Por Irene Díaz.
De la mano de Cervantes, Els Joglars celebra sus 65 años en activo con una nueva representación de “El retablo de las maravillas”, con Albert Boadella al frente de la dirección de escena.
Una nueva revisión del clásico entremés, que ya pusieron en pie en 2005, escrita por el propio Boadella y su sucesor al frente de la compañía desde 2012, Ramón Fontserè. Juntos de nuevo, ponen el ojo crítico esta vez sobre algunos de los “engaños” más polémicos de la sociedad actual: política, nuevas religiones, alta gastronomía y arte moderno.

Ramón Fontserè
-¿Por qué han elegido a Cervantes para este aniversario?
Porque es un gran compañero de viaje. Hicimos El Quijote, El coloquio de los perros y El retablo de las maravillas, que ahora recuperamos porque vemos que nos separa una distancia ínfima. Todo lo que señala se sigue produciendo a día de hoy, incluso multiplicado por dos.
-¿Qué han recuperado para el público de 2026?
Es un entremés corto sobre los complejos y el engaño, nos hemos preguntado cómo Cervantes vería con sus ojos, la política, la religión y el arte de vanguardia. El miedo atávico a no formar parte de la opinión mayoritaria del que habla Cervantes sigue a día de hoy, incluso ha aumentado a través del uso de las redes sociales. Es difícil tener una opinión personal, que no esté mancillada por otras grandes opiniones. La política y la religión las hemos juntado, después el retablo cervantino antiguo, el retablo de la cocina moderna y el retablo del arte de vanguardia. Aparecen una serie de personajes manipulados por los pícaros que venden humo para seguir con el engaño y la picaresca. La idea es que los espectadores tomen distancia con las cosas que todo el mundo venera y se reconozcan viendo sobre el escenario las cosas que piensan pero no se atreven a decir, por miedo, por pereza o por mecanización. Algo muy catárquico y muy higiénico.

-¿Qué papel interpreta en esta ocasión?
Los pícaros dicen que señores, a través de los tiempos, pueden llegar a ser considerados genios. Yo interpreto a uno de estos, Don José, el hijo de los duques de Daganzo. Es un papel muy divertido que conlleva mucho juego teatral y esto me encanta. El teatro es jugar.
-El teatro crítico con el poder ha ido perdiendo fuerza, sin embargo Els Joglars sigue peleando por él…
En los años ochenta y noventa en el teatro había una libertad que no hay hoy, antes el público pedía un teatro más asilvestrado, seguramente por la dictadura de Franco. Se apreciaban mucho los espectáculos críticos y satíricos con el poder, eso ahora se ha perdido. Nosotros hacemos un teatro inspirado en el entorno más cercano y aunque conlleva consecuencias, estamos convencidos de que hay que seguir haciéndolo. Entendemos el teatro como espejo para el espectador, pero no lo hemos inventado nosotros, ya desde Aristófanes era algo que formaba parte del teatro.
-¿Qué significa estar al frente de una de las compañías privadas más longevas de toda Europa?
Albert me pasó el testigo y por mi parte todo lo que sea alargar esta aventura juglaresca a través del arte del teatro me hace feliz. Lo disfruto mucho, para mí es un recorrido vital que me ha permitido disfrutar y hacer amigos, no lo vivo como un esfuerzo. Soy básicamente actor, ahora dirijo porque así se han dado las circunstancias. Es una gran responsabilidad, admiro mucho como lo llevó Albert. A parte de ser observador, tienes que saber plasmarlo sobre el escenario, con potencia y un punto de ética.
Que la realidad sea el espejo del público, reírnos de los demás y de nosotros mismos, hasta llegar a la catarsis perfecta. Reír, entretener y hacer reflexionar, son elementos básicos para la compañía.
-¿Cómo definiría a Albert Boadella entre bambalinas?
Le tengo mucho respeto como artista, le considero un colega y un amigo. Sobre todo porque cuando yo empezaba en el mundo del teatro, fue la primera persona que confió en mí, cuando no lo hacían ni mis padres. Es un artista del renacimiento, puedes hablar con el de todo y siempre tiene una visión muy especial, es muy inteligente y trata a los actores como artistas. Se trabaja con cuidado y a fuego lento hasta lograr un espectáculo muy trabajado y esto es gracias a su manera de entender el teatro. Son muchas cosas las que confluyen y nos hacen seguir perdurando en el tiempo como compañía.
-¿Cómo se plantea el Futuro de la compañía?
La idea es seguir haciendo lo que nos apasiona e ilusiona que es hacer teatro, exhibirnos y seducir al espectador. Poder hacer este ritual en directo es algo que engancha. Tenemos gente joven en la compañía que está creciendo enormemente, gente preparada y entregada que augura una gran vitalidad para el teatro. Son gente con una energía y unas ganas tremendas, que están actuando como un revulsivo maravilloso para los que ya estamos entrados en años.
-¿Cómo será este aniversario?
Estaremos girando por 19 comunidades, hacemos entrega al teatro de un recuerdo de cerámica que conmemora los 65 años y un vino para el brindis final. Llevamos también una exposición que repasa toda la historia de la compañía, desde el blanco y negro al color, en la que además de ver los montajes que hemos ido haciendo se ve de manera muy sencilla como hemos ido reflejando también la historia de España. Se ve también nuestra insistencia a la hora de reflejar la realidad con un punto crítico y de mala leche. Si todo es bonito y todo va bien ya no hace falta el teatro.
-Echando la vista atrás, ¿Con qué montajes se quedaría?
-Con el Pla, porque me lo pasé muy bien con el personaje, es muy cercano a mí, le tengo una simpatía especial por su manera de vivir, su carácter y su manera socarrona. Dalí fue también un personaje fantástico de interpretar, con su dualidad entre el loco genial y el loco sabio.
-Se han difuminado los enemigos, ¿cuesta más encontrar personajes a los que parodiar?
Al contrario. La cosa ha aumentado hasta tal punto que Cervantes no daría abasto, lo que pasa es que ahora no hay tantos contrastes como había antes. Parecen todos cortados por el mismo patrón pero ocasiones para parodiarles surgen a cada momento.

Albert Boadella
-Dejó la dirección pero nunca la compañía y ahora regresa por el 65 aniversario…
Lo había dicho todo ya y quería hacer piezas musicales dentro de la lírica. Ramón había estado a mi lado tantos años que la transición era lógica. Nunca me he desligado de la compañía, sigue siendo mi casa y cuando puedo vuelvo a ella pero ya sin el peso administrativo, con un trabajo muy relajado que me hace feliz.
-¿Dónde ponen esta vez el ojo crítico?
Metemos la llaga en cosas que creemos que si Cervantes hubiera vivido en nuestra época también las hubiera señalado. La estafa fantástica de las artes plásticas que se podría comparar con la de las reliquias en otros tiempos. Las nuevas religiones laicas que han aparecido, lo que se entiende por el progresismo, paradigmas de fe sin poética religiosa. Y hablamos también de la gastronomía y los grandes genios de los fogones, que cuentan con el papanatismo de los comensales.
Estamos en una época en la que los engaños son mucho más sofisticados porque la comunicación es mucho más sofisticada y eso hace que una gran mayoría de la sociedad ande perdida y buscando profetas a diestro y siniestro.
-¿Cuál es la propuesta de esta segunda puesta en escena de “El retablo de las maravillas” de Cervantes?
Hemos actualizado la obra con una estructura parecida. Primero representamos la obra tal cual en la época de Cervantes y después hacemos unas variaciones del tema en la época actual. Trasladamos la misma metáfora a distintas situaciones de la época actual, abordando lo que la gente hace para no ser señalados por algo nocivo.
-¿Cómo ha cambiado el público en estos 65 años?
Se han producido cambios bastante singulares. Empecé trabajando con la censura, el público de entonces sabía que estábamos censurados y estaba muy dispuesto a leer entrelineas la denuncia. Después desapareció la censura y apareció la autocensura, eso es lo que tenemos ahora. El gremio está muy comprometido con las administraciones públicas, metido en una tela de araña que parece que no afecta a las libertades pero que en el fondo sí lo hace, cualquier paso en falso afecta a la expansión de la obra. El público no sabe que tiene delante un gremio que en muchas ocasiones se autocensura. Se ha vuelto un público dócil, que aplaude todo, es poco crítico y lo acepta todo mansamente.
-¿Cuál ha sido el secreto del éxito de Els Joglars?
Sobre todo nuestra independencia. Es una compañía poco sostenida por las administraciones públicas pero también el empeño por preservar la continuidad, a pesar de todo. Respetar la tradición de ser compañía, acumulando experiencias de todo tipo.
-¿Son más los amigos que los adversarios a día de hoy?
Digamos que están compensados, afortunadamente. Es importante tener adversarios porque eso confirma que está uno en una determinada posición y eso da marcha a la vida. Es un hecho realista que hay que aceptar. Pensar que todos son amigos es una ficción que generalmente lleva a malas consecuencias. Yo no me fio un pelo de las personas que dicen ser amigos de todo el mundo.
-¿Cuál es su vacuna?
Es difícil de aplicar. Se trata de tener agallas, esa es la única solución. La idea de enfrentamiento está siempre detrás de una opción pública, hay que saber que existen estos riesgos y enfrentarse a ellos. A nosotros no nos ha ido mal porque llevamos 65 años sumando experiencias positivas. La única vacuna ha sido no acobardarse y defender la libertad de expresión.
-¿Cuál va a ser su siguiente paso?
No tengo mucho por delante, el cuerpo da señales pero me sigue gustando meterme en experiencias nuevas, que me aporten algo y que no sean repetitivas.
Tengo por delante un trabajo en los Teatros del Canal donde vuelvo a meter los pies en el escenario con una obra basada en el libro que escribí “Joven, no me cabreé”. Una especie de testamento artístico en el que comparto mi pensamiento con una nueva generación que creo que está peor entrenada que la mía y que la anterior a la mía. Tener que luchar por cosas es importante, desde la cuna, yo no me arrepiento de ello. La sociedad del bienestar tiene contrapartidas, y una de ellas es ésta.
-Echando la vista atrás, ¿Con qué montajes se quedaría?
Hay cinco o seis que considero las más completas. Citaría “Yo tengo un tío en América”, “Dalí”, “Amedeu”, “Bye, bye, Beethoven” y “Ubú president”.
-Optan por un retablo que presenta varios personajes. ¿Ya no son tiempos de satirizar a una gran figura?
Se puede satirizar, quizá más que nunca, el problema de elegir un personaje presente es que no das abasto porque a la mañana siguiente surge otro más gordo. La realidad satírica se ha vuelto tan grande que el teatro se queda corto. Fotos: Silvia Belloc.
La obra estará en cartel del 4 al 27 de septiembre en la sala principal del teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, acompañada de una exposición gratuita itinerante que repasa la historia de la compañía.
42 producciones teatrales resumidas en 36 plafones expositivos individuales con materiales gráficos, textos explicativos y recursos audiovisuales en los que se puede ver reflejada también grandes acontecimientos de la historia de España. Teatro Fernán Gómez CCV.