La artista visual Edurne Rubio presenta en el Centro Dramático Nacional una propuesta escénica que da protagonismo a la niebla como elemento escénico que inunda la sala.

La pieza invita al espectador a dejarse perder a través de imágenes invisibles formadas gracias al trabajo del espacio sonoro, la iluminación, la escenografía, la palabra y la actuación de las intérpretes.

La niebla, elemento clave de la pieza, se convierte en un cuerpo que invade el espacio escénico y transforma la relación del público con lo que sucede: «La niebla es un ente en continua transformación que toca físicamente al espectador. Reduce la visibilidad y nos obliga a ver con los oídos, a escuchar el mundo de una manera más atenta», comenta Edurne Rubio.

Inspirada en una investigación sobre la oscuridad en las cuevas, la obra plantea también una reflexión sobre otras formas de conocimiento.

Para Rubio, «Trabajar en la oscuridad es una manera de rebelarme contra la idea de la luz como símbolo del conocimiento. Es un deseo de buscar un saber más intuitivo, más animal. Es una propuesta muy visual. Aunque el espacio está prácticamente vacío, gracias a la maquinaria del teatro y al sonido se invocan imágenes y lugares lejanos, permitiendo al público desplazarse mentalmente».

Tania Arias Winogradow y Somaya Taoufiki encarnan diferentes personajes que son herederas del legado cultural e histórico, que han inspirado a Edurne Rubio relatos históricos y legendarios recogidos durante su investigación. Hasta el 31 de mayo. Teatro Valle-Inclán (Sala Francisco Nieva).