo intervenir y cuándo desaparecer, conozco los cambios de ritmo, cómo hablar con el equipo y cómo hacerlo desde el idioma interpretativo y no desde el técnico y esto acerca siempre posturas. Me apasiona ser partícipe de cómo se hace cuando quienes lo crean también lo aman, porque entonces nace de un lugar muy puro, muy arriesgado y, muchas veces, muy precario. Al final está lleno de verdad y de compromiso lo mires por donde lo mires.”

Geraldine considera que lo más complicado de la fotografía de escena es “La inmediatez, porque, si no captas el momento, ya no vuelve”.

Y para ella, sus fotografías se definen con cuatro adjetivos: “Cinematográfico  porque trato de acercar al espectador al teatro a través de la imagen de una manera más íntima. Elegante. Me interesa la limpieza, centrar la información en lo esencial y no saturar la imagen.

Rítmico. Trato de captar el movimiento, energía entre una emoción y otra. E íntimo porque trabajo desde dentro, desde la escucha y desde la escena.”

www.geraldineleloutre.com

ELENA DEL REAL

Es hija de Javier del Real (fotógrafo del Teatro Real desde hace más de dos décadas). “Hay imágenes que no se olvidan. En mi caso, la de un baño lleno de fotografías pegadas a las paredes, secándose después del revelado. Crecí así. La fotografía no era algo extraordinario en casa: era parte del día a día. Me quedaba mirando aquellas escenas intentando imaginar qué había pasado antes y qué ocurriría después. Sin darme cuenta, aprendí a mirar. Aunque siempre conviví con la fotografía, nunca tuve claro que quisiera dedicarme a ello. Mi padre me decía que tenía “buena mirada”, pero nunca me empujó ni forzó a nada. Empecé ayudándole con edición y selección de imágenes, desde la parte más técnica y silenciosa del proceso. Poco a poco, casi sin planearlo, fui sintiendo que ese mundo también podía ser mío. Tenía 23 años cuando empecé más en serio. Hoy no imagino un trabajo más exigente ni más bonito.”

En los últimos 12 años ha trabajado para el Teatro Real, el Teatro de la Zarzuela y con muchos artistas y compañías. “Lo más complicado es lograr que una imagen explique la esencia de la obra. No basta con exponer correctamente o resolver una iluminación complicada. Es estar situada en el lugar preciso, con el objetivo adecuado, anticipando lo que va a suceder un segundo después. Esa capacidad de prever, de intuir el momento exacto, solo la dan los años y la experiencia.”, comenta.

Y añade “Me gustan mucho las fotografías de «Golondrinas”, «Iphigenia en Tracia», «La del Manojo de Rosas», «Pan y Toros»  y «El Año pasado por agua». Todas estas zarzuelas fueron representadas en el Teatro de la Zarzuela.  Las he elegido por su belleza y por poesía, pero también porque explican bastante bien cómo veo yo la fotografía de escena. Hay imágenes que se te quedan más dentro que otras y muchas veces no sabes muy bien por qué: es la manera en la que te han llegado, cómo te has vinculado con ese momento o con esa atmósfera. Para mí, la fotografía de escena no es solo documentar lo que pasa, sino capturar algo que ya tiene emoción, tensión o misterio por sí mismo. Que funcione casi como una imagen autónoma, que tenga vida más allá de la función…»

Y sobre su forma de “mirar” lo que ocurre en los escenarios nos dice que “En la fotografía de escena el ego debe quedarse fuera. Es inevitable que la mirada personal esté presente. Nuestra labor no es imponernos, sino ensalzar el trabajo de quienes están sobre el escenario. Somos un puente entre la obra y el público. Si hay una seña de identidad en mi trabajo, quizá sea esa escucha atenta, esa intención de comprender profundamente lo que se quiere expresar para traducirlo con precisión y sensibilidad… No es suficiente con que describa la escena; la foto tiene que ser bella, expresiva y fiel al espíritu de la obra.”

«La fotografía de escena sigue siendo un mundo bastante masculino en el que muchas veces la mirada dominante continúa siendo la masculina. Creo que necesitamos más miradas femeninas. No como una cuestión de cuota, sino porque la diversidad de miradas enriquece el relato visual de lo que ocurre sobre el escenario…»

VANESSA RÁBADE

Formó parte del equipo de la productora Kamikaze desde el inicio de su etapa como gestores del Pavón Teatro Kamikaze. Era la encargada de realizar las fotografías de todas sus producciones. Es una de las fundadoras de The Office Comunicación y su fotógrafa desde hace más de 10 años. Sigue trabajando para otras compañías de danza y de Teatro y es muy conocida por sus  especiales retratos de actores y actrices.

«Mi formación comenzó con los estudios de Diseño Gráfico en la Escuela de Artes Pablo Picasso, en A Coruña, dónde empezó mi pasión por la fotografía. Años más tarde, regresé a la misma escuela para hacer la especialidad de Fotografía Artística. Empecé las prácticas en el estudio fotográfico de Xoan Piñón, que, en ese momento, era el mejor estudio de fotografía en A Coruña y uno de los mejores de Galicia. Tras una década trabajando de la mano de Xoán Piñón, decidí darle un giro a mi carrera e independizarme como una de las fundadoras de The Office Comunicación».

Sobre que cada fotógrafa tiene una mirada diferente, nos dice que “Lo que intento que defina mi trabajo es hacer imágenes cercanas y desde dentro de las piezas. Me gusta trabajar con objetivos cortos de lente fija y moverme todo lo que me dejen. De todas las fotografías que he hecho en mi vida me quedo con las de las obras “Jauría”, de Miguel del Arco, por lo importante que fue la pieza, por lo gratificante y lo mucho que aprendo siempre que trabajo con Miguel.

“Todo el tiempo del mundo”, de Pablo Messiez que tiene una energía que hace que los días que trabajo con él sean días felices. “Vania x Vania”, de Pablo Remón. Fue increíble ver cómo adaptaba un mismo texto de dos formas tan distintas. Y “Traición”, de Israel Elejalde. Fue el último espectáculo que fotografié en el Pavón Teatro Kamikaze”.

“Lo más complicado es conseguir no dejarme llevar por las dificultades de la parte técnica que tienen algunos montajes y poder entrar en la obra para sacar un registro desde dentro. Aunque es importante hacer un registro fiel del montaje, a mí la parte que más me gusta es donde puedo acercarme a los actores y conseguir imágenes más próximas. Me encanta el proceso desde el inicio, el poder leerme el texto antes de ver nada y dejarme sorprender con el montaje. Poder ver el ensayo antes de tener la sesión me ayuda a ir con más confianza en los movimientos cuando estoy fotografiando y me ayuda a entrar en la función, me deja disfrutarla más mientras trabajo. Me considero una fotógrafa cercana, emocional, empática y perfeccionista”, termina. www.theofficeco.es