Por Rosa Arroyo.

¿ Y si la locura fuera una cuestión de perspectiva?. Lope de Vega ya se hacía esta pregunta en esta comedia de juventud que pone en juego el amor, el deseo y las convenciones sociales. 

Hay algo profundamente teatral en Los locos de Valencia: sus personajes llegan al escenario huyendo de una realidad que no pueden o no quieren afrontar y terminan refugiándose en una ficción.
Floriano se hace pasar por loco para escapar de la justicia; Erífila acaba en el hospital después de huir de una vida que otros han decidido por ella. Una vez dentro, ambos se encuentran, se reconocen y se enamoran. Y a partir de ahí, como suele suceder en el teatro de Lope de Vega, todo se complica.

Es una obra temprana del dramaturgo, uno de los gérmenes de su teatro: el amor como fuerza capaz de alterar el orden de las cosas. La locura es aquí una máscara, pero también una forma de libertad. El hospital de Valencia se convierte en un espacio en el que quienes están considerados «locos» pueden llegar a comportarse con más libertad que quienes viven fuera de sus muros.

Pepa Pedroche nos habla del proceso de creación de esta producción en esta entrevista.

-Como experta en el siglo de oro, y en el verso, ¿cómo describirías Los Locos de Valencia?

Es una obra de juventud de Lope, por lo que todavía no nos encontramos con la madurez del dramaturgo. Pero tiene la grandeza de ser la primera obra de teatro europea en la que se habla de un hospital de locos y la vida que había alrededor de esa institución. Lope refleja lo cotidiano y lo excepcional de estos personajes a través de un verso ingenioso y divertido.

-Lope de Vega construyó en Los locos de Valencia una comedia alrededor de la locura, el deseo y las convenciones sociales. ¿Qué es lo que sigue resultando contemporáneo de esta obra?

Como bien dices la locura, el deseo y las convenciones sociales son parte de la historia y, desde luego, forman parte de nuestro mundo contemporáneo. Con una mirada distinta, sí, pero que influyen en nuestro modo de vivir y conectan directamente con el espectador de hoy.

-Viendo a los personajes dentro del manicomio, uno acaba preguntándose quién está realmente más cuerdo. ¿Te interesaba especialmente jugar con esa idea?

La locura y la cordura son, muchas veces, algo relativo. En la función, el personaje del Doctor Cabezas intenta curar la locura de amor y, en cambio, se queja de que nunca ha sentido el estar enamorado. Esa es también una especie de locura. Ningún personaje se salva de esa pasión y esto propone situaciones llenas de humor.

-Hay también una idea muy presente en el proyecto: amor, humor, belleza, poesía y optimismo. ¿Q significa para ti reivindicar esas emociones sobre un escenario en estos tiempos oscuros?

Hemos creído que, en estos momentos, es fundamental que esas cinco palabras formen los pilares de la versión y de la puesta en escena. El teatro nos permite paréntesis de disfrute en medio de estos territorios oscuros de los que hablas.

-En la obras la locura puede ser enfermedad, refugio, libertad, pero también una forma de escapar de las normas sociales. ¿Qué lectura haces hoy de esa “locura” que Lope coloca en el centro de la historia?

La versión coloca al Amor como el principal instigador de locuras. Por amor hacemos cosas increíbles y terribles. Cada personaje tiene su propia experiencia con el Amor y todas son entendibles y reconocibles para el público de hoy.

-Dirigir un clásico implica dialogar con una tradición, pero inevitablemente desde una mirada contemporánea. ¿Dónde está para ti el límite entre respetar un clásico y permitirte intervenir sobre él?

La grandeza de los clásicos ofrece infinitas posibilidades y miradas para llevarlos a escena. Sus historias nos tocan siempre, en cualquier tiempo y lugar. El límite lo debe poner cada creador, no hay reglas para ello.

-José Luis Alonso de Santos ha hecho una nueva versión del texto. ¿Qué ha cambiado y qué habéis querido conservar de aquel Lope original?

La esencia de Lope está en cada uno de los versos que José Luis, como dramaturgo, ha intervenido. Ha elevado la historia a lo atemporal y ha eliminado los condicionantes que lo ceñían a una sociedad concreta. Además, ha añadido otros textos de Lope para ser cantados, lo que nos ha permitido crear una comedia musical.

-Has trabajado en varias ocasiones con José Luis Alonso de Santos. ¿Qué tiene de especial trabajar con él y qué crees que aporta su mirada a los clásicos?

José Luis es un maestro en muchos campos, pero su experiencia con los clásicos es de sobra conocida. Su trabajo como dramaturgo otorga a los textos que versiona conexiones directas con el público de hoy y eso es fundamental para el hecho escénico.

-Si tuvieras que convencer a alguien que piensa que el teatro clásico es algo lejano o difícil de abordar, ¿qué le dirías para que vaya a ver Los locos de Valencia?

El teatro siempre tiene que tener un sentido en el aquí y ahora, sea teatro clásico o contemporáneo. Los locos de Valencia es una obra divertida, directa, que nos habla del amor en sus diversas manifestaciones y que nos envuelve emocional y sensorialmente para salir del teatro con “las pilas cargadas” de optimismo y ganas de vivir. 

La llevan a escena Arturo Querejeta, Daniel Muriel, Jacobo Dicenta, Florencia Otero, Lucila Gandolfo, Xavi Caudevilla o Pepe Sevilla, Guillermo Calero, Antonia Paso, Ángeles Martín, Carlos Manrique Sastre, Alberto Vela y Beatriz Fernández.

Es una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal. Coproducida con Club Media Network y el Complejo del Teatro San Martín de Buenos Aires. Teatros del Canal.