Es una representación escénica concebida para 22 intérpretes (niñas y niños y jóvenes adultos) más dos percusionistas adolescentes que nace de una investigación fotográfica realizada por Alice Laloy entre 2014 y 2018.
En un taller que evoca una fría línea de montaje, la obra muestra un mundo distópico donde se invierte el mito clásico: los personajes no se tallan en madera, sino que los adultos transforman a los niños en muñecos vivientes. Este perturbador rito de iniciación trastoca el realismo tradicional del teatro de títeres; en lugar de animar lo inanimado, transita de lo vivo hacia el objeto.
«Es una propuesta que sigue una estructura rítmica y sonora en la que los movimientos están estrechamente vinculados al sonido. La escritura escénica está codificada y se convierte así en una forma de maquinaria orgánica que contiene tanto lo humano como el objeto. El reto consiste en reintroducir el movimiento en la imagen, poniendo en perspectiva las metamorfosis entre cuerpos vivos e inertes, y entre cuerpos animados e inanimados», comenta Alice Laloy.
Un montaje creado en colaboración con jóvenes estudiantes del Centre choréographique de Estrasburgo y el Conservatoire de Colmar, este espectáculo se sitúa entre la danza, las artes plásticas y la performance. Una producción inquietante donde, finalmente, los propios niños logran reapropiarse de sus cuerpos a través del movimiento y crear magia en escena. Del 25 al 27 de septiembre. Teatro Valle-Inclán.