ÁLVARO TATO es el dramaturgo de esta función que lleva a escena la veterana compañía Ron Lalá. Con él hablamos.

-A finales del siglo XVI, tres náufragos sobreviven a duras penas en alta mar a bordo de una barca de salvamento después de que una tempestad destruya la carabela en la que viajaban rumbo al Nuevo Mundo. ¿qué más le puedes contar a nuestros lectores de la historia de esta función?

Se trata de una parodia de “las Crónicas de Indias” al estilo ronlalero: teatro en verso, música en vivo y espíritu de comedia delirante para reflexionar sobre los imperios, las invasiones, la ambición de conquista…

Una aventura a tierras desconocidas, satírica y festiva, para nuestro gran quinteto de actores-músicos.

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-¿Cómo describirías a los personajes del capitán Hernán Galán, fray Pío y el marino Fulano, sus tres protagonistas?

Cada uno representa un aspecto de aquel Imperio español en el Nuevo Mundo: Galán busca la gloria, fray Pío las almas y Fulano el oro. Pero la obra esconde sorpresas a la manera barroca: pronto descubriremos que nuestros náufragos no son lo que aparentan… Y, además, contamos en escena con dos Cronistas de Indias que nos van narrando y cantando sus desventuras.

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-¿Cuáles son algunas de las escenas más divertidas de “La Desconquista”?

Los tiburones por bulerías, el micromusical de los piratas ingleses, la nana a Felipe II, la pesadilla con el Dios mexicano Huitzilopotchli… y quizá mi preferida: la humilde Patata cantando al son de cumbia sus orígenes andinos, su destierro a Europa y su amor por el Huevo para formar la obra maestra de la gastronomía mundial: la tortilla de patatas.

-¿El público va a poder disfrutar de una obra gamberra, divertida y sarcástica, como es habitual en vuestras producciones?

“La Desconquista” es puro Ron Lalá 100%: humor crítico y cítrico, música popular, texto en verso y juego teatral continuo (como es habitual bajo la batuta de Yayo Cáceres). Prometemos muchas risas, emoción y reflexión en torno a un tema tan candente como las fronteras, el ansia de poder, los estadistas ególatras, las guerras e invasiones. Una visión cómica, carnavalesca y bufonesca de un momento histórico polémico y poliédrico. Porque nos reímos de la leyenda negra y de la leyenda rosa.

-¿Qué tipo de música ambienta este montaje?

La música original, compuesta por Yayo Cáceres, Juan Cañas, Daniel Rovalher y Miguel Magdalena (que es el director musical), e interpretada en directo.

Está basada en la llamada “música de ida y vuelta”, en el diálogo musical entre dos continentes: la rumba, la cumbia, el candombe, el chamamé… y, ¡cómo no!, el aire flamenco que es la marca de la casa.

-Comentáis en la presentación de “La Desconquista” que la función reivindica ese arte escénico que, desde los tablados de plazas públicas hasta los salones de la Corte pasando por los corrales de comedias, ofrecía un espejo festivo y carnavalesco de las costumbres, vicios, tensiones y miedos de la sociedad española durante los siglos XVI y XVII. Explícanoslo…

En Ron Lalá intentamos practicar ese teatro esencial, primigenio, básico, que late en el origen de la comedia barroca: escasos elementos simbólicos para crear lugares y situaciones, texto en verso como poesía activa, empleo teatral de la música y el canto, apuesta por la imaginación del espectador… Para nosotros, que nos seguimos considerando una compañía independiente, la risa del bufón, del cómico de la lengua, conecta la sociedad del XXI con la esencia del arte teatral como crítica del poder. Es una reunión festiva y colectiva para formular preguntas, a veces incómodas.

-Una de las influencias de la obra es el teatro prebarroco, como “los Pasos” de Lope de Rueda y el teatro cortesano de Juan del Enzina o Gil Vicente, entre otros. Y es un espectáculo escrito íntegramente en verso clásico…Pero, ¿es un texto para todo tipo de públicos? 

¡Por supuesto!. Escribimos, componemos y creamos para el público de todas las edades y lugares. Y nos encanta la complicidad con los espectadores de toda España (y otros países) en nuestras giras. Aunque a veces se piense lo contrario (por el tópico totalmente erróneo de considerar que los clásicos son solemnes o aburridos), los poetas dramáticos renacentistas y barrocos son tan entretenidos, diversos y variados como las plataformas de streaming actuales: resultan divertidos, emocionantes, potentes, unas veces sublimes y otras grotescos. Y para nosotros el verso aporta claridad, concisión y potencia expresiva. El verso es el idioma convertido en música, pura síntesis activa, el lenguaje ideal para comunicar emociones, pasiones, sensaciones o sentimientos sobre un escenario.

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-Ron Lalá lleva 30 años como compañía de teatro y fomenta un trabajo colectivo de creación entre los actores-músicos, el director y tú como dramaturgo… ¿Dónde crees que está la clave para mantenerse como compañía durante tantos años?

La clave, creo, es el respeto mutuo como personas y como artistas.

Una visión en común da lugar a una creación colectiva de historias y músicas que tienen algo de todos nosotros, y que intentamos compartir con el público. Ron Lalá responde a un modelo cada vez menos frecuente en compañías, bandas y grupos artísticos, una afortunada anacronía: el teatro como arte analógico y colectivo. 

Y otras dos claves: la risa y la plata. Seguimos juntos porque nos reírnos mucho en la sala de ensayos y porque repartimos lo que ganamos a partes iguales.

-¿Por qué sigue siendo importante llevar a escena textos clásicos? ¿De qué temas actuales nos habla este texto que has escrito en particular?

Los clásicos son los jóvenes eternos, los que formulan las preguntas esenciales del ser humano de manera inolvidable. Son nuestros espejos; por eso no mueren, por eso habitan en cada época, por eso en este siglo turbulento resultan tan necesarios. En este caso, nos basamos en los clásicos de la historia y la invención del Nuevo Mundo, las páginas tremendas y fascinantes de viajeros como Colón, Cortés, Díaz del Castillo, Cabeza de Vaca, Las Casas, etc., para elaborar nuestra trama cómica y levantar una Desconquista que cuestiona el afán de poder, la avaricia, la imposición de las creencias a los demás, las fronteras y las identidades.

Fotografías de David Ruiz. Teatro Infanta Isabel.