José María Pou ha vuelto al escenario del Teatro Bellas Artes para dar vida al gran escritor inglés Roald Dahl en una etapa crucial de su vida: el Verano de 1983. Un verano en el que se ve casi obligado a elegir entre disculparse públicamente por un artículo antisemita que ha escrito o arriesgar tanto su fama como escritor de obras infantiles y juveniles como su reputación personal. Una magnífica adaptación de la obra de Mark Rosenblatt, llena de ágiles diálogos y de Teatro en estado puro.
JOSÉ MARÍA POU
-Interpretas a Roald Dahl, autor de libros como “Matilda”, “Charlie y la fábrica de chocolate” y “Las Brujas”. ¿Qué has descubierto de él?
Además de su gran talento como escritor, es un personaje del que no conocía su biografía. La he estado investigando. Es uno de los escritores más complejos de la Literatura. Es un hombre que fue piloto de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial, que entró en combate, que fue derribado varias veces. Tuvo heridas enormes por todo el cuerpo y también en la cabeza. A los 30 y pico ya le habían hecho cuatro operaciones de espalda y una en el cerebro. Después tuvo que empezar una vida nueva. El Gobierno inglés le envió de agregado a la embajada de Inglaterra en EE.UU. Y en Washington empezó a escribir algunos cuentos como “hobby”.
Pero como autor de cuentos infantiles y juveniles sorprendió al público de todo el Mundo. Y se sigue estudiando en las escuelas e institutos de todo el Mundo.

-Ese duro pasado marca evidentemente su carácter ya que la obra se desarrolla cuando Dahl ya tiene más de 70 años…
Sin duda. Es un hombre absolutamente traumatizado, no solo psicológicamente. Necesita un bastón para caminar y, aun así, camina con dificultad. Tiene dolores continuamente. Y es un hombre, además, que necesita estar sentado. Muere poco después, de hecho.
Tiene un humor muy ácido, es muy cínico, se sabe defender bien porque es alguien superior a los demás intelectualmente. Tiene una mente privilegiada, “destroza” al resto de personajes con cuatro palabras. Mirándoles desde su gran altura tanto física como mental. Desde su gran talento. Desde su humor ácido. Desde su implacable ironía.
En medio minuto puede pasar de ser la persona más maleducada o cruel al ser más gracioso. Tiene multipolaridad. Va de un extremo a otro en muy poco tiempo.
-En el escenario es el Verano de 1983. En una casa en la campiña inglesa, con jardín, con mucho terreno alrededor. La casa está en la periferia de Londres y está en obras. Roald Dahl revisa las pruebas de su último libro, que está a punto de enviarse a la Imprenta.. Pero el escándalo provocado por un artículo antisemita que escribió Dahl y que ha sido publicado recientemente no parece tener fin…
Los seis personajes de la obra están recluidos en la única habitación en la que se puede estar porque el resto de la casa está hecha una pena. Dahl mantiene una reunión con Jessie Stone, la persona enviada por su editor americano (Cláudia Benito) y con Tom Maschler, su editor inglés (Pep Planas). Ha pasado una semana desde que la actriz Patricia Neal (su exmujer) se ha ido de esa casa. También están presentes la que va a ser su segunda mujer, que ahora es su amante y su secretaria personal (Victòria Pagès); Hallie, la criada y cocinera (Aida Llop) y Wally Saunders, el jardinero (Jep Barceló).

Es una obra con una temática central pero que se aborda desde varios puntos de vista tan importantes… Dahl pedía en su polémico artículo “la desaparición del Estado de Israel” y todos los libreros de la época amenazaron con no publicar sus libros. Aunque fue solo una amenaza…
Pero el texto que representamos deja abierto el debate para el público. Para que cada uno/a saque su propia conclusión…Y es una obra que plantea un debate difícil de encontrar en ninguna tertulia.
-Has declarado en más de una ocasión que te gustaría “acercar al público español los grandes textos que se están representando por el mundo”…
Y sigo pensando igual. A mis 80 y pico y, después de más de cincuenta producciones, este personaje no lo llevo a escena para lucimiento personal sino para ofrecerle al público un gran texto para disfrutar. Llevo 60 años en los escenarios, interpretando a grandes personajes pero no tengo ningún sentido de “transcender”.
-Completa esta frase: “Ser actor teatral no es un oficio. Es…”
…Una forma de entender el mundo y de interpretarlo. Una forma de querer ser activo dentro de tu colectividad. La llamada del Teatro es algo que va más allá del hecho cultural para relacionarse dentro de la sociedad. Es contribuir a que la vida sea un poco más apacible.
Me siento identificado con una frase de mi personaje en Macbeth: “Un actor es una sombra que pasa, cruza brevemente el escenario y ya no se le ve más”.
-Se ha comentado que con este personaje ya te retiras…
La verdad es que llevo pensándolo desde hace unos años (desde que interpreté a “El Padre”). Pienso “¡Es mi última función, para retirarme!”. Pero tengo “la mala suerte” de que sigo teniendo el gusanillo por dentro y siempre encuentro una función de Teatro que remueve todo mi interior.
Cuando vi esta función en el Royal Court (titulada “Giant”) supe que “aquel personaje enorme tanto física como emocionalmente era para mí”.
Y, la verdad, nunca voy a decir “¡es mi última gira!”. Me retiraré y no voy a anunciarlo. Es una decisión muy personal.

VICTÒRIA PÀGES
-¿Quién y cómo es Liccy Crosland?
Liccy es un personaje que existió en la vida real. Fue la amante, la secretaria personal de Dahl y era amiga de su primera mujer. Dejó su trabajo, se fue a vivir a la casa en la que se desarrolla la historia y estuvo con él los siete últimos años de su vida. Tenía una carrera como productora de cine importante. Cuando Dahl muere, dirigió muchas fundaciones para niños con problemas. Y se encargó de gestionar su patrimonio y su legado.
En la obra es la anfitriona de esa comida que se va a celebrar en la casa, en 1983, y a la que están invitados los dos editores para convencer a Dahl de que pida disculpas o se retracte del artículo que ha escrito contra el Estado de Israel.
-¿Qué tipo de relación mantiene con el personaje de Roald Dahl?
Liccy es 20 años más joven que Dahl pero son personajes maduros, que se quieren mucho, que tienen una gran complicidad. Entre ellos hay diálogos con mucho sentido del humor. Dahl a veces tenía arranques de genio y era una persona de carácter difícil pero sabía manejarlo y era de las personas que mejor sabía tratarle. Es la única que le puede reñir a veces, que intenta encauzar las conversaciones. Hace de intermediaria entre los editores y el escritor. Además, está luchando para que nombren “Sir” a Dahl porque cree que se lo merece. Y cree que esa reseña que ha escrito le condenará a que no le den el título. Tal y como pasó en la vida real.
Sabe que es “especial” pero también piensa que Dahl es una persona que se merece ese reconocimiento británico.
-Las frases del texto de tu personaje que destacarías…
– “Vueltas y más vueltas. Recodos inesperados. Un sinfín de bosques a cual más triste, lúgubre y oscuro. Pero sí. Aquí estoy”. Habla del camino vital que ha recorrido junto a Dahl. Ella ya está instalada en la casa.
Y Liccy está siempre diciendo expresiones como: “¡Ay, por Dios!”, “¡Roald, por favor!. ¡Cálmate, por favor” Siempre está mediando, apaciguando la situación…
-¿Con qué “mensaje” te gustaría que se quedase el público al salir de ver la función?
Es una obra que invita a pensar, a reflexionar y, sobre todo, a algo que a mí me gusta mucho: nos dice que “los problemas complejos no tienen soluciones fáciles” y que no se puede reducir la solución a una infantil de elegir entre el blanco y el negro. Los matices son muy amplios.
Me gustaría pensar que el público ha entendido todos los matices que tiene el texto de la función.
-Según tu opinión, ¿Cuáles son los temas de los que nos habla “Gigante” que siguen de actualidad?
Parece que no hemos avanzado ni cuatro pasos respecto a lo que ocurrió en 1983 con Israel. El debate que se crea entre los personajes. Es muy bonito que el autor plantea, a través de las opiniones y posiciones de cada uno de los dos editores, las diferentes visiones del conflicto israelí y árabe. Nos demuestra que se avanza poco.
Y otro tema actual es que si un personaje famoso o público está en su derecho de hacer unas declaraciones libres, políticamente muy incorrectas. Surge el debate, tan actual, de si se debe retractar o no públicamente para evitar consecuencias. Si se debe o no expresar las opiniones personales siendo un autor reconocido. Si se puede o no “apartar” a un autor por sus opiniones…
-Según Josep María Mestres, el director, “Gigante” es una obra valiente, elocuente, perturbadora y, sobre todo, compleja y llena de matices.” ¿Qué añadirías para definirla?
Es una obra que te impacta. Es una obra muy compleja. Muy interesante. El autor presenta a unos personajes que defienden sus posturas en el escenario. Creo que quiere transmitir que en la vida no hay que polarizar continuamente. No es “Ni contigo ni sin ti”. Hay una paleta de grises muy interesantes.
Defender que todos podemos tener opiniones distintas. Todo se puede matizar y dialogar. Te puedes identificar con cada uno de los personajes. Te plantea muchas preguntas y te hace reflexionar mucho. Te deja con muchas preguntas y con muchas curiosidades. Es una coproducción del Teatre Romea y Grec Festival de Barcelona. Fotografías de David Ruano. Teatro Bellas Artes.