Por Rosa Arroyo.
El clásico de Beltort Brecht y Kurt Weill está en el Teatro Infanta Isabel. Es una función que mezcla humor, música y una mirada afilada sobre la sociedad y sus contradicciones. Coque Malla y Carmen Barrantes se meten en la piel de Macheath y Polly, dos personajes unidos por el deseo, el poder y la supervivencia.
COQUE MALLA
– ¿Cómo has construido este Macheath y cuál ha sido la propuesta de Mario Vega, el director?
Todo está en el texto. Sobre todo cuando son textos así de geniales. El título de obra maestra con mayúsculas no se le puede dar a muchas cosas en la historia del arte. Para mí ésta lo es. Beltort Brecht era un genio. El texto tiene el humor, la ironía, la dureza, todos los matices de los personajes. Mario ha llevado el trabajo hacia la comedia.
A raíz de sus investigaciones nos contaba que escribió este texto pensando en su compañía que era muy cómica y muy histriónica.
Sus actores y su compañía ya lo iban a llevar a la comedia. Tiene momentos más duros, y violentos incluso. El final lo hemos llevado a la tragedia, pero en general tiene un tono de mucha comedia.
– Las mujeres en este texto tienen muchísima importancia por cómo Macheath las utiliza, y también por cómo ellas sobreviven.
Son personajes absolutamente fundamentales, especialmente el personaje de Polly.
-Después de más de cuarenta años dedicado a la música y al rock, ¿qué supone para ti regresar a la interpretación, y qué encontraste en La ópera de los tres centavos para aceptar esta propuesta?
El mundo del teatro, del cine, de la interpretación, siempre han estado en mi vida, he crecido en los teatros con mis padres (Amparo Valle y Gerardo Malla). Ellos han sido referentes inmediatos para mí, todos padres los son, pero los míos lo eran además en sus profesiones. Al final, el mundo del espectáculo comparte muchísimas reglas, aunque son disciplinas y lenguajes muy diferentes en muchas cosas, pero hay cosas esenciales que son exactamente las mismas, en un concierto de Bruce Springsteen o en un montaje de Shakespeare. Se han dado varias circunstancias en el hecho concreto de haber aceptado este proyecto y de, por primera vez, hacer un personaje de teatro, un clásico en una obra clásica. Yo empezaba a sentir un poco de rutina, llevaba ya muchos años con disco, promo, gira, composición, ensayo…disco, gira promo… Quería salir de la rueda de hamster. Entonces, justo en ese momento pareció Mario Vega con esta propuesta para hacer Macheath, y fue perfecto. Desconectar, meterme en otro lenguaje, con otros compañeros, en otra situación totalmente distinta a la que yo estoy acostumbrado. Entro con mucha responsabilidad, es un personaje universal, grandioso y lleno de matices y registros, así es de interesante para un actor.
-¿En el proceso de ensayos habéis tenido una forma específica de trabajar al tratarse de un musical en el que el texto y la música tienen la misma importancia en el espectáculo?
Lo primero que trabajamos fue el texto, luego empezamos a introducir canciones, al principio con grabaciones existentes, para poder concentrarnos en el texto, más tarde incluimos ya las canciones cantadas por nosotros mismos. El trabajo de voces lo hicimos con Óscar Martínez – Gil, ayudante dirección y nuestro coach vocal, y al final del proceso se incorporaron los músicos.
-Tu voz y tu forma de estar en el escenario son muy personales. ¿Cómo has trabajado esa identidad propia para ponerla al servicio de Macheath en la parte musical, y qué ha sido lo más difícil de construir en este personaje?
Ha sido difícil, me ha dado más dolores de cabeza que el texto y la parte interpretativa. Me plateaba: ¿cómo hago esto? Hemos ido trabajando poco a poco porque es una partitura muy exigente con la voz que hay que hacer exactamente como está escrita. Con mucho trabajo me he ido sintiendo cada vez más cómodo. Cantar pop y rock, no solo permite, sino que agradece pequeños defectos de la voz, pequeñas imperfecciones, una fragilidad que agradece esa imperfección de la voz, de hecho, son las voces que más me gustan, las voces imperfectas. Pero está música requiere una técnica vocal muy potente que yo he tenido que trabajar mucho.
-Con toda tu experiencia y bagaje musical, ¿qué destacarías de la música de Kurt Weill y qué crees que aporta esta partitura al universo de La ópera de los tres centavos?
Es increíble, es otra obra maestra, eso es lo que convierte a La Ópera de los tres centavos en algo tan especial. Se juntan dos obras maestras, que funcionan perfectamente por separado, pero cuando se juntan es impresionante. Yo creo que ahí debía haber un idilio artístico brutal de dos gigantes Kurt Weill y Beltort Brecht. Es absolutamente perfecta, son canciones con mucha modernidad y con unas armonías brutales. Al principio me costó entender las melodías y las armonías, pero cuando entras y las entiendes se abre un mundo increíble, diría que es la mejor música que se ha hecho jamás.
-¿Cómo ha sido el trabajo con tu hermano Miguel Malla, director musical de este proyecto?
Ha sido tan maravilloso como complejo. Nosotros hemos trabajando juntos en muchos de mis discos, desde la época de Los Ronaldos, y yo estoy acostumbrado a dirigirle a él, a capitanear mis proyectos, y aquí él es el director musical, él es el jefe. Miguel es casi un especialista en Kurt Weill, y ahora mucho más. Me ha ayudado mucho a entender la complejidad de la partitura. Yo suelo intervenir mucho en los procesos y aquí me he tenido que plegar a él y a Mario.
-Esta es una obra de gran contenido social. ¿Es importante para ti hablar de estas cuestiones, más allá del propio proyecto?
Siempre es importante hablar de estas cuestiones, ponernos un espejo delante es revelador. No es obligatorio, yo creo últimamente se le está exigiendo al arte, erróneamente para mí, una labor moral ética y política que no le corresponde. El arte puede elegir ser moral, ser ético, ser político, pero no está obligado a ello. El arte es abstracto y es libre para saltarse la moral, la ética. A mí me parece muy peligroso designarle ese papel al arte, porque se empieza a censurar cuando creemos que no coincide con nuestros valores éticos o morales. No es obligación del arte ser moral y ser ético. Además, yo creo que esta obra es mucho más compleja de una crítica social. Para mí el arte con mayúsculas va más allá, y como los grandes artistas Beltort Brech hace una foto del alma humana con todos sus defectos, con todas sus virtudes. Yo creo que es un retrato del alma humana como las grandes obras, como los grandes clásicos.
CARMEN BARRANTES
En la Ópera de los tres centavos Carmen Barrantes se mete en la piel de Polly, una joven consentida que se enamora del malo y descubre que detrás de su aparente ingenuidad hay una estratega capaz de comerse el mundo.
-Háblanos de tu personaje, Polly, y qué fue lo primero que pensaste cuando te propusieron interpretarlo.
Fue un sí rotundo. Es uno de los “grandes títulos”, combina teatro y música, dos de las cosas que más me apasionan, además con la gran dupla Brecht/ Weill. Recordaba el personaje, pero no la complejidad de la música. Al leer la partitura con los tonos inamovibles, me asusté, trabajé mucho y lo sacamos adelante. Ahora disfruto de esta pieza con unos músicos increíbles en directo. Vivan Miguel Malla y su banda.
-En La ópera de los tres centavos, las mujeres viven en un mundo dominado por los hombres y marcado por la decadencia, pero al mismo tiempo, saben jugar sus cartas. ¿Cómo describirías el universo femenino que plantea la obra?
De una actualidad pasmosa. A día de hoy estamos bastante decadentes. Igual más limpios por fuera, pero hay algo de suciedad interna. Polly se adapta al mundo criminal a la perfección, pero en la función el policía es un señor, el empresario es un señor y el delincuente es un señor. Las mujeres sateliteamos.
-Polly no es precisamente una mujer ingenua. ¿Qué tiene de lista, de peligrosa y de divertida?
Es una niña consentida y sobreprotegida que tiene un ideal romántico de “haría cualquier cosa por amor”. Polly se enamora del malo, del que tiene a mil mujeres pululando alrededor, porque se cree la elegida del soltero de oro. Si Polly hubiera nacido varón, hubiera seguido el negocio de mendigos familiar porque es una estratega muy inteligente, y habría acaparado Londres entero.
-Polly se casa con Mackie Navaja prácticamente de la noche a la mañana. ¿Qué crees que le atrae de este hombre: el amor, el peligro, la aventura… o un poco de todo?
Creo que la relación de Mackie y Polly es una mezcla entre Romeo y Julieta y Pamela Anderson y Tommy Lee, que se casaron a los tres días de conocerse. Le atrae ser todo lo que le han dicho que no podía ser. No es Mackie como hombre si no lo que él representa.
-Brecht escribió esta historia hace casi cien años, pero muchos de los temas que plantea siguen resultando muy reconocibles. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de su actualidad?
El rechazo al pobre, exactamente igual que ahora. No es racismo por piel, es por dinero. Para mí la frase que resume la obra es: “Primero el pan y luego la moral”. Cuando un ser humano tiene hambre, es capaz de cualquier cosa. Y también el tema del negocio de los mendigos: conmover los corazones para pedir limosna. La gente que vive en la calle en esta ciudad, en Madrid, es ya mobiliario urbano. Nada nos conmueve. Y detrás de una pantalla se han visto imágenes de una crueldad tan horrible… Además ahora todo puede ser mentira. La IA y las pantallas, ha hecho que ahora mismo la realidad sea mentira y que el teatro, sea la mentira más verdadera.
-La obra habla de corrupción y miseria, pero lo hace desde el humor negro y el cabaré. ¿Qué posibilidades ofrece el humor para contar una realidad tan dura? Está muy bien escrita y va sola con la música. Y el humor hace que el cuerpo se relaje y que estos grandes temas nos pasen por dentro de otra manera.
–Compartes escenario con Coque Malla como Mackie Navaja. ¿Cómo ha sido construir con él esta peculiar historia de amor?
Él viene de raza de actores de teatro con pedigrí. Y eso se nota. Es muy respetuoso y ha hecho un trabajo muy bonito. La compañía es magnífica en general. Vamos veinte personas en gira. Imagínate el buque que ha echado Barco Pirata al mar. Toda mi admiración a la productora.
-Tú protagonizaste y produjiste con tu propia compañía Cabaré de Caricia y Puntapié, con el que ganaste el Max al mejor espectáculo musical en 2010. Ahora, al enfrentarte a La ópera de los tres centavos, ¿has sentido que volvías de alguna manera a aquel mundo?
Todo se queda dentro una misma, la vida y el oficio. Echo de menos la insensatez salvaje que tenia de lanzarme a las cosas sin saber. Ahora estoy más “domada” aunque algo de eso siempre queda. Los proyectos con mi Compañía Nueve de nueve y con mi socio y hermano Jorge Usón han sido siempre una maravillosa y bella complicación. Pasarte al lado oscuro de la producción te da otra visión.
Y Polly tiene algo de mi rubia Colette del Cabaré.
-Para terminar, ¿qué ha supuesto para ti entrar en el universo de Brecht y Kurt Weill y qué te llevas de esta experiencia?
Es una función compleja con un código muy particular. Aquí hemos tenido a los mandos a Mario Vega y Ruth Sánchez son dos trabajadores incansables y talentosos que ha llevado el buque a muy buen puerto. Hacer algo tan grande y complejo en cuarenta y cinco días, es una doble pirueta.