María Adánez y Ana Garcés son las dos actrices que protagonizan esta versión de Eduardo Galán de la obra que escribió Arthur Miller. Un drama familiar que avanza inevitablemente hacia la tragedia griega y que también interpretan José Luis García Pérez, Pablo Béjar, Rodrigo Poisón, Francesc Galcerán, Manuel de Andrés y Pedro Orenes.
Una función sobre los límites entre el deber y el deseo, sobre la lealtad y la justicia, con una puesta en escena muy cinematográfica.
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-¿Quién y cómo es tu personaje? ¿Qué tipo de relación mantiene con el personaje de Eddie?
MARÍA ADÁNEZ: Beatrice es la mujer de Eddie Carbone (José Luis García Pérez). Representa el sentido común, el equilibrio, la intuición. Es una buena mujer. Es acogedora, cálida y escucha a los demás. Pero es una mujer también de esa época (de los años 50 en Brooklyn). Eddie y Beatrice han tenido una buena vida. Se han hecho cargo de esta sobrina que es la hija de mi hermana que murió.
Hasta la llegada de esos primos a la casa era una vida común, la de una familia humilde, de Brooklyn. Beatrice va a estar en todo momento intentando evitar lo inevitable, lo que ocurre al final de la función. Y de lo que ella es consciente desde la primera escena. Intuye lo que va a ocurrir y protege a su marido hasta el último momento.

ANA GARCÉS: Catherine es una chica joven, inocente al principio de la obra y muy ilusionada con la vida. Quiere crecer, descubrir el mundo, enamorarse pero todavía vive bajo la protección de sus tíos Beatrice y Eddie. Es una joven sensible e impulsiva pero también decidida y valiente que, poco a poco, se empieza a atrever a tomar sus propias decisiones. Su relación con Eddie es complicada. Es su figura paterna. El concepto del amor de Eddie es una mezcla entre la protección y algo más oscuro que ni él mismo sabe gestionar. Yo creo que Eddie es un personaje muy trágico, porque está atrapado en lo que siente y no sabe cómo manejarlo, y eso le lleva a destruirlo todo.

-La obra está ambientada en los años 50 en el barrio de Red Hook, en Brooklyn (Nueva York). Eddie Carbone es un estibador que vive con su esposa Beatrice y con Catherine, la sobrina de su mujer. La llegada de dos inmigrantes ilegales, Marco y Rodolfo, desata una serie de conflictos que revelan las pasiones ocultas de Eddie…
MARÍA: Es una mirada precisa sobre esta familia y narra lo que le ocurre a Eddie Carbone cuando, de una manera inconsciente, se da cuenta de que está enamorado de su sobrina que, por su parte, se ha enamorado de uno de estos dos inmigrantes ilegales. Y empieza a darse cuenta de que hay un torrente de sentimientos hacia esa niña. Por otra parte, impide a Rodolfo (interpretado por Pablo Béjar), un pobre chaval, buena persona, disfrutar del amor que siente por Beatrice. Arthur Miller utilizó el tema de la inmigración ilegal de la época para denunciar a esa sociedad porque Eddie no es capaz de aceptar sus emociones y sus sentimientos hacia Beatrice. Termina denunciando a estos dos hombres a la Policía de Inmigración como forma de acabar con esa relación.
ANA: Es como una bomba emocional que va creciendo poco a poco. Todo parece tranquilo al inicio de la función. Pero, posteriormente, hay tensiones muy fuertes. celos, deseos ocultos, miedo… Cuando llegan Marco y Rodolfo a la casa todo eso explota. Es una historia muy humana en la que se sufre por la ruptura de una familia.
-Dice Eduardo Galán, el adaptador de esta obra de Arthur Miller que “En nuestra versión potenciamos el drama pasional y la conducta irracional de los personajes que se dejan dominar por el deseo…”. ¿Estás de acuerdo?
ANA: Sí, totalmente. En esta obra nadie actúa desde lo racional. Todos están movidos por emociones muy fuertes: amor, celos, orgullo… y eso hace que tomen decisiones que, aunque saben que no son las correctas, no pueden evitar tomarlas. Son personajes viscerales.
MARÍA: Tanto la versión de Eduardo Galán como la obra original tienen un esquema de tragedia griega, clásica. Me gusta mucho la idea que plantea Miller del hombre contra los instintos más profundos, contra el Mundo, contra las leyes de la época.
-Si tuvieras que elegir varias escenas de tu personaje, ¿cuáles serían?
MARÍA: Me gusta mucho la que tengo con mi sobrina en la que le digo que “tiene que empezar a crecer, que no se puede comportar como una niña, que tienen que tomar sus decisiones”. Está muy bien escrita. Y también me gusta mucho una escena que tengo a solas con Eddie en la que le digo:“No te preocupes. Ya volverán. Se han ido al cine pero no hay mayor problema en eso…”.
ANA: Una de las escenas que más disfruto es la primera, cuando llegan los primos inmigrantes a casa. Otra es la escena en la que Catherine le pregunta a Rodolfo que si se seguiría queriendo casar con ella si se tuviesen que ir a vivir a Italia. Y, obviamente, las escenas de su conflicto con Eddie. Son muy duras, pero muy potentes.
-Según tu opinión, ¿Qué ha aportado la particular visión de Javier Molina (actual codirector artístico del Actors Studio) al dirigir esta versión?
MARÍA: Mucha frescura, mucha verdad. Hay dos cámaras que toman planos de lo que está pasando, llevamos micros para que la proyección sea más íntima. Tenemos muchas veces la sensación de que estamos haciendo cine. Y hemos levantado esta función a base de muchas improvisaciones, para que los actores encontremos los movimientos necesarios y los personajes sean adecuados. Hemos construido todo el elenco la escenografía, hemos participado en todo el proceso. Ha sido un trabajo muy bonito. No ha habido una opinión externa impuesta sobre el montaje. Lo hemos descubierto entre todos.
ANA: Yo creo que Javier Molina ha conseguido que todo sea como más cercano y más crudo. No es una historia lejana o antigua, la sientes muy presente. Ha sacado mucho la verdad de los personajes, sin adornos, y eso hace que el público conecte más. Además de haber focalizado mucho en la familia. Para él era lo más importante, que fuese lo más parecido a una familia de verdad.
-El abogado Alfieri (interpretado por Francesc Galcerán) es también el narrador en esta obra. Su personaje recuerda al coro de las tragedias griegas…
ANA: Alfieri es como la conciencia de la obra. Está ahí viendo lo que pasa, sabiendo que todo va a acabar mal, pero sin poder evitarlo. En esta versión es alguien que nos guía emocionalmente, como si nos dijera: “¡mira, esto es lo que pasa cuando no controlamos lo que sentimos!”.
-¿Por qué no debería perderse esta función el público actual?
MARÍA: Es una función que, como espectador, desde que empieza hasta que acaba estás con mucha tensión y pensando “Ay, Dios mío, qué va a pasar!”. No sobra ninguna escena, no sobra ningún diálogo. Es una tragedia muy bien escrita. Es un montaje distinto, es muy atractivo, el elenco es estupendo. Todo es redondo.
ANA: Porque es una historia que, aunque esté ambientada en los años 50, sigue pasando hoy. Los conflictos emocionales, los celos, las relaciones tóxicas… todo eso sigue muy presente. Y además es una obra que te remueve, que no te deja indiferente.
Completan el elenco Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes. Fotografías de escena: Gerardo Sanz. Del 16 de abril al 17 de mayo. Teatro Fernán Gómez CCV.