Con texto y dirección de Marco Zoppello, este unipersonal de Alberto Castrillo-Ferrer, coproducido por la compañía aragonesa El Gato Negro y la italiana Stivalaccio Teatro, rinde tributo a Darío Fo en el centenario de este Premio Nobel de Literatura.
En palabras de la compañía, “siempre incisivo, satírico, política y socialmente implicado, Fo desnudó desde los escenarios las hipocresías del poder y la corrupción institucional. En estos tiempos procelosos, recurrimos a sus enseñanzas y, como él, a la tradición mímica, al teatro popular, a la Commedia dell’Arte y la bufonada para contar la actualidad y convertir el escenario en un espacio de resistencia. Prometeo, bufón y mártir es un texto innovador, porque lo más novedoso, como en el Renacimiento, siempre ha sido volver a los clásicos sin complejos y con sincerida.»
Alberto Castrillo-Ferrer realiza un ejercicio de maestría, interpretando más de 30 personajes sobre la escena, creando mundos, mimando, jugando con los diferentes planos de la narración, interactuando con el público en las diferentes épocas, lugares y emociones.
El narrador de esta bufonada, de este cuento cómico inspirado en los narradores latinos no es otro que Dioniso, el dios del teatro… ¡y de la embriaguez!
No es casualidad que el arte de contar cuentos y el vértigo del éxtasis estén representados por el mismo dios, un borracho que cambia de forma, hilarante y simpático (en el sentido griego del término: simpathos, capaz de compartir pathos, emoción).
Sobre una tarima redonda, el actor-mimo está solo en escena y armado únicamente con su propio cuerpo, su propia voz y la imaginación del público, dará vida a una epopeya tragicómica, paseo por los caminos del Mito que galopa de Esquilo a Hesíodo, pasando por Platón
Según el actor, «La historia es la de la humanidad, es el origen de todas nuestras historias. La mitología y todas sus adaptaciones poéticas y teatrales ya lanzaron al mundo las grandes preguntas, las que invitan a la reflexión y a la conciencia de ser humano. El texto de Marco Zoppello permite contar el mito como lo haría un histrión de la Antigüedad, con humor y crudeza. Toda nuestra educación espiritual mediterránea está condensada en esta fábula imprescindible. El teatro es, ha sido y será el espejo de la realidad. Lugar de reflexión, de encuentro de valores, de pensamiento y discusión sana y satírica. Siempre acudimos a los clásicos para que nos expliquen nuestro tiempo”. Noviembre en Teatro Tribueñe.